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Juicio político: un peligro aún lejano, pero cada vez más real para Trump

La decisión del fiscal del Rusiagate de investigar una posible obstrucción de la justicia provocó un giro que abre interrogantes; los republicanos todavía lo apoyan, pero no ocultan su incomodidad

Viernes 16 de junio de 2017
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LA NACION
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Trump, ayer, durante un acto en la Casa Rosada
Trump, ayer, durante un acto en la Casa Rosada. Foto: Susan Walsh/AP

WASHINGTON.- Acorralado por la investigación del Rusiagate y la amenaza de un juicio político, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump , denunció ayer "la mayor caza de brujas en la historia política norteamericana".

Detrás de esa acusación aparece una preocupación cada vez más palpable: la posibilidad de una destitución forzada que deje trunca su presidencia, un escenario aún lejano, pero más plausible ahora, luego de conocerse que es investigado por posible obstrucción de la justicia. La revelación, que nadie desmintió, marcó otro punto de quiebre en un escándalo que, para muchos, ya supera en magnitud al Watergate.

"Están siendo testigos de la mayor caza de brujas en la historia política estadounidense, ¡dirigida por algunas personas muy malas y conflictivas!", escribió Trump en Twitter, ayer por la mañana.

Un rato antes había brindado otro mensaje: "Inventaron una colusión falsa con la historia de los rusos, encontraron cero pruebas, por lo que ahora van por la obstrucción de la justicia en la historia falsa. Bonito".

Anteayer, el periódico The Washington Post reveló que el fiscal especial, Robert Mueller, había decidido ampliar su investigación sobre el Rusiagate, la intromisión del Kremlin en la última campaña presidencial que buscó favorecer a Trump, e indagar a funcionarios de inteligencia acerca de la supuesta presión de Trump para despegar a la Casa Blanca de ese escándalo.

Pero, aun cuando muchos consideran que ya están dadas las condiciones para iniciar un juicio político de Trump, el presidente cuenta con un seguro: los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso y no parecen dispuestos (al menos, por ahora) a soltarle la mano a su presidente, pese a que algunas figuras lo critican abiertamente.

"El impeachment es al menos un poco más plausible ahora que Mueller está investigando evidentemente al presidente por obstrucción de la justicia", señaló a LA NACION Robert Shapiro, profesor de la Universidad Columbia. "Pero el enjuiciamiento sigue siendo una posibilidad lejana, ya que incluso si Mueller descubre que Trump obstruyó la justicia, no es probable que sea lo suficientemente persuasivo para los republicanos en el Congreso", agregó.

Shapiro dijo que la investigación de Mueller tendría que encontrar más hechos relacionados con la supuesta coordinación con los rusos en la campaña electoral o, también, algún delito financiero que ameritara una acusación de "traición" o de algún delito que los republicanos "no puedan ignorar o defender".

Por ahora, Trump cuenta con el respaldo de los republicanos en el Congreso, más interesados en implementar su agenda, que incluye una mayor desregulación de la economía, recortes de impuestos y una reforma de salud pro mercado que en hablar de un potencial juicio político. Pero Trump es un presidente muy impopular -la última medición de Gallup le dio un respaldo del 38 por ciento- y el apoyo con el que cuenta en el Congreso puede comenzar a resquebrajarse.

El año próximo, los demócratas pueden torcer el escenario en los comicios legislativos, cuando intentarán volver a capturar ambas cámaras. Pero, aun cuando se diera ese escenario y aun si la Cámara de Representantes aprobara un juicio político contra Trump, la Constitución exige el voto de un tercio del Senado para destituir a un presidente, algo muy difícil.

Pero Trump es impredecible y el país está muy dividido. Seis de cada diez norteamericanos creen que Trump intentó obstruir la justicia, según una encuesta de la agencia AP y el centro de investigaciones NORC. Pero mientras el 90% de los que votaron a los demócratas cree que Trump cometió un delito, sólo el 25% de los que apoyan a los republicanos comparte esa opinión.

El propio Trump se incriminó a sí mismo con sus decisiones, sus entrevistas y sus mensajes en Twitter. El senador Lindsey Graham, uno de los republicanos más respetados en el Congreso, llegó a decir que Trump "es su propio peor enemigo".

Acorralado como nunca, Trump atacó ayer a su rival en las elecciones presidenciales, Hillary Clinton, por la investigación sobre el uso de su correo electrónico privado cuando era secretaria de Estado, que Comey dirigió y que quedó cerrada. El mensaje pareció sacado del otoño boreal de 2016.

"Corrupta H destruyó los teléfonos con un martillo, «blanqueó» correos electrónicos y su marido [Bill Clinton] se reunió con la fiscal general [Loretta Lynch] días antes de que ella fuera absuelta, ¿y hablan de obstrucción?", escribió el presidente.

Además de la investigación que conduce Mueller, Trump enfrenta otras dos investigaciones en el Congreso, de los comités de inteligencia de la Cámara de Representantes y el Senado. Esta semana se abrió otro frente: el Comité Judicial del Senado decidió abrir una investigación sobre el despido de Comey, una de las decisiones más polémicas que tomó el presidente desde que llegó a la Casa Blanca.

En las redes sociales hay quienes incluso ya bromean con una eventual presidencia de Mike Pence. Ayer, la oficina de Pence anunció que el vicepresidente decidió contratar a un abogado, Richard Cullen, para que lo asesore con el Rusiagate.

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