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"Pude desarrollarme sin un título universitario"

Lunes 19 de junio de 2017 • 00:37
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Arquitectura, Administración de Empresas, Relaciones del Trabajo. Entre los 18 y los 25, Diego se convirtió en experto en empezar carreras y no terminarlas. Mientras los amigos avanzaban en sus estudios, él volvía a cero cada vez. No le iba mal rindiendo materias pero se aburría; se preguntaba si eso que había elegido era lo que realmente le interesaba, y le agobiaba pensar que iba a ser para toda la vida. La incertidumbre lo invadía. “¿Cómo iba a sobrevivir en el mundo adulto si no me recibía de algo?” cuenta ahora que se preguntaba en esa época.

Mientras, Diego vendía. Vendía lo que fuera. Primero cosas suyas que no usaba más. Una guitarra eléctrica, un teclado, zapatillas casi nuevas. Después su hermano le pidió que vendiera objetos de él por una módica comisión. Se hizo fama de buen vendedor y, con esa fama, se acercó a su tía que es ceramista, y le ofreció empezar a comercializar sus piezas. Ella aceptó; les fue bastante bien. De hecho, distintos ceramistas amigos de la tía, comenzaron a llamarlo para que colocara sus piezas en negocios de decoración en Palermo. “En la primera época casi no salía plata de ahí pero aprendí un montón. Qué ofrecer, cómo ofrecerlo, a qué precio, cómo negociar los tiempos si me pedían piezas en serie. Y además hice muchos contactos.”

Uno de los ceramistas lo acercó a un grupo de escultores; los escultores, a algunos pintores; y así Diego empezó a tener mayor demanda de parte de artistas y a buscar más locales donde colocar las obras. Además hizo un sitio web y comenzó a vender también a través de él. Al tiempo, ya en su oficina tipo loft, conformó un equipo de tres personas con quienes seleccionar nuevos artistas, gestionar las entregas, buscar nuevos locales donde vender y galerías donde exhibir. Y se asoció con otra persona para comercializar en España.

Poner en duda el crecimiento

Pero eso que desde afuera parecía un éxito contundente él lo relativizaba a la hora de hablar de sí mismo. Es que esa incertidumbre de la primera juventud —cuando boyaba entre facultades—, dio paso a un malestar por sentirse menos que quienes alcanzaron un título universitario. Esto se intensificó con el nacimiento de sus hijos. “¿Cómo les voy a decir que se formen académicamente si yo no lo hice?”. Y apareció también en otras ocasiones de crecimiento, como cuando empezó a armar su equipo. “Me importaba que los postulantes tuvieran un título que los validara, pero yo mismo no lo tenía”.

Esa sensación de ser menos que otros por no tener un título universitario, que había aparecido como oleadas que le llegaban de repente, se fueron espaciando con los años y haciéndose cada vez menos intensas a medida que Diego fue creciendo en su negocio y en su capacidad de pensarse a sí mismo. Hoy considera que cada uno hace el camino que puede, y tiene claro que en su desarrollo laboral tuvo mucho peso “caminar la calle”, la experiencia de gestionar y sostener un negocio, los cursos cortos de administración y financias y del mercado del arte, que fue buscando a su medida, y el equipo del que supo rodearse.

Y hay algo que últimamente valora en especial: haber potenciado con este negocio habilidades que tenía desde chico. Él las sintetiza en “la capacidad para salir a la cancha y pilotear lo que venga”, que ya ponía en juego desde que pateaba la pelota con sus compañeros en el patio de la escuela y era él quien se animaba a buscarla en la casa de al lado cuando se les colgaba.

Palabras de especialista

"Es habitual en personas a las que les va muy bien en la vida laboral pero no tienen un título universitario que se les juegue algo en la autoestima que les opaca la valoración sobre el crecimiento que lograron", explica Mercedes Korin, especialista en Proyección Laboral. "Por mejor que les vaya, sienten la ausencia de título como una carencia. ¿Qué pesa más, el título o ciertas características de la persona (como ser talentosa, ingeniosa, autogestiva, proactiva, organizada, con visión de futuro y con capacidad de trabajar en equipo), sumadas a conocimientos técnicos que pueda haber obtenido en cursos u otro tipo de capacitaciones que no impliquen una licenciatura ni un posgrado?

Hay ámbitos donde crecer sin formación académica pero con estas características es más viable, como el de la tecnología. Tampoco es fundamental tener un título para fundar un emprendimiento o una empresa a los que les vaya bien. En otros ámbitos, en cambio, no contar con un título es directamente imposible (al menos dentro de la ley), como en medicina o cualquier profesión que requiere título habilitante para ejercer.

La importancia de lo académico como validador social es tan fuerte que incluso aquellas personas a las que la sociedad cataloga como grandes exitosos pero que no terminaron sus estudios formales (como la tríada tecnológica Steve Jobs - Bill Gates - Marc Zuckerberg), vuelven en algún momento a la universidad a recibir un reconocimiento y ofrecen allí discursos con altísima repercusión. Es cierto que la mayoría de la gente que no termina la Facultad no cambia el devenir de una sociedad como lo hizo esta tríada… pero tampoco lo cambia la mayoría que sí la termina".

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