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Luciano Ammenti, un ingeniero entre incunables

Es el responsable de digitalizar los 82.000 manuscritos de la Biblioteca del Vaticano; ya hay más de 10.000 disponibles por Internet

Sábado 17 de junio de 2017
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Luciano Ammenti tiene entre manos uno de los proyectos más ambiciosos de la historia. En un mundo de proyectos desmesurados, veo por allí alguna ceja levantada. Pero es exactamente así. Ammenti es el director de tecnología de la información de la Biblioteca del Vaticano, y desde hace seis años está al frente del proceso que digitalizará y pondrá en Internet 82.000 manuscritos (algunos de más de 2000 años) y unos 8000 incunables (es decir, aquellas obras publicadas antes de 1501). Según me dijo, en la entrevista que le hice hace unos días aquí en Buenos Aires, ya hay 10.700 textos digitalizados disponibles en línea. En la tarea colaboran la compañía de servicios de tecnología NTT (Japón) y el gigante del almacenamiento EMC (hoy en manos de Dell; Estados Unidos), que aportará el desmesurado almacenamiento que se requiere para guardar los datos y metadatos de las alrededor de 40 millones de páginas que terminará teniendo el proyecto. ¿Cuánto es el espacio de disco que se requiere? Mucho de verdad: 2,8 petabytes. Es decir, 2.800.000.000.000.000 bytes. Un petabyte es un 1 seguido de 15 ceros.

¿Por qué tanto espacio, si en un cálculo rápido guardar 40 millones de JPG en buena resolución debería llevar entre 20 y 30 veces menos? Oh, bueno, no es tan sencillo como guardar JPG. Ammenti está digitalizando no sólo una de las bibliotecas más antiguas, ricas y misteriosas de la civilización humana, sino que además debe hacerlo de tal modo que los expertos en paleografía (la ciencia que analiza e interpreta los textos antiguos) puedan estudiar detalladamente y de forma remota esas páginas. El resto de nosotros puede deleitarse mirando los manuscritos, algunos de una belleza nunca igualada -existe, por ejemplo, una Divina Comedia ilustrada nada menos que por Botticelli-, otros tan antiguos que eriza la piel el imaginar el abismo de tiempo al que esas páginas han sobrevivido.

Lo que sigue es una síntesis de lo que conversamos esa mañana; muchas veces nos fuimos por las ramas para considerar asuntos como la forma en que el concepto mismo del arte ha ido evolucionando y a qué llamamos cultura. He preferido podar un poco (aunque no todo, desde luego) para que el texto se mantenga más o menos organizado.

Luciano Ammenti, director de tecnologías de la información de la Biblioteca del Vaticano
Luciano Ammenti, director de tecnologías de la información de la Biblioteca del Vaticano.

-¿Por qué decidió el Vaticano digitalizar y poner al alcance de todo el mundo su biblioteca?

-El proyecto se inició hace seis años porque hubo un cambio de filosofía en el Vaticano. Antes, esa filosofía era que el público no podía tocar los manuscritos, por una cuestión de conservación. Es una biblioteca en la que se conservan incunables, no es una universitaria, y ha pasado 500 años tratando de preservar los manuscritos para el futuro. El problema de esa filosofía es que algunos textos se van volviendo cada vez más antiguos y hay cada vez menos personas capacitadas para estudiarlos.

"Hace 6 años, el directorio de la biblioteca tomó la decisión de que los manuscritos se conservaran en forma digital y fueran accesibles a todo el mundo por medio de Internet. No ya para un número restringido de personas.

-Pero había un motivo para que esos libros no estuvieran físicamente disponibles para todo el mundo. Son únicos, frágiles y muy antiguos.

-Por supuesto. El sólo hecho de llevar los manuscritos desde el búnker donde se los almacena hasta la sala de lectura expondría esas páginas a virus, bacterias y cambios de temperatura. En muchos casos esas páginas son extremadamente antiguas, están hechas de pergamino. Para que se de una idea de lo que estamos hablando, el pergamino era tan costoso que con mucha frecuencia lo pintaban y volvían a escribir encima, un poco como se hacía también con la pintura. Con el proyecto de digitalización descubrimos que muchos manuscritos habían sido escritos varias veces.

-¿Pueden leer por debajo de cada capa?

-Así es, tenemos un procedimiento para eso. Por medio de scanners de alta resolución y luz ultravioleta podemos ir 24 bits por debajo de la superficie visible, eliminarla y ver lo que hay debajo, y luego de nuevo a una profundidad de otros 8 bits, y así tres veces.

-Es decir que un mismo manuscrito puede ser varios manuscritos.

-Así es, y es raro. El código que identifica el libro normalmente no cambia. Pero dentro de libro puede haber otros libros. Uno no puede extraer lo que está debajo físicamente, pero con cuidado es posible descubrir cosas maravillosas. Uno de mis colegas encontró fragmentos del (poeta latino) Virgilio en un palimpsesto [Nota: un palimpsesto es un manuscrito que ha sido borrado para escribir otras cosas encima]. Y esto es maravilloso, porque como he tratado de explicar muchas veces, gran parte de nuestro patrimonio es una incógnita. Sólo tenemos indexado el 25% de esos 82.000 manuscritos, las que corresponden a las obras más famosos.

Primera página de la Biblia en 42 líneas impresa por Gutenberg en 1455
Primera página de la Biblia en 42 líneas impresa por Gutenberg en 1455.

-Pero tienen una idea de lo que hay en el 75% restante.

-No. Lo único que sabemos es que durante los últimos 500 años sólo se ha conocido el 25% de esos manuscritos.

-¿Y el resto?

-Es un signo de interrogación. Pueden ser un gran número de obras.

-¿Pero no existía un registro de lo que hacían los copistas?

-En algunos casos, sí, pero no en todos. Hace unos 10 años las universidades alemanas, francesas y estadounidenses invertían mucho dinero en becas para sus estudiantes de paleografía, que eran libres de investigar cualquier obra de la biblioteca. Ahora ya no es así, ahora buscan las obras famosas, Dante, Virgilio, la Odisea. Esa es una de las razones por las que queremos poner los manuscritos disponibles en Internet para que cualquier estudiante desde su casa pueda analizar los textos.

Ilustración de Sandro Botticelli para la Divina Comedia
Ilustración de Sandro Botticelli para la Divina Comedia.

-Hay algo que no termino de entender. La biblioteca tiene 82.000 libros.

-Ochenta y dos mil manuscritos. Un millón de libros impresos, de los que unos 8000 son incunables [Nota: impresos antes de 1501]. Si pusiéramos todos los libros uno al lado del otro abarcarían 43 kilómetros.

-Y casi todo eso es una incógnita.

-Sí. Con los libros impresos las cosas son más sencillas, porque hay un autor, un título, todo lo que hace falta para identificar un libro mediante el Open Public Access Catalog (OPAC). Pero los manuscritos y los incunables son un mundo totalmente diferente. Los manuscritos no están en el formato libro. No se los puede identificar mediante un titulo o un tema. Esto surge cuando se estudia el manuscrito. Y ni siquiera esto es completamente cierto, porque usted puede ser un paleógrafo que se pasa un año estudiando un manuscrito y llega así a la conclusión de que tal cosa es el título, tal otra es el tema del que trata. Pero entonces viene otro paleógrafo y opina de una forma diferente al respecto.

-¿En serio?

-Claro que sí, porque ambos han interpretado la caligrafía de una manera diferente. La interpretación de la caligrafía es una ciencia muy especial que depende del potencial de los paleógrafos involucrados. Normalmente, tenemos dos OPAC, uno para expertos, para los estudiosos de la paleografía, que es un mundo realmente complejo. Por ejemplo, pueden estudiar muchas veces la misma página, incluso cada carácter, cada rasgo, con el fin de identificar un copista o para diferenciar dos copistas. El otro catálogo carece de información adicional, sólo son las imágenes, para el deleite de tus ojos. Si usted tiene una pantalla táctil, hasta puede pasar las hojas como si fuera un libro real. [Nota: esto es normal en un smartphone al leer e-books. Pero hacerlo con, digamos, la Biblia en 42 líneas de Gutenberg es una experiencia alucinante.]

-Son libros hermosos, es verdad. Ahora, ¿cuánto tiempo les va a llevar digitalizar todo eso?

-No es tanto una cuestión de tiempo, sino de respetar el flujo de datos. Primero, el manuscrito pasa por la oficina de restauración, donde se evalúa su vitalidad y el tipo de scanner que puede usarse con esa obra. Algunos manuscritos sólo pueden abrirse unos pocos grados y hay que usar dispositivos especiales, como prismas. Una vez que se toma esta decisión al operador le va a llevar 2 minutos o dos minutos y medio escanear cada página.

-En total, podría llevar muchísimo tiempo.

-Sí, mucho tiempo para la vida de una persona, pero no para el proyecto que queremos. Dos o tres minutos por página en un manuscrito normal nos da una idea de lo que nos va a llevar, pero existen otros tipos de manuscritos, por ejemplo los que no se pueden tocar y están en la forma de rollos.

-Pero digo, este es su proyecto personal.

-Es un proyecto del Vaticano, pero sí, tengo puesto mi corazón en él.

-Y va a llevar más de una vida.

-Tengo la esperanza de que alguien lo tome después de mí. Pero también depende del dinero que tengamos. Hace tres años una compañía donó el dinero para escanear 3000 manuscritos. Así que también depende de cuántos recursos tengamos.

Manuscrito en griego de la Odisea de Homero
Manuscrito en griego de la Odisea de Homero.

-Aparte de las razones técnicas, ¿por qué buscan poner al alcance de todo el mundo libros que han estado guardados por más de 500 años, la mayoría previos a Gutenberg?

-Después de Gutenberg es sólo historia moderna. Antes de Gutenberg es nuestra cultura. Esa cultura no es sólo cristiana. La Biblioteca del Vaticano tiene manuscritos de todas partes del mundo. Y creemos que es necesario que la gente conozca la historia de la cultura. No hace falta para eso ser un paleógrafo. Por ejemplo, cualquiera puede comprender cuánto tiempo le dedicaba una persona a copiar los textos, a crear las miniaturas, a iluminar las páginas. En nuestra época todo va demasiado rápido. Queremos todo ya. No. "Ya" es tarde. Lo queremos incluso antes. [Risas] Pero al mirar un manuscrito de la Divina Comedia sabemos que le llevó 3 años crearlo y que hay algunos cuyas ilustraciones se le encargaron a Botticelli; tenemos uno de ésos. Ese es el mensaje de este proyecto, que la cultura es el único instrumento con que contamos para movernos sin límites por el mundo.

-Hay una paradoja aquí. Todos nosotros vamos a poder disfrutar de estos manuscritos e incunables gracias, precisamente, a la tecnología.

-Sí, así es.

-¿Cuánto dinero se han invertido hasta ahora en el proyecto?

-De parte de nuestros sponsors, cerca de 5 millones de euros.

-Mucho dinero.

-Sí, pero la principal inversión es en recursos humanos, no en tecnología.

-¿Por qué?

-Porque hay un enorme riesgo involucrado en este proyecto. Todo el mundo habla de datos masivos (big data, en la jerga), ¿pero si yo le preguntara cuál formato de imagen usaría usted para guardar todos sus libros, qué me diría? Dejemos de lado los metadatos. Suponga que va a guardar nada más que las imágenes, ¿qué formato elegiría? ¿TIFF? ¿JPG? ¿JPEG2000? TIFF es de Adobe. JPEG2000 también es propietario. JPG pierde información cuando se opera con las imágenes.

-¿PNG?

-Sí, podría ser una solución. Es de código fuente abierto. Nosotros elegimos FITS [siglas de Flexible Image Transport System]. Proviene de la comunidad astronómica y astrofísica, es código fuente abierto, existe desde hace 52 años, su primera versión estándar salió en 1979 y se actualiza cada seis meses por una comunidad cuyos miembros están en muchos lugares del mundo (incluida la Argentina). Decidimos usar este formato porque el abordaje de la astronomía es muy parecido al nuestro.

-Tiene sentido.

-Sólo en Europa, cada día, los astrofísicos producen 25 terabytes de imágenes [Nota: el equivalente a 25 discos duros o el almacenamiento de 800 smartphones]. El principal problema es buscar dentro esa información.

-Iba a preguntarle eso.

-Imagine esto como compuesto por dos capas, dos flujos de datos. Uno es el formato FITS, que se usa para conservar los datos y los metadatos; el otro es producto de un motor que convierte FITS a JPG, PDF o lo que haga falta para divulgar las imágenes.

-El desafío es enorme. Ustedes están apostando a que FITS seguirá siendo la mejor opción en un ambiente que cambia todo el tiempo.

Carta del primer embajador japonés en Venecia, fechada en 1585
Carta del primer embajador japonés en Venecia, fechada en 1585.

-No existe ninguna otra experiencia tan extendida en el tiempo. Sólo Unix es así de antiguo. Si usted tipea un comando en el shell de Linux hoy le responderá igual que lo hacía Unix originalmente. Además, FITS guarda la información en formato texto, es posible leerla sin ningún software que la interprete.

-¿Cuánto tiempo les llevó decidir que FITS era adecuado para el trabajo?

-Nada. Medio segundo. [Risas]

-De esos 10.700 manuscritos que hoy se pueden ver en el sitio de la Librería del Vaticano, ¿cuáles son los más antiguos?

-Posiblemente alguna colección japonesa, previa a la cristiandad. Porque, por ejemplo, tenemos los originales del Evangelio según San Lucas, que son del primer siglo después de Cristo. Pues bien, estos manuscritos japoneses son de 1000 años antes de Cristo.

-¿Y cuál es su favorito?

-La Divina Comedia, por supuesto. Cuando era chico, unos 10 años, mi madre me leía páginas de la Divina Comedia. Era algo muy fuerte, imágenes muy fuertes, y en cierto modo lo encontraba irritante. Pero mi madre insistía en que yo tenía que comprender que la humanidad podía ser algo terrible.

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