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Adiós a la "segunda Lavalle": con la demolición del América, se apagan las candilejas de Santa Fe y Callao

La sala cinematográfica, cerrada formalmente desde 2002, últimamente sólo funcionaba en tiempos de Bafici y ahora será demolida para construir un edificio; fue el último sobreviviente de uno de los polos más atractivos para los cinéfilos porteños

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PARA LA NACION
Viernes 16 de junio de 2017
La entrada del cine Capitol, vieja gloria de la avenida Santa Fe
La entrada del cine Capitol, vieja gloria de la avenida Santa Fe. Foto: lanacion.com
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Noticia de esta semana: el cine América, de Callao casi Santa Fe, se convertirá en un edificio con lujos y dispositivos ecológicos. "Cine América" no es muy exacto: habría que decir "los restos del cine América", porque ya había cerrado a principios de siglo en términos de programación regular y se mantuvo unos años reabriendo para ser parte del Bafici. También se utilizó durante algunos años para el Bafici el Atlas Santa Fe (2 salas), de Santa Fe entre Ayacucho y Junín, y ahora es un local gigante de ropa. Antes habían cerrado las dos salas de la cuadra anterior a la del Atlas, las Santa Fe, entre Riobamba y Ayacucho, y ahora un estacionamiento al lado de un local gigante de ropa. Y antes, en el cambio de siglo, también habían cerrado los dos cines de la cuadra anterior, entre Callao y Riobamba. Esas dos, el Capitol y el Gran Splendid, eran las más antiguas; el Capitol, como cine; el Gran Splendid, como edificio (que mantiene su estructura cercana a la original y funciona como librería).

Con la noticia de que el América en algún momento dejará de ser un predio tapiado volvieron algunas voces de queja. Sin embargo, la batalla por Santa Fe y Callao se perdió a fines del siglo pasado, cuando dejaron de ser siete magníficas salas que podían ofrecer siete películas diferentes -era rara la programación de dos películas por sala, salvo en vacaciones de invierno- para públicos con distintos deseos. Había "lógicas" de programación que podían notarse más allá de que los Atlas, el América y el Capitol eran de un circuito y los restantes del otro: el Gran Splendid, por ejemplo, en su última década de vida, recibía más películas de época o europeas que los Santa Fe.

Recuperar hoy una sala como la del América podría haber sido una gran noticia, pero un gesto aislado, extemporáneo. Porque los cines de Santa Fe y Callao formaban un circuito, un entramado. Las ciudades necesitan de esas interacciones, de esas circulaciones que un cine solitario no está en condiciones de proporcionar. Esas cuadras de Santa Fe algunos las denominaban "la segunda Lavalle", por su concentración de butacas, pero también por la posibilidad de acceder a cine más gastronomía, y los quioscos abiertos hasta muy tarde, y los taxis que pasaban a la hora que sabían que terminaban las películas: un movimiento que hoy, pasadas las diez de la noche, es difícil de encontrar en la zona. Esa salida de la gente de los cines, que antes era a la calle, ahora se ha convertido mayormente en una circulación por pasillos de shoppings. Cantaba Serrat que "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio". Bueno, en realidad, a veces es triste.

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