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Balance de un torneo marcado por vaivenes

Diego Latorre

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LA NACION
Domingo 18 de junio de 2017

El largo y entrecortado campeonato argentino encara su semana decisiva con un montón de incógnitas en el aire pero también algunas certezas que permiten trazar un anticipo de balance más allá de los lugares que cada cual acabe ocupando en la tabla final.

El primer aspecto a destacar es que cada vez más se aprecia una especie de contrapunto entre lo que quieren los entrenadores y lo que pueden brindarles los jugadores. Resulta realmente saludable encontrar técnicos adaptados a la mayor complejidad, audacia y riqueza táctica que propone el fútbol actual. El problema es que acá chocan con un par de inconvenientes sin solución: la mayoría de sus futbolistas carecen de una gran formación y, además, no alcanzan a consolidarse debido a la emigración continua. Así, casi todo se queda en buenas intenciones.

La realidad es una mayoría de partidos confusos, con muchos defectos técnicos, en los que se piensa poco, se choca, se corre demasiado y la creatividad escasea. Por eso, todos funcionan y dejan de funcionar por fases, por ciclos. Un día juega bien un equipo y al siguiente, otro distinto. Nadie logra ejercer una superioridad notable sobre el resto y las diferencias en muchos casos terminan estableciéndose por detalles mínimos, casi tanto por casualidades como por causalidades.

Boca, por ejemplo, cambió de manera abrupta un par de veces: primero cuando logró unir a Gago y Tevez dentro de la cancha; después, cuando el 10 dejó el equipo para irse a China. River dejó de ser un equipo inconexo y sin un rumbo claro cuando el regreso de Ariel Rojas permitió acomodar las piezas que estaban sueltas. San Lorenzo y Lanús se resintieron de manera automática en la medida que perdían jugadores. Los equipos pueden tener un sello pero las ausencias los obligan a reacomodarse y la búsqueda se paga con puntos.

Por motivos diferentes, Independiente y Racing tampoco fueron constantes. La campaña del Rojo se encaminaba hacia la frustración cuando recibió a Ariel Holan bajo sospecha y con buena parte de su gente convencida de que nada podía funcionar, más allá del entrenador o del estilo de juego. Pero Holan logró mover las fibras del equipo. Tuvo convicciones y valentía para -incluso con un crédito bajo- tomar decisiones fuertes, como la de incorporar jugadores crecidos en el club. Y pudo torcer el rumbo.

Algo que todavía no consiguió Diego Cocca, quien todavía está intentando reinventar a un conjunto que perdió la solidez y la eficacia de aquel proyecto original que él mismo lideró. El curso de Racing nos hizo rememorar al Racing del pasado, aquel de las turbulencias, la tendencia a la fatalidad y las decisiones apresuradas e incoherentes, como sustituir a Facundo Sava por Ricardo Zielinski, defensor de una línea de juego totalmente opuesta.

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