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"Se me puso todo negro, sin previo aviso, y mi respiración se interrumpió"

A un mes del nacimiento de su cuarta hija, el corazón de Luz dejó de latir; estar tan cerca de la muerte le dio un vuelco a su historia y pudo entender de qué se trata vivir

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PARA LA NACION
Viernes 16 de junio de 2017 • 00:10
Luz con sus hijos (de izquierda a derecha): Luz de 15, Helena de 7 meses, Juan de 17 y Alejo de 8
Luz con sus hijos (de izquierda a derecha): Luz de 15, Helena de 7 meses, Juan de 17 y Alejo de 8.
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"Se me apagó la luz", le dijo Luz Bustos aquel diciembre de 2016 a su obstetra luego de un episodio inusual en su primer mes de posparto. "Siento que se me apaga la vida y al rato vuelvo a abrir los ojos y todo sigue normal", trató de explicar ante la mirada asombrada de su médico. Hacía 40 días había nacido Helena, su cuarta hija y todo alrededor olía a vida y a felicidad. Pero un desmayo le dio la señal de alerta y la alegría se convirtió en miedo y oscuridad. "Se me puso todo negro, sin previo aviso, la respiración se interrumpió y perdí el conocimiento. Pero a los pocos segundos volví en mí como si nada hubiera pasado. Fue muy extraño", recuerda.

Luz había tenido un síncope -una pérdida pasajera del conocimiento que va acompañada de una paralización momentánea de los movimientos del corazón y de la respiración-. Su corazón estaba fallando y manifestaba desperfectos eléctricos que dejaban en pausa su vida y todo a su alrededor aunque ella todavía no lo sabía. Pero pronto estaría por conocer su nueva realidad. Luego de la consulta al cardiólogo, le realizaron una electrocardiografía ambulatoria (mejor conocido como Holter) y los resultados fueron contundentes: Luz había tenido 160 pausas cardíacas en tan solo 24 horas y uno de esos episodios había sido de 10 segundos. Los médicos creían que su corazón no resistiría mucho más.

"Mi cabeza comenzó a dar vueltas y vueltas, el miedo me atravesó todo el cuerpo, así, literalmente. Tuve miedo a la muerte inminente ya que no había remedio que pudiera acompañarme hasta el momento de la cirugía, era solo esperar y tener fe que todo iba a estar bien. Pero era inevitable imaginar a mis cuatro hijos sin mí. ¿Qué iban a hacer sin su mamá? ¿Quién los iba a acompañar en un momento tan triste? Mi beba de tan solo 40 días era muy chiquita, mi esposo iba a quedar solo con los chicos. Nada tenía lógica ni explicación. Sentí que tocaba fondo", relata entre lágrimas.

Asustada, confundida, angustiada, Luz no podía entender qué era lo que pasaba. "¿Cómo manejar algo tan inmenso siendo uno tan nada? Es muy difícil de acomodar tanto en la cabeza. ¿La muerte será así? ¿Se apagará la luz y listo? ¿Qué pasará después? Qué bueno sería no tener a tantas dudas, perder los miedos y naturalizar la muerte....", pensaba. Y de repente sonó el timbre de su casa en la localidad de General La Madrid, Provincia de Buenos Aires. Con los estudios en la mano, su médico le avisaba que no podían perder ni un segundo más. Luz necesitaba ser intervenida de urgencia.

Fue Alejandro, su incondicional compañero y marido, quien la acompañó desde el primer momento e incluso viajó atrás de la ambulancia en un viaje muy tenso y largo: fueron cinco desesperantes horas hasta llegar al sanatorio de La Plata donde iba a realizarse la operación. "Él es un ser muy fuerte y positivo, sabe lo que es el dolor y ha podido sobrellevarlo con mucha entereza ya que hace 8 años falleció una de sus tres hijas de su primer matrimonio en un accidente muy trágico de nuestro pueblo. Se llamaba Victoria y tenía 15 años. Él me acompañó en cada instante y siempre estuvo pendiente de que pudiéramos salir adelante", dice Luz.

La cirugía fue exitosa y la vida de Luz cambió para siempre. "Uno empieza de nuevo, cambia naturalmente y sin querer la manera de vivir, de sentir, las emociones son más intensas, los valores mutan. Antes era un problema no poder tener la casa ordenada, por ejemplo, ahora eso es nada, frívolo , insignificante y así muchas cosas más. Ver crecer a mis hijos y compartir con ellos el día a día es lo mejor que me puede pasar, antes también lo disfrutaba pero no de la manera correcta. Creo que después de esta experiencia empecé a entender lo que es la vida porque antes no lo sabía. Tener la muerte cerca nos obliga a valorar la vida, a recolocarnos en otro lugar, a entender lo que antes no entendíamos, a valorar que estamos acá, que la vida es ahora, ya. Hoy sigo acá, latiendo. Me colocaron un marcapaso definitivo, el es el que comanda la electricidad en mi corazón y me permite estar acá entendiendo, al fin, de qué se trata vivir", dice Luz mientras abraza a sus hijos con fuerza.

A la izquierda, Luz con su beba Helena luego de su cirugía. A la derecha, con su marido y compañero de vida Alejandro
A la izquierda, Luz con su beba Helena luego de su cirugía. A la derecha, con su marido y compañero de vida Alejandro.

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