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Día del padre: una enfermedad lo dejó ciego, pero se convirtió en un gran atleta para ser el orgullo de su hijo

Martín Kremenchuzky tiene 43 años; cuando nació Tomás, decidió cambiar su vida

Jueves 15 de junio de 2017 • 19:00
Martín y su hijo tras completar un Iron Man.
Martín y su hijo tras completar un Iron Man.. Foto: Leandro Chavarría
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Martín Kremenchuzky nació con una compleja enfermedad degenerativa llamada Síndrome de Usher, que produce hipoacusia y pérdida gradual de la visión. A los 20 años la patología parecía haberse "dormido", pero 10 años después volvió y él sabía que eventualmente iba a quedarse ciego. Un año antes de perder totalmente la visión, nació Tomás que sería la chispa para que este ingeniero en sistemas se transformara en un triatleta que viajó por el mundo representando a la Argentina. "Quiero que Toto esté orgulloso de mí", explicó.

En una entrevista con LA NACION, este reconocido atleta dejó de lado el deporte y habló sobre lo que significó para su vida la llegada de Toto y cuál es el vínculo que tiene con el nene de 10 años que hoy, en el Día del Padre , lo acompañó en Río de Janeiro a donde Martín viajó para correr una media maratón.

"Toto nació cuando yo tenía 33 años. A los 30 mi enfermedad, que se había frenado a los 20, comenzó a avanzar de nuevo, y a los 35 quedé ciego. Hasta quedar ciego del todo veía bultos y formas. Por eso, nunca le pude ver la cara a mi hijo, solo le vi la formita", recordó Martín.

Luego habló de los primeros años de vida de su hijo y de cómo se forjó la relación: "Cuando era muy chiquitito, sólo lo tenía en mis brazos. A medida que iba creciendo me la pasaba horas y horas con él y sus juguetitos. Luego le comencé a contar cuentos, a eso de los 3 años. Eran inventados, porque no los podía leer. Incluso le enseñé a contar desde esa edad y hoy es un genio en las matemáticas".

Mientras la relación con su hijo crecía, la vida de Martín se estancaba. "Socialmente estaba más aislado, solo jugaba con él en su pieza. No hacía nada, no tenía proyectos, me sentía un vegetal, no tenía autoestima", recordó.

Tomás acompaña a su Martín en los últimos metros de una carrera de aventura en Lobos.
Tomás acompaña a su Martín en los últimos metros de una carrera de aventura en Lobos.. Foto: Marcia Rey

Un cambio de vida

"El click lo hago cuando empiezo a sentir que él veía como sus amiguitos jugaban al fútbol con sus papás, como participaban de las actividades de jardín y yo no. Todo eso me hizo sentir mal. Era algo que yo sentía, no que me lo haya dicho Toto", contó Martín y agregó: "Entonces lo imaginé a mi hijo pensando todo el tiempo en mí, preocupado por cómo estaba. Yo no quería eso, por más que fuera un buen tipo, yo quería que estuviera orgulloso ".

"No quería que tuviera un padre perdedor, fue ahí que decidí que tenía que hacer algo. Quería que me viera divertido y seguro. Entre tantas actividades que comencé a hacer apareció el deporte. Por eso comencé a entrenar. Primero fue remo, luego correr, la bici y el nado" detalló Martín, que se convertiría así en el primer argentino no vidente en completar un IronMan, una de las competencias de multidisciplina más exigentes del mundo que incluye 3,86 kilómetros de natación, 180 km de ciclismo y 42,195 corriendo.

Tomás sigue los pasos de su padre en el trail.
Tomás sigue los pasos de su padre en el trail.. Foto: Merle Fotografía

Al ser consultado sobre si su hijo, ahora pre adolescente, alguna vez le dijo algo al respecto, contó: "Él no me dijo nunca nada. Sí me hizo el año pasado un video para el Día del Padre que me hizo dar cuenta de que está orgulloso y que quiere estar en todos lados conmigo. La semana pasada le preguntaron si no le impresionaba todo lo que puede hacer su papa y él dijo que no, que me conoció así. «Para mí es normal así»".

Con voz emocionado, Martín agregó: "Él no me ve como otros que me conocieron ciego y me ven cómo salí adelante. Para él, en sus recuerdos, siempre fui ganador".

Sobre el vínculo con su hijo, dijo: "Somos muy cómplices. Él quiere ser mi representante. La ceguera nunca fue un tema tabú. Con él bromeamos. Me saca las cosas de lugar para que me vuelva loco, por ejemplo. Pero sabe cuándo puede joder y cuando no".

"La alegría de mi hijo cuando yo llegaba con las copas que ganaba me impulsó a entrenarme seriamente para ser un padre campeón. Por él, me convertí en atleta.Todo lo que hice, al principio fue por él. Fue el motor para empezar en un momento donde no tenía más ganas de vivir", fue la frase con la que Martín cerró la charla.

Martín y su hijo durante una charla en diciembre en Miramar.
Martín y su hijo durante una charla en diciembre en Miramar.. Foto: Gentileza RunningTrip
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