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La socca, el plato típico de niza

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LA NACION
Domingo 25 de junio de 2017
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Las aguas del Mediterráneo se extienden por la Bahía de los Ángeles. Las playas cubiertas con sus particulares piedras están repletas de gente cuando el verano está cerca, y todos quieren aprovechar uno de los mejores climas europeos. La famosa Promenade des Anglais, una avenida que bordea la costa, se pierde allá en el fondo, formando una especie de luna creciente, orgullosa, flanqueada por sus palmeras e históricos edificios.

Niza es una de las ciudades más importantes de la costa del Mediterráneo, el epicentro de la Riviera Francesa, y se ubica cerca de la frontera con Italia, tan sólo a 30 kilómetros de distancia. Su aeropuerto, llamado Niza-Costa Azul, es el tercero más grande de toda Francia después de Roissy y Orly (ambos en París).

Tiene una historia riquísima producto de la herencia griega y romana, así como su pertenencia a través de los años a la Liguria, Piamonte, al Reino de Cerdeña y finalmente Francia.

Caminar por su casco antiguo invita a perderse por su laberíntico tramado y calles angostísimas, llenas de restaurantes y tiendas, la gran mayoría de ellas atendidas por generaciones de la misma familia, como el famoso Acchiardo, un pequeño templo de la cocina nizarda donde uno se encuentra, hoy en día, con tres generaciones de la familia del mismo nombre extremadamente hospitalarios y orgullosos de mostrar las bondades de los productos locales.

Cuando caminen por sus calles pensarán que se encuentran del otro lado de la frontera, porque aquí lo italiano pisa fuerte y la policromía de sus fachadas se debe al celo con el cual se cuidaba el aspecto de la ciudad, donde todo debía ser hecho de acuerdo a ciertos códigos y sólo se podían pintar los edificios, según los estudiosos, con determinados colores, como el amarillo, verde y terracota.

También sentirán la necesidad, inclusive por la noche en el pináculo estival, de llevarse algo ligero para abrigarse. La ciudad fue diseñada para que las corrientes de aire recorrieran las calles refrescando naturalmente a sus habitantes y visitantes. Si prestan atención podrán ver que sobre las puertas de las casas y edificios de la Niza vieja se encuentran aberturas para dejar pasar estas corrientes.

Imperdible también será recorrer Cours Saleya, una de las plazas más coloridas de la ciudad, sobre todo por su fenomenal mercado de flores o su mercado de antigüedades, con decenas de puestos mostrando un amplísimo espectro de opciones. Y no podrán resistirse al llegar a una esquina repleta de gente hacer una cola impune de lo larga y probar uno de los platos más conocidos de la perla de la Riviera Francesa: la socca. Aquí la socca se come a toda hora del día, e inclusive muchos locales no considerarían su desayuno completo sin una pequeña ración de ella.

Por eso me presenté en esta dichosa esquina cubierta con toldos que decían Chez Renee Socca. Ahora, ¿qué es la socca? Nosotros la conocemos bien, porque se trata nada más ni nada menos que de la famosa fainá, producto de origen Ligur (genovés para ser más exactos), muy extendido en nuestro país, sobre todo a la hora de acompañar una buena pizza. En Niza es palabra mayor.

Sobre todo en este local que ofrece el plato típico desde hace añares. Donde la idea es tener la paciencia necesaria para sobrevivir a la cola mientras de los hornos sale un aroma más que apetecible. Llegar a la pequeña barra para hacer rápido el pedido y cruzarse a las simpáticas mesas de madera dispuestos a probar esta delicia local. Así terminé, con una copa de un fresco rosado de la zona y una generosa porción de socca en mi plato, escuchando y observando el bullicio de la gente y mirando hacia arriba, tratando de determinar la gama de uno de los cielos más azules que haya visto.

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