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Qué es de la vida de los 11 jugadores de Boca que fueron titulares la última vez que fue campeón

Este fin de semana, los xeneizes ya no pueden celebrar un nuevo título local porque ganó Banfield

Viernes 16 de junio de 2017 • 18:26
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PARA LA NACION
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Los once que salieron a la cancha y fueron campeones el 1° de noviembre de 2015
Los once que salieron a la cancha y fueron campeones el 1° de noviembre de 2015. Foto: FotoBAIRES

A las 18.41 de un domingo que sucedió hace casi dos años, diez hombres se dieron un abrazo que debería haber durado un poco más. Gino Peruzzi, Fernando Tobio, Alexis Rolín, Luciano Monzón, César Meli, Andrés Cubas, Pablo Pérez, Nicolás Lodeiro, Carlos Tevez y Jonathan Calleri se congregaron en la puerta del área grande de Tigre mientras Agustín Orion los miraba desde la soledad que concede la distancia, para celebrar el 1-0 que acababa de suceder. El córner lo había pateado Lodeiro, el cabezazo lo había desatado Monzón, y mientras la Bombonera se agitaba como podría hacerlo simbólicamente este fin de semana, Boca conquistaba el 1º de noviembre de 2015 su último torneo local. Que el abrazo debería haber sido más largo y más fuerte reside en la irrefrenable mutación del fútbol de la Argentina: desde entonces, esos 11 titulares no salieron a la cancha nunca más. Peor todavía: 19 meses después, tres de ellos no juegan, uno descendió, otro pelea por no hacerlo, uno se fue a Europa para jugar sólo ocho minutos y el último de todos no tiene club.

A cinco de los 11 titulares se los pasa a disponibilidad bastante rápido: Meli es suplente en Racing, de donde Orion ya se fue, mientras Peruzzi, Pérez y Tobio continúan en el club. Así las cosas, nos quedan seis. Calleri, autor de diez tantos y goleador de Boca en el primer Torneo de 30, jugó la última temporada en el West Ham. A favor: el brilloso lujo de la Premier. En contra: estaba a préstamo, fue titular sólo siete partidos, lo reemplazaron en todos y apenas metió un gol, en el minuto 93, para cerrar un 3-1 a Middlesbrough. El pase había sido de Lanzini, un pase tan sencillo y preciso como el que ahora le da el club: West Ham, que no le renovará el préstamo, tuiteó que el delantero volverá a su equipo de origen, el Deportivo Maldonado, de la Segunda División de Uruguay. No toda triangulación que incluye a un buen delantero centro termina inexorablemente en gol.

En Europa también estuvo Cubas, que se fue porque Guillermo Barros Schelotto no lo quería, luego de que Riquelme y Tevez lo bendijeran con su asombro al verlo jugar. Hay sueños a los que conviene chequear, revisar cualquier contraindicación: si al volante le hubieran dicho que debutaría en la Liga italiana en un partido contra el Inter seguramente habría firmado sin dudar; el problema, como siempre, son los incisos. Lo hizo en el Pescara, un equipo que había perdido siete de sus últimos ocho partidos, y encima jugó ocho minutos, los últimos, ya sentenciado el 0-3. Que Pescara se haya ido finalmente al descenso fue apenas una nota del pie de algo peor todavía: esos ocho minutos fueron los únicos que jugó Cubas en una temporada en la que fue al banco 14 veces más. La luz de la América, sin embargo, se asoma. Estaba a préstamo; el volante al que en Boca se lo comparaba con Serna ahora debe retornar.

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"Vengo de una lesión, necesito una puesta a punto", había dicho el uruguayo Alexis Rolín apenas llegó al club, en enero de 2015, y en ésa anda todavía: después del título contra Tigre se fue a Olimpia de Paraguay, le rompieron el tabique de un codazo en un clásico contra Cerro Porteño, dejó de jugar, volvió, se rompió los meniscos de la rodilla izquierda, dejó de jugar, se fue de Olimpia, firmó con Nacional de Uruguay. "La defensa espera a Rolín", tituló esta semana el sitio Referí y, sí, por supuesto: hace cuatro meses que no juega, recuperándose de su lesión.

En el paréntesis luminoso de los últimos 11 titulares campeones de un torneo local sólo está Lodeiro, que en 2016 ganó la Copa de la Major League Soccer con el Seattle Sounders y ahora está octavo en la Conferencia Oeste, afuera de los playoffs. La información viene acompañada de la primera frase que dijo apenas se fue a Estados Unidos, como para mitigar que su equipo esté así: "Vine por mis hijos, por un proyecto familiar". Algo parecido habrá pensado Tevez, ahora en la burbuja millonaria y silenciosa de Shanghai. Su equipo, el Shenhua, está 12°, a cuatro puntos de la zona del descenso, un peligro que al menos en los videos de los partidos no le llega a su cara, su energía corporal. A los 30 segundos del último duelo recibió un pase sedoso del colombiano Gio Moreno. Con la pelota un poco atrás, el arquero del Taijing Teda bien plantado y el enganche solito a un costado, el Apache pateó igual: tapó Yang Qipeng, ídolo rival. Gio le levantó los brazos un rato largo mientras Tevez, sin mirarlo, le tiró un OK. No debe ser lo único que el delantero elige no mirar: en la Superliga China jugó seis partidos de 11, perdió tres, empató otro, metió un gol (de penal).

Boca había invertido en refuerzos 23,5 millones de dólares para jugar aquel primer Torneo de 30. El tapado de piel dorada que le queda hermoso a los grandes europeos tenía, finalmente, su imitación local: para el mismo período, River, Independiente, San Lorenzo y Racing habían gastado, todos juntos, cuatro millones y medio menos que el campeón. El Boca de Angelici es el mejor representante del fútbol argentino, todo lo que hoy brilla mañana puede ser un polvo ocre que se disolvió. Hace menos de dos años, Monzón firmaba el gol de un nuevo título. Hace menos de un mes, Monzón volvía a jugar después de haberse roto los meniscos de la rodilla derecha en la U. de Chile. Jugó los últimos tres partidos del campeonato, uno solo -el definitivo- como titular. Antes de que la U derrotara 1-0 a San Luis y se consagrara campeón chileno, en el 11 de gala, parado de wing derecho, Ángel Guillermo Hoyos, uno de los primeros técnicos de Messi en La Masia, había alistado al velocísimo Luciano Fabián Monzón.

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