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La importancia de la palabra

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LA NACION
Domingo 18 de junio de 2017
Foto: Alternativa Teatral
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Apenas el fin del mundo / Autor: Jean-Luc Lagarce / Intérpretes: Darío Pianelli, Sara Estefanía Córdoba, Guido Napolitano Rodríguez, Rosario Ruete y Bruna Sambataro / Iluminación: Toia Béheran / Vestuario: Sofía Davies / Escenografía: Sofìa Cobas Alé / Dirección: Florencia Fernández / Sala: El Portón de Sánchez, Bustamante 1034 (4863-2848) / Funciones: viernes, a las 20.30. duración: 90 minutos / Nuestra opinión: buena

Como un moderno hijo pródigo, Louis regresa a su hogar materno para reencontrarse con su familia. Ese retorno tiene una finalidad: informarles sobre su próxima muerte. Éste es el detonante que va permitir la exteriorización de asignaturas pendientes a cargo de sus hermanos. Este conflicto está basado en la vida personal de Lagarce, un dramaturgo que murió de sida a los 38 años, antes de que se estrenara Apenas el fin del mundo.

Una constante en sus obras es la reunión de una familia en la que coinciden los que se van, los que se quedan y los que regresan, lo que genera la evocación de recuerdos y frustraciones.

La pieza refleja parte de la historia del autor que se escapa del hogar familiar en busca de sus sueños. La enfermedad, tema constante en su obra, es el envión que lo impulsa a volver a su casa familiar, reavivando resentimientos que no sabe si conviene exponer o no. En definitiva, es una forma de reflexionar sobre la incomunicación que a veces se instala en el núcleo familiar donde los silencios son más elocuentes que las palabras.

Aquí se presenta una paradoja de Lagarce porque el valor de esta pieza es demostrar lo importante que son las palabras, como si el lenguaje fuera un pretexto para demostrar que esta familia no está enfrentada por la falta de amor sino por la incapacidad de verbalizarlo.

Finalmente, queda la sensación de que Louis regresa a su hogar, no para volver, sino para confirmar lo acertada que fue su partida.

Florencia Sánchez, desde la dirección, hace una interesante lectura de la propuesta de Lagarce exponiendo simultáneamente, con un buen diseño escenográfico, las acciones de cada uno de los personajes. El enfoque lo coloca sobre el protagonista, Darío Pianelli, que carga con el mayor peso de la obra, aunque todavía se nota en el trabajo actoral cierta rigidez corporal.

El resto del elenco es homogéneo y demuestra una composición verosímil, aunque hay momentos, especialmente en los monólogos del protagonista, en que se los ve detenidos sin mostrar su elaboración interior.

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