Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Acariciando el título, a Boca lo consumen las vanidades

Jueves 15 de junio de 2017 • 23:59
0

En este tiempo tan agitado puede resultar ingenuo, sordo o simplemente principista, introducirse en el tan mentado “Mundo Boca” con la sola pretensión de querer hablar específicamente de fútbol. A pocas horas de lo que puede ser una nueva consagración en el fútbol argentino, o al menos un paso más que lo acerque a ella, ubicar al compromiso ante Aldosivi en el foco principal, resultaría en el mejor de los casos, una mirada parcial de un tiempo de convulsión dominado por la contienda mediática de dos próceres modernos de la institución.

Guillermo Barros Schelotto y el presidente de Boca, Daniel Angelici
Guillermo Barros Schelotto y el presidente de Boca, Daniel Angelici. Foto: FotoBAIRES

Bien vale recordar que en Mar del Plata volverá Centurión y que con independencia de cualquier controversia extra-futbolística que pueda despertar, se trata del retorno de una pieza cuya valía se notó demasiado en su ausencia o que Bentancur, jugador fetiche del técnico, ya no forma parte del elenco titular, postergado por la vitalidad y el músculo del colombiano Barrios.

Tranquilamente se podrían escribir una columna entera de la impresentable decisión de los dirigentes marplatenses, que desoyendo la decisión del Cómite de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires, pusieron a la venta casi veinte mil entradas para que los hinchas de Boca, camuflados en el barato eufemismo de la neutralidad acompañen a su equipo a la ciudad costera. Amparándose en que la metodología ya es “uso y costumbre”, los responsables de manejar el fútbol argentino demostraron una vez más que la ley no es norma sino impedimento, y que hay que violarla, incluso si esto implica insultar la inteligencia de cualquier ciudadano con un mínimo sentido común.

Sin embargo, un extraño mecanismo masoquista, combinado con lucha de egos y abstinencia mediática en dosis difíciles de precisar se despertó en las últimas horas para dejar al fútbol, la actualidad y la posible consagración en un absoluto segundo plano.

Las declaraciones de Tévez y su dura crítica a Riquelme confirmaron que aún en los momentos de prosperidad, Boca no tiene paz.

Carlitos desde China, allí donde se fue hace cinco meses movilizado por una oferta multimillonaria irresistible que nunca pudo explicar a pesar de su habitual franqueza, disparó contra Román, asumiendo el rol de “brazo armado” de Angelici y vocero de lo que muchos piensan pero todos callan.

Sin discutir idolatrías, tarea que queda para los hinchas, las sentencias de Tévez parecen inoportunas en el contexto deportivo en el que se dicen y sobre todo, en la medida en que incurre en aquello mismo que critica. Quizás, si ambos asumieran con naturalidad que más allá de su amor por el club, se trata de deportistas cuya fidelidad se relativizó cuando tuvieron excelentes propuestas económicas, las cosas serían diferentes. Tal vez, si los dos reconocieran que su ego desarticula la frase que repiten y que reza “que el club está por encima de los nombres”, todo sería distinto.

Mientras tanto el domingo o el miércoles a más tardar, Boca puede ser campeón. Pero eso no parece importar demasiado.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas