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Pasión política. La potencia de las imágenes de insumisión

Filósofo, historiador del arte y curador de la muestra Sublevaciones, que llega al país, Georges Didi-Huberman subraya la centralidad de los "gestos políticos"

Domingo 18 de junio de 2017
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LA NACION
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Dutschke, Wolf Vostell (1968) Haus der Geschichte der Bundensrepublik Deutschland, Bonn ? ADAGP, París, 2016.
Dutschke, Wolf Vostell (1968) Haus der Geschichte der Bundensrepublik Deutschland, Bonn ? ADAGP, París, 2016..

Las revueltas políticas, las sublevaciones, son esos momentos en que la historia se agita, muestra su inquietud. En su estudio La imagen superviviente, verdadero capolavoro de la teoría del arte, Georges Didi-Huberman encaró, tras las huellas de Aby Warburg, una revisión radical de la "inquietud" en la historia del arte, del modo en que la historia del arte no se concede respiro. En esa historia, Warburg es una obsesión, y la inquietud no pertenece solamente al arte. Para decirlo sin rodeos: lo que le interesa a Didi-Huberman son las maneras en las que la historia social y política dialoga con las imágenes, se hace carne en ellas.

El punto de partida es la noción de Nachleben, de "supervivencia"; el modo en que las imágenes de un tiempo reaparecen fantasmalmente en un tiempo que no es el suyo. Esto se volvió evidente en el proyecto warburgiano del Atlas Mnemosyne.

¿Pero qué es en realidad el Atlas? La pretensión inicial consistía en explicar, por medio de un repertorio muy amplio de imágenes y otro, mucho menor, de palabras, el proceso histórico de la creación artística en lo que llamamos ahora Edad Moderna, sobre todo en sus momentos iniciales de los comienzos del Renacimiento. ¿Cómo hizo esto Warburg? Recopiló alrededor de 2000 imágenes dispuestas en 60 tablas en un auténtico atlas, que quedó inconcluso en el momento de su muerte. En uno de los paneles, el 77 por ejemplo, encontramos Medea, una pintura de Eugène Delacroix de 1838, al lado de una foto de la campeona de golf Erika Sellschopp y la portada de un Libro de la cocina del pescado.

¿Qué quería decir con todo esto Warburg, el investigador sin cátedra, el riquísimo erudito, el coleccionista más inteligente? En principio, que existía esa "supervivencia" latente del pasado, esa Nachleben. Pero tampoco puede suponerse que esta supervivencia sea estable. "La noción misma de Nachleben, o de 'vivir después', demanda constantemente una reformulación, por la simple razón de que la recurrencia de ciertos gestos en la historia no implica que signifiquen lo mismo -explica Didi-Huberman a La Nación-. Si fuera ése el caso, habría que hablar de arquetipos en el sentido de Jung. Es cierto que, en la barricada, el rebelde tiende a levantar los brazos ya sea para celebrar la victoria o para pedir ayuda a sus camaradas. Pero las imágenes no se revelan solamente de esta manera: en cada imagen vemos también el contexto singular en el que el gesto fue producido. Existe tanto en la imagen de Gilles Caron en Derry como en el dibujo de Courbet para la Revolución de 1848, pero hay muchas otras cosas si se mira la imagen con mayor detenimiento y uno interroga la no man's land entre los manifestantes y la policía, es decir, el tipo específico de conflicto que está teniendo lugar."

Unir lo distinto

La observación de Didi-Huberman hay que verla en acción no sólo en un terreno, por decir así, teórico, sino que se proyecta también sobre su más reciente faena como curador. Para eso vienen esta semana a Buenos Aires él y su muestra Sublevaciones, que ya se montó antes en París. Organizada por el Museo de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Muntref), la exhibición es un proyecto en colaboración con el Jeu de Paume (París), el Museo Nacional de Arte de Catalunya (MNAC, Barcelona) y el Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC, México). Además, con su visita quedará inaugurada en la Universidad Nacional de Tres de Febrero una cátedra que lleva su nombre y que estará dedicada a políticas de las imágenes. En pocas palabras -en las del propio curador-, Sublevaciones es una muestra transdiciplinaria que toma por asunto las emociones colectivas, movimiento en lucha y, por lo tanto, agitaciones políticas, insumisiones, insurrecciones, revueltas, revoluciones y levantamientos de todo tipo.

Pero también sobrevuela aquí una vez más la sombra de Warburg, en el sentido en que las imágenes que se ven en la muestra unen distancias y temporalidades. Didi-Huberman había hecho ya Atlas, una especie de puesta en exhibición del proyecto warburgiano, y en cierto modo Sublevaciones podría considerarse como un Atlas de la revuelta.

"Es exactamente así como la pensé. La exposición Atlas, que se montó en el Museo Reina Sofía de Madrid en 2010, partía de un problema epistemológico, de la organización del conocimiento del mundo por intermedio de diferentes tipos de montajes de imágenes. Concluía con una sala en la que se reunían numerosos casos sobre la naturaleza política de los gestos humanos; por ejemplo en Karl Valentin, Jean-Luc Godard y Harun Farocki. Sublevaciones parte de esa misma idea según la cual la política puede ser abordada como una cuestión de 'gestos' (o, como dice Michel Foucault, de 'formas de vida'), para remontarse desde allí al problema de la 'acción' política en sentido estricto. Por eso no se encontrará en la exposición ni un esquema histórico de la revuelta ni tampoco un listado exhaustivo."

No es lo único que sobrevive del Atlas de Warburg: la otra pervivencia es la del montaje. "Como siempre, es el montaje de los elementos (imágenes, como aquí, en una exposición, o las palabras en una frase) aquello que le confiere su significación al ensamblado. Es la parte del trabajo más apasionante, pero también la más riesgosa. Primero tengo que definir, de manera muy experimental e intuitiva, el relato general de la exposición, que sigue siendo el mismo en todas sus versiones, de París a Barcelona, de Buenos Aires a San Pablo. Parto de una ?sublevación' de la atmósfera, del aire, de los gestos humanos, y llego al gesto que consiste, especialmente para los refugiados en Europa, en cruzar una frontera. Entre los dos gestos están los cuerpos, las palabras, los textos? Y los conflictos, por supuesto, que señalan la parte más trágica de esta exposición pero que no dicen 'la última palabra'."

Los montajes de los detalles, dentro de cada secuencia, son entonces una manera de jugar de nuevo, de experimentar nuevas relaciones. "Desde el principio, con Marta Gili, ésos fueron los momentos más interesantes porque una nueva hipótesis de montaje reveló una nueva dimensión humana de las sublevaciones mismas. El hecho de que en cada etapa de esta exposición haya entre una cuarta y una quinta parte de obras nuevas me permite también descubrir y aprender cosas nuevas, gracias sobre todo a las propuestas que me hicieron Aníbal Jozami y Diana Wechsler, y enriquecer mis propios interrogantes."

En la medida en que la historia está implicada, quedaría por preguntarse si la historicidad de las imágenes difiere de otros tipos de historicidad. "Sí, sin duda", asegura sin rodeos Didi-Huberman. "Pero eso no quiere decir que las imágenes estén separadas de la historia política o social, desde luego." Aquello que tienen de notable las imágenes es, según él, que suelen reunir temporalidades heterogéneas. "Incluso cuando se hace referencia a un presente, como pasa en la fotografía documental, se porta siempre al mismo tiempo una memoria (memoria de otras imágenes, de otras historias) y un deseo. Las imágenes no se limitan a establecer un inventario: siguen los hilos del tiempo, o más bien el tiempo mismo, son especialmente portadoras de esperanza, como bien dijeron Ernst Bloch o Walter Benjamin. En los Desastres de Goya hay bastantes imágenes de esperanza."

Giorgio Agamben, en su ensayo "Notas sobre el gesto", había señalado que la imagen debía ocupar el centro de toda reflexión acerca del cuerpo. Didi-Huberman parecería estar de acuerdo con esa presunción, aunque con algunas reservas. "No es exactamente así. Agamben opta por decir que es el gesto lo que está en el centro del elemento político como tal, algo con lo que estoy totalmente de acuerdo, pero diferencia ?gesto' e ?imagen'. Privilegia el gesto para recusar la imagen, mientras que yo creo todo lo contrario, es decir que gesto e imagen son indisociables. Hace ya mucho tiempo que propuse ver las imágenes en sí mismas como gestos y no como cosas. Esta idea aparece en los trabajos actuales de la escuela alemana de la historia del arte bajo el término de Bildakt, ?acto de la imagen', que propuso Horst Bredekamp."

Cuando se inauguró en París Sublevaciones, Didi-Huberman dijo que las lágrimas eran "la manifestación de la potencia política". "Todo mi desarrollo se articula aquí en torno de la diferencia entre pouvoir y puissance, poder y potencia, que es una diferencia que se encuentra también en Spinoza, Nietzsche y, en consecuencia, en Deleuze y Antonio Negri. Las lágrimas no tienen ningún poder: son la expresión de un pathos que es la impotencia, el no poder. En las famosas escenas de El acorazado Potemkin, de Serguéi Eisenstein, las madres y las abuelas de Odessa no tienen ningún poder contra los cosacos, pero, igual que en las tragedias clásicas, tienen la potencia de transformar su sufrimiento en energía revolucionaria: en fuerza de sublevación."

Desde esta semana, en el Muntref

¿Qué nos subleva? Una serie de fuerzas: psíquicas, corporales, sociales. Con ellas transformamos lo inmóvil en movimiento, el abatimiento en energía, la sumisión en rebeldía, la renuncia en alegría expansiva. Las insurrecciones ocurren como gestos: los brazos se levantan, los corazones palpitan más fuerte, los cuerpos se despliegan, las bocas se liberan. Las sublevaciones no llegan nunca sin pensamientos, que a menudo se convierten en frases: la gente reflexiona, se expresa, discute, canta, garabatea un mensaje, fabrica un cartel, distribuye un panfleto, escribe un libro de resistencia", escribe Georges Didi-Huberman en uno de los textos que se podrán leer en las salas del Muntref donde, desde el miércoles próximo y hasta el 27 de agosto, se albergará la muestra Sublevaciones, de la que es curador.

Son más de 250 obras entre pinturas, dibujos y grabados, fotografías, películas y documentos que retratan distintas formas de la insurrección. Las obras se encadenan en cinco ejes: elementos, gestos, palabras, conflictos y deseos, que subrayan la reinvención de las esperanzas políticas que late en el fondo de las distintas formas de sublevación (en Av. Antártida Argentina -entre Dirección Nacional de Migraciones y Buquebus-, de martes a domingos de 11 a 19).

Además de estar presente en la inauguración, Didi-Huberman llegó a Buenos Aires para participar de la apertura de una cátedra en la Untref que tendrá su nombre, sobre políticas de las imágenes. El viernes próximo, a las 18, dará una conferencia en Amigos del Bellas Artes (Avda. Figueroa Alcorta 2280).ß

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