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Chapu Nocioni, la nobleza y la garra de la Generación Dorada

A los 37 años, el santafecino se retiró del deporte, en la caída de Real Madrid en la final de la Liga de España; una carrera tan identificada con los éxitos como con el corazón y las agallas

Sábado 17 de junio de 2017
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LA NACION
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Foto: LA NACION

Ese gigante de 2,03m que dice "adiós" al básquetbol profesional a los 37 años es el guerrero de la Generación Dorada, el jugador que invita a pensar si su nombre no se convertirá en sinónimo de temple o de garra en el diccionario de la Real Academia Española. Paradójicamente, Andrés Nocioni toma con absoluta tranquilidad el final de su carrera.

Se había convencido en abril pasado de que cuando bajara el telón la temporada española, su trayectoria haría lo propio. Definitivamente. Ayer llegó el día, en el que le dolió más la derrota de su equipo, Real Madrid, que una despedida que había madurado en los 74 días que pasaron desde su descontracturado anuncio hasta el desenlace adverso del certamen, con el tercer triunfo seguido y la consagración de Valencia en el cuarto capítulo de la serie decisiva. Chapu jugó sus últimos 19 minutos, marcó los seis puntos que más frescos estarán en la memoria de quienes lo ovacionaron en territorio valenciano y se marchó con la humildad que simboliza al seleccionado argentino. Y con él, se fueron su pasión y su corazón.

"He ganado, he perdido, he reído, he llorado, he festejado... La verdad es que no he dejado de dar nada. Real Madrid sigue, la selección argentina sigue... Solamente sucede que uno está dando un paso al costado de la mejor manera posible", dijo Nocioni, rodeado por micrófonos y cámaras. La emoción quedó para su privacidad. Chapu forzaba la voz en esos momentos sólo para que se pudiera escucharlo en medio de decenas de hinchas desaforados, algunos que festejaban el título y muchos otros que le rendían tributo. Todo un símbolo, para los equipos en los que jugó y para el mundo del básquetbol. Se ganó el respeto de todos. Acaso el primer mojón haya sido aquella recordada volcada en un mano a mano con el estadounidense Kevin Garnett en el Preolímpico de 1999 en Puerto Rico. Apenas tenía 19 años y diez centímetros menos que la por entonces estrella de Minnesota Timberwolves en la NBA.

Inolvidable su furia para pelear por cada pelota en cualquier partido y para gritar por conversiones memorables, como el triple con suspenso en el último segundo que llevó a la Argentina a una épica victoria en dos tiempos suplementarios contra Brasil en los Juegos Olímpicos Río 2016. Aquella noche, el alero santafecino hizo 37 puntos, tomó diez rebotes y lloró de emoción en la cancha abrazado a sus compañeros. Sería su última obra cumbre con la camiseta albiceleste, en un torneo en el que el número 13 diría adiós al equipo nacional un tanto eclipsado por la despedida simultánea de Emanuel Ginóbili.

Imposible no poner en primer plano su etapa en la selección. Sus 121 partidos, los 1364 puntos, la medalla dorada olímpica en Atenas 2004, la de bronce de Pekín 2008 y la plateada mundial en Indianápolis 2002 son hitos de un fastuoso recorrido con la camiseta celeste y blanca. Su entrega ha dejado una huella. Su legado no tiene precio.

Pasaron 22 años desde que León Najnudel, el creador de la Liga Nacional, viajó a Santo Tomé, Santa Fe, y le dijo a Pedro Nocioni, el padre de Chapu, que los esperaba en Racing, de Avellaneda, equipo al que dirigía. Apenas había visto los movimientos precompetitivos y cuatro minutos de partido cuando se levantó de su butaca y se marchó. No le hizo falta más tiempo para convencerse de que tenía delante de sus ojos un talento fuera de lo común. Andrés tenía apenas 15 años.

En la Academia estuvo sólo uno. Lo mismo en Olimpia, de Venado Tuerto. Y permaneció dos temporadas en Independiente, de General Pico, antes de iniciar su travesía por Europa y la NBA, que tuvo sólo un paréntesis en el Súper 8 de 2011, que jugó para Peñarol, de Mar del Plata, con Sergio Hernández como DT, en medio de una huelga que dejó a Estados Unidos sin triples, tapas ni show por casi seis meses.

Chapu fue campeón en Baskonia y en Real Madrid, clubes en los que conquistó tres veces la Liga, cuatro la Copa del Rey, una la Supercopa de España, una la Euroliga y una la Copa Intercontinental. De sus nueve temporadas en la NBA, las cinco primeras fueron en Chicago Bulls y marcaron el pico de su rendimiento. Desde el comienzo pisó fuerte. Tanto que su desempeño en la parte final de la temporada 2004/2005 lo hizo acreedor al premio al mejor jugador por parte de la franquicia. También Sacramento y Philadelphia disfrutaron de su nobleza. Y hasta con avaricia, pues el último de ellos le impidió jugar en la selección en el mundial Turquía 2010. En los números, el alero promedió en la liga norteamericana 10,5 puntos en etapas regulares y 13 en sus cuatro participaciones en playoffs. Lejos de la gloria del anillo, pero con reconocimiento eterno.

"Fue un camino largo, repleto de piedras, luces, empeño y de grandes satisfacciones. De algo estoy seguro: valió la pena transitarlo", aseguró en abril, cuando comunicó que transitababa su último cuarto en el básquetbol. "Me voy antes de que me echen", argumentaba, con humor. Nadie se habría atrevido jamás.

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