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La extraña comunidad de los premios

Domingo 18 de junio de 2017
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Tal vez el gran secreto del cine documental sea ése: la posibilidad de abrir una ventana hacia los otros; encontrarlos, no en la lejanía del exotismo, sino en lo indefinible de la diferencia cercana. Descubrir a esos otros que viven a metros de casa, se visten como todos, hablan el mismo idioma, y sin embargo habitan universos insospechados.

Mucho de esto puede encontrarse en Los ganadores, film de Néstor Frenkel que se exhibe por estos días en el Malba. La película aborda el mundo de quienes "coleccionan" premios y sostienen un nutrido circuito de pequeños galardones, por lo general destinados a la programación de estaciones de radio y televisión local, donde muchos de los premiados son, a su vez, impulsores de eventos de premiación. Una comunidad de "premiados, premios y premiadores", como la define el documentalista, modesta sólo para quienes la miran de afuera. Porque para quienes la integran, la obtención -más bien, acumulación- de premios como el Gaviota Federal, El Dorado, Fortaleza, Ancla Dorada, Estampa de Buenos Aires o Galena es cosa más que seria.

No sin riesgos (tanto de caer en una mirada burlona como condescendiente o incluso solemne), Frenkel deja que las imágenes y las voces hablen. Retrata un mundo de pequeña clase media, de locutores y comunicadores de señales televisivas o radiales casi ignotas, donde lo real se tienta con el paso de comedia. Así, uno de los acumuladores de premios asegura, durante una entrevista con el realizador a bordo de un catamarán en el Tigre, que es "doctor Honoris Causa con rango presidencial", ganador de un premio a la conciencia ecológica que sólo compartiría con Jacques Cousteau, y "Mejor Periodista Latinoamericano" según alguna desconocida institución. Otro de los entrevistados, conductor de un programa radial dedicado al tango, organiza la convocatoria de un premio en la que todos ganan... porque las nominaciones son pagas.

Algo, remontamente, hacen recordar a Los monstruos, el catálogo de vivillos y maestros del rebusque que, desde la ficción y con humor feroz, hiciera durante los años sesenta el italiano Dino Risi. Porque el universo retratado por Frenkel exuda cierta comicidad involuntaria: desde la emoción de quienes reciben distinciones por las que pagaron previamente hasta una entrega de premios en la que faltan las gaseosas, los DVD de la ceremonia se venden a cuanto sea y los organizadores descubren, en plena acción, que alguien se llevó el premio equivocado. Como los films de Risi, Los ganadores no justifica ni se burla ni condena: es lo humano, su desencanto y su irresistible fascinación lo que cuenta.

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