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Arremetida contra los fiscales del Rusiagate

Trump fustigó a Mueller y Rosenstein, a quienes acusó de una "cacería de brujas" en el caso

Sábado 17 de junio de 2017
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WASHINGTON (De nuestro corresponsal).- Washington quedó en vilo, una vez más, por el Rusiagate, luego de que el presidente Donald Trump diera rienda suelta a su malestar en Twitter y arraigara las preocupaciones de que podría despedir a los dos funcionarios a cargo de la investigación: el fiscal especial, Robert Mueller, y el fiscal general adjunto, Rod Rosenstein.

"¡Estoy siendo investigado por despedir al director del FBI por el hombre que me dijo que despidiera al director del FBI! Cacería de brujas", escribió ayer Trump en su cuenta en Twitter.

"A pesar de la falsa cacería de brujas que se desarrolla en Estados Unidos, la economía y el empleo están muy bien. ¡Las regulaciones a la baja, los empleos y el entusiasmo por todo lo alto!", añadió el presidente.

El mensaje pareció tener un destinatario: Rosenstein, que controla la investigación del Departamento de Justicia, y el funcionario que escribió un memorándum en el que recomendó reemplazar a Comey al frente del FBI por pedido de Trump.

La Casa Blanca justificó el despido de James Comey en esa recomendación de Rosenstein. Pero, luego, el propio Trump contradijo a todos al reconocer, primero, que ya había decidido echar a Comey antes de recibir el memo del funcionario; y, segundo, que uno de los motivos de su decisión había sido la investigación sobre la intromisión del Kremlin en la elección y la supuesta existencia de un pacto entre su campaña con el gobierno de Vladimir Putin, una "historia inventada", afirmó.

Luego del despido de Comey, y de las filtraciones en la prensa sobre los intentos de Trump por torcer la investigación, Rosenstein designó a Mueller, que ahora investiga al presidente republicano por supuesta obstrucción de la justicia.

Antenoche, Rosenstein emitió un extraño comunicado en el que advirtió a los estadounidenses ser "cautos" y "escépticos" ante cualquier información publicada en los medios respaldada por fuentes anónimas. Nadie entendió del todo el objetivo del comunicado. Todos los artículos sobre el escándalo han sido publicados con fuentes anónimas.

En un clima espeso, al cierre de una semana en la cual se supo que la investigación oficial ya alcanzó al Salón Oval de la Casa Blanca, cobraron fuerza las especulaciones sobre una nueva "Masacre de sábado por la noche", tal como se llamó a la noche del 20 de octubre de 1973, cuando Richard Nixon despidió al fiscal especial del Watergate, Archibald Cox, una decisión que desató la renuncia del fiscal general, Elliot Richardson, y su "número dos", William Ruckelshaus.

Varios confidentes de Trump coquetearon en los últimos días con la idea de descabezar la investigación sobre el Rusiagate.

Newt Gingrich, "trumpista" de la primera hora, que antaño lideró la ofensiva republicana que terminó en el juicio político a Bill Clinton, criticó de manera incesante a Mueller en los últimos días. Apenas semanas atrás, lo respaldaba. Roger Stone, un histórico operador político republicano, fue más directo. "Yo despediría a Mueller y a Rosenstein por derrochar el dinero de los contribuyentes. Esto es una cacería de brujas", señaló.

Chris Ruddy, amigo de Trump, y el primero que ventiló la idea, cuestionó a Mueller y dijo que está "detrás" del presidente.

Ante la ofensiva "trumpista" contra el fiscal especial, los demócratas intentaron blindarlo.

Dianne Feinsten, senadora por California, y una de los integrantes del Comité de Inteligencia del Senado que investiga el Rusiagate, dijo en un comunicado que está "cada vez más preocupada" por el futuro de Rosenstein y Mueller.

"El mensaje que el presidente envía a través de sus tuits es que él cree que el estado de derecho no se aplica a él y que cualquier persona que piensa de otra manera será despedida", advirtió Feinstein.

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