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El cine de autor, en la encrucijada

Domingo 18 de junio de 2017
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LA NACION

El pasado y el presente se entrecruzan todo el tiempo en la encrucijada que vive hoy el cine de autor en la Argentina. Tan incierto aparece el panorama que los más pesimistas se hacen preguntas inquietantes sobre el futuro del cine de autor entre nosotros.

Todos los números y estadísticas disponibles respaldan esos temores. Y, de paso, derrumban uno de los grandes pilares de la cultura cinematográfica argentina de las últimas décadas. Respaldado en aquel pasado glorioso de veneración por la obra de Bergman y Fellini (eternos ejemplos citados por los nostálgicos de aquellas interminables noches en vela en los bares de Corrientes después de las funciones) y, más cerca, por la películas de Woody Allen, siempre se dijo que el público argentino era un modelo a escala mundial de pasión y compromiso cinéfilo.

También se sostuvo hasta hace muy poco, como corolario de lo anterior, que pocos públicos como el nuestro levantaban con tanto ahínco y convicción la bandera de la diversidad cultural en el cine. ¿En qué otro lugar como en Buenos Aires podíamos ver filas de una cuadra de gente que aguardaba paciente su turno para entrar a ver la película iraní El sabor de las cerezas, de Abbas Kiarostami, en agosto de 1998? Más cerca, en noviembre de 2012, Thierry Fremaux llegó como todos los años a Buenos Aires para presentar la Semana de Cine de Cannes. Antes de la primera proyección en la Argentina de Amour, Fremaux subió al proscenio del Gaumont y se tapó la frente con la mano a modo de visera para ver en plenitud la sala abarrotada. "Le voy a decir a mi amigo Michael Haneke que en la Argentina sus películas se ven con el cine lleno", dijo, asombrado, el responsable artístico del mayor festival del mundo.

Era un momento en el que la Argentina todavía podía enorgullecerse de su tradición de respaldo al cine de autor, a la diversidad cultural y a las versiones originales, hoy limitadas por la propagación del doblaje en los estrenos.

Los distribuidores independientes traían cine de todo el mundo (además de todas las novedades argentinas, grandes y pequeñas), algunas majors se animaban a imitarlos con contados lanzamientos y había espacios para exhibirlos, inclusive dentro de las cadenas multipantalla. Por entonces, en 2011, la distribución independiente conseguía una participacióndel 20,40 % en el total de los estrenos.

Hoy, el panorama muestra un vuelco que los observadores más experimentados del mercado no logran explicarse. Siete años después, la presencia del cine de autor se redujo a la mitad y apenas supera el 10%, según los números de 2016 que maneja la Cámara Argentina de Distribuidores Independientes Cinematográficos (Cadicine).

Lo más relevante no es la pavorosa baja de ese porcentaje, sino que hoy aparece como el más bajo de la región. Antes, la Argentina marcaba tendencia en esta materia frente a otros países latinoamericanos. Hoy es superado por todos ellos. El porcentaje de estrenos independientes en Brasil llega al 27%, en Perú al 22 %, en México al 21%, en Colombia al 19% y en Chile al 15%. El caso peruano es especialmente notable, porque se muestra como un espejo exactamente inverso a lo ocurrido entre nosotros. En 2011 el cine independiente no superaba allí el 15% del total. En 2016, se elevó al 22%.

La pérdida de espacios para el cine de autor aparece equivalente al aumento de la presencia de los blockbusters hollywoodenses, que hoy ocupan alrededor del 70% del millar de pantallas disponibles y se aseguran casi el 90% de la recaudación. La concurrencia crece y 2017 podría cerrarse con el récord anual de venta de entradas para el último cuarto de siglo en la Argentina. Pero ese número (proyectado en algo más de 50 millones de tickets) se expresa más que nada a través de la concentración. Cifras maximizadas en apenas un puñado de títulos megataquilleros que absorben casi todas las bocas de exhibición disponibles. Para las vacaciones de invierno, el mercado espera multiplicar como nunca en el año la actividad en las boleterías.

Las terceras partes de Mi villano favorito y Cars serán las más taquilleras del año, con un piso estimado de cinco millones de tickets entre las dos en las estimaciones más conservadoras. Si a ellas les sumamos los otros dos tanques del receso invernal (Spider-Man de regreso a casa y Transformers 5), más otros títulos de gran potencial como las comedias argentinas Mamá se fue de viaje y El fútbol o yo, al cine independiente y de autor le queda sólo resignarse y aguardar hasta septiembre para estrenar algunos de sus títulos en el magro circuito de exhibición del que dispone en la actualidad.

Un estudio realizado por la distribuidora independiente Cinetren indica que las filiales locales de las majors de Hollywood lograron en 2016 un 5% de pantallas respecto de 2015, a expensas sobre todo de las distribuidoras independientes más grandes. De ellas, en otro tiempo no muy lejano, nacía la saludable idea de una suerte de "contraprogramación" respecto de los lanzamientos infantiles y familiares de las vacaciones de invierno. Como los grandes seguían yendo al cine, ese momento era propicio, por ejemplo, para el estreno en esas fechas de la última película de Claude Chabrol. Y la cosa funcionaba muy bien en la taquilla. Hoy el sector festeja los 50.000 tickets alcanzados por la película italiana Perfectos desconocidos, título que una década atrás hubiese triplicado esa cifra con comodidad. La película de Paolo Genovese, además, logró la rareza de estrenarse en algunas plazas del interior, un espacio casi huérfano para el lanzamiento de cualquier cine ajeno a Hollywood o a los tanques argentinos.

El sector independiente de la distribución, al mismo tiempo, aguarda con expectativa una reunión prevista para esta semana con las autoridades del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Esperan que el organismo prorrogue el reintegro del 15% por el pago del virtual print fee (VPF), un canon establecido a escala mundial para financiar el costo de la digitalización de las pantallas. "Son alrededor de 4 millones y medio, pocos en relación con los 29 millones que el sector aporta al Fondo de Fomento por el impuesto a la venta de entradas. Además es un número que sale de la propia actividad y es imprescindible para seguir funcionando", dicen en Cadicine.

Las soluciones que todos esperan apuntan siempre al largo plazo: más oferta de espacios de exhibición para ver cine de autor, estímulos para alentar la diversidad y limitar la concentración de pocos títulos en muchas salas. Mientras tanto, todo se mueve entre el pasado añorado y el futuro incierto. En la encrucijada del presente.

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