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Un monstruo de mil cabezas

Viernes 16 de junio de 2017
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El reciente atentado en el estadio Manchester Arena, donde más de 20.000 personas, en su mayoría adolescentes, asistían a un concierto de rock, marca una línea divisoria en la manera que el terrorismo lleva a cabo sus ataques. Hasta ahora, ni los jóvenes, ni los adolescentes ni los niños habían sido blanco directo de los terroristas. La sorpresa y la indefensión de las víctimas caracterizan esta clase de violencia, que precisamente por ello es cobarde y muy difícil de prevenir.

El autor del atentado, un joven de 22 años nacido en Manchester hijo de refugiados libios que llegaron al Reino Unido huyendo de las dificultades en su país, hizo estallar un potente explosivo en medio de la multitud, y con su acción criminal provocó al menos 22 muertos y medio centenar de heridos. Los terroristas están al acecho: buscan jóvenes con problemas familiares y psicológicos, los adoctrinan y los forman en el odio.

Estado Islámico, organización que ha reemplazado a Al-Qaeda como la mayor amenaza para la seguridad mundial, reivindicó con celeridad el atentado.

En los últimos 50 años, la humanidad ha sido testigo y víctima de las actividades de aquellos que quieren imponer su ideología a costa de gente inocente que muere o es herida por atentados terroristas. Se trata de señales más que suficientes de que las organizaciones terroristas mantienen vivo su odio e intenciones de arrasar los gobiernos democráticos cualquiera sea su tendencia.

Entre 2014 y 2017, los brazos armados de Estado Islámico que operan en Europa cometieron unos 20 atentados terroristas, que dejaron un saldo de 463 muertos. En cada uno de ellos se plasmó una combinación de comandos que diseñaron los atentados o de lobos solitarios surgidos de la nada. Según el Centro de Lucha contra el Terrorismo que forma parte de Europol, Estado Islámico dispone de "amplias redes" para cometer atentados, de candidatos espontáneos que no aparecen en la zona de cobertura de los radares de los servicios secretos y de un abanico de metodologías ya probadas: bombas, comandos suicidas, vehículos para arrollar multitudes y armas de todo tipo.

El terrorismo es un signo de debilidad, intolerancia y ceguera que no puede prosperar en el mundo moderno. Pero mientras exista el mundo seguirá en vilo. Ningún lugar está a salvo del embate demoledor de su brutal acción y sólo la solidaridad global y la colaboración internacional pueden enfrentarlo decididamente, contrarrestando sus ventajas estratégicas y golpeando duramente las cabezas que alimentan y financian su expansión destructora.

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