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La fe del Peque Schwartzman "Si me mantengo, voy a tener buenos resultados en torneos grandes"

A los 24 años, es el segundo jugador argentino en el ranking y, en su "mejor momento", intenta afianzarse entre los 50 mejores; su gran evolución, sus referentes y su deuda con la Copa Davis

Domingo 18 de junio de 2017
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LA NACION
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Diego Schwartzman
Diego Schwartzman. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

En el final de la última tarde de descansos, en las horas previas a retomar los entrenamientos, Diego Schwartzman pide un cafecito. Afuera, el fresco del otoño porteño se hizo sentir durante una breve sesión de fotos. Para Peque, son días de relax; un poco por necesidad, otro tanto por obligación. Atrás quedó la primera mitad de la temporada tenística, que concluyó con la caída en la tercera rueda de Roland Garros frente a Novak Djokovic en cinco sets. El épico cruce con el serbio le dejó sensaciones positivas, pero también una pequeña herida. "En París terminé con un tirón abdominal que requería parar unos días. Pasó durante el quinto set, cuando gané mi primer game de saque. Pensé que se iba a irse enseguida, pero terminé jugando con mucho dolor, con el músculo un poco inflamado. Ahora estoy recuperándome; para lo que viene llegaré bien", cuenta Schwartzman en el comienzo de la charla con la nacion.

De todos modos, rescata las buenas sensaciones que le dejó su participación en Bois de Boulogne: "No sé si terminé de jugar mi mejor tenis en los tres partidos, pero esto me dio la confianza de saber que, sin estar al cien por ciento, puedo ganar dos partidos en un torneo de Grand Slam y competir en el máximo nivel. La respuesta física fue buena, rendí durante mucho tiempo, y también estuve cerca de la victoria contra Djokovic. Cerrar la gira de polvo de ladrillo así me deja muy tranquilo".

El circuito sigue, y pronto vendrá Wimbledon. Schwartzman jugará en Eastbourne y luego acudirá al All England; volverá a la tierra batida en Bastad y Hamburgo, y después desembocará en el cemento norteamericano, en una gira extensa. Con miras a esos desafíos, afirma: "Esa regularidad que busco es importante. En el pasto tengo un lindo desafío, que sería ganar partidos. Me siento muy cómodo en los entrenamientos y yendo a jugar, pero no tuve buenos resultados [perdió sus cuatro encuentros]. Mi juego debería ayudar, porque la pelota no pica, se juega mucho por abajo, pero por otro lado, es una parte del año que dura poco y me tocó competir contra rivales más experimentados. En el cemento siempre me sentí cómodo, así que tengo más confianza en que me irá bien".

-Conseguiste meterte a los 21 años en el top 100. Luego te consolidaste, y ahora, a los 24, evolucionaste y diste otro salto, hasta el top 50. ¿Cuál de estas etapas valorás más?

-Creo que dar el salto a los 50 primeros. Viéndolo desde afuera, la gente no lo valora tanto, pero es importante. Se valora más entrar al top 100, y es algo que se puede hacer sin necesidad de jugar torneos ATP; se puede tener un gran año en los challengers y llegar al top 100. Creo que afianzarse y ganar muchos partidos en el nivel ATP es lo que permite dar el siguiente paso, y eso hace sentirse bien con uno mismo, da mucha confianza, hace saber que si uno llegó ahí lo está por jugar en un nivel muy alto y rendir. Ese paso fue difícil, porque desde 2014 estoy en el top 100, pero llevo poco tiempo en el top 50, y tengo que encontrar regularidad y una intensidad suficiente como para estar bastante tiempo en ese nivel.

-En estos tres años te tocó varias veces jugar contra los mejores y en grandes torneos: Djokovic, Federer... ¿Qué aprendiste de esos choques, más allá de los resultados?

-Me sirvieron un montón. No haber tenido un poco de suerte cuando empezaba a jugar los torneos grandes, y que me tocaran temprano jugadores excelentes y ubicados muy arriba en el ranking, me hicieron tener la experiencia de jugar contra ellos desde chico y me ayudaron a aprender a no bloquearme en la cancha, a acostumbrarme a la intensidad que manejan y a definir un horizonte por apuntar. No es lo mismo no enfrentarse con ellos, jugar siempre contra gente del nivel de uno. Jugar contra los mejores hace tener un horizonte para ver cuánto más hay que entrenarse y por mejorar.

Diego Schwartzman
Diego Schwartzman. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi

-¿Éste es el mejor momento de tu carrera?

-Sí. Tenísticamente, en los últimos dos o tres años tuve partidos muy buenos, y por ahí en alguno toqué mi mejor nivel en cuanto a lo que me conozco, aunque sé que puedo seguir mejorando. Por la regularidad que encontré, éste es mi mejor momento.

-¿Cómo surgió el vínculo con Juan Ignacio Chela para que fuera tu entrenador?

-Me ayudaron Zabala [Mariano Zabaleta] y Pico [Juan Mónaco]. Yo había cortado con Sebastián Prieto después de mucho tiempo, y estaba en la búsqueda de un nuevo entrenador. Leo Olguín sigue siendo parte del equipo y viaja varias semanas conmigo, pero yo tenía que encontrar un líder, una cabeza de grupo con el que me sintiera cómodo, que me aportara y ayudara, y Zabala y Pico me sugirieron a Juan, que tenía ganas de empezar a trabajar. Fue arriesgar un poco para ver cómo iba a salir, y después de casi un año las cosas están saliendo bien.

-¿Llegaste a verlo jugar?

-Sí, no tanto. Pero sé que tenía una forma de jugar parecida a la mía, de partidos largos, de pasar muchas pelotas. Logró mucho con su tenis.

-A partir de los resultados también llega un mayor reconocimiento en la calle. ¿Lo sentís?

-Sí. Creo que de a poco voy haciéndome más conocido gracias a lo que hago. Siempre fue un sueño que me conocieran más por mi forma de ser que por los resultados. Mucha gente opina sobre lo que yo hago distendidamente en las redes sociales; por suerte, la mayoría lo toma como algo divertido, pero sé que en una época de malos resultados la gente puede tomarlo a mal, y yo no voy a cambiar. Los de mi generación estamos muy acostumbrados a las redes sociales; nacimos con eso. Es una forma de hacerse más conocido, de conseguir cosas al margen del tenis. Cada uno tiene una vida, un trabajo, y el mío es un trabajo de exposición, porque el tenis se ve en cualquier lado, y trato de divertirme más allá del resultado que tenga. Si no, al estar tanto tiempo lejos de casa, de mi familia, se hace muy difícil.

-El año pasado, antes de conquistar Estambul, perdiste duramente contra Baghdatis [6-0 y 6-0, en Houston], y escribiste que tocabas fondo...

-Sí. Bueno, a veces uno se apura en poner cosas, o cosas que no corresponde en las redes sociales; eso está claro. A veces uno pierde el eje. Es preciso tener un cierto control. Ahora subo fotos en las que escucho música o tomo mate, algo de fútbol... Nada que pueda afectar ni nada raro.

-Hace un par de años comentabas que no tenías sueños grandes en el tenis. ¿Mantenés esa posición? ¿No te das espacio para proyectar?

-Sí, pero a la vez sigo siendo muy realista. Es difícil ir más allá. En esta época del tenis creo que los diez primeros hacen las cosas de tal forma que, en los torneos grandes, a los demás nos queda poco espacio, más allá de dar alguna sorpresa. Sí tengo claro que, si me mantengo a lo largo de los años, voy a tener buenos resultados en torneos grandes. Ése es el objetivo: mantener esta regularidad muchos años, esperar mi momento en un gran torneo y aprovecharlo. Ya voy cosechando mucha experiencia, grandes victorias y grandes derrotas también, y eso va a hacerme mejorar. Tengo fe en hacer algo bueno en un torneo importante; ojalá sea dentro de poco.

-¿Qué más se puede mejorar?

-Técnicamente es difícil; los cambios que uno hace son los que uno no quiere hacer. Sí puedo aumentar la intensidad que pongo durante dos horas de partido, hacer que eso sea un punto fuerte, que a los rivales les cueste sostenerme. Algo como lo que hacía [David] Ferrer en su mejor momento. Esa intensidad puede reemplazar algo de golpes, de velocidad o de físico que no tengo.

-¿Ferrer es el gran referente para vos?

-Sí, es un referente en la cancha y fuera de ella. Es mil puntos como persona. Hace unos días, cuando ganó un partido por 13-11 en el quinto set, le mandé un mensaje al celu: le dije que era un orgullo compartir torneos con él. Lo tengo como un referente, alguien por mirar en videos y copiarle muchas cosas.

-Por evolución, te has vuelto un referente actual del tenis argentino.

-Me cuesta verme en ese lugar, porque todavía tengo 24 años y soy bastante chico como para lo que hoy es el tenis. No hay tantos jóvenes en el nivel alto, se extendió mucho la edad de los jugadores. Pero sí sé que soy un referente para los chicos que no tienen el 1,90m de muchos tenistas. Muchos me escriben o me dicen "¿cómo hiciste o como hacés con esa altura?", y yo me divierto. Ni pienso en la altura que tengo ni en cómo soy físicamente, y creo que eso ayuda. A veces no me doy cuenta.

-¿Coincidís en que todavía no se vio tu mejor versión en la Copa Davis?

-Sí, es una competencia que me cuesta. Siempre tengo muchísimas ganas de jugarla. Y siempre me tocó bailar con la más fea: el primer año me tocó contra [David] Goffin en indoor en su país, y yo nunca había jugado bajo techo; el partido contra [Marcelo] Melo y [Bruno] Soares, dos que son top 5 en dobles desde hace diez años, que fue durísimo, era mi debut por la Davis... En ningún momento jugué en el máximo de mi nivel, pero lo que rodeaba cada situación no ayudó mucho. Creo que hoy lo haría mucho mejor, y como pasó en mi carrera, en la que usé para bien todas las experiencias, espero que la próxima vez rinda.

-¿Estás para el repechaje en Kazakhstán?

-Sí, sería muy lindo. Sabemos que será muy duro, que la presión en Copa Davis es mucho mayor, que es más difícil rendir que en el circuito, pero a todos les pasa lo mismo. Así que espero llegar bien físicamente, algo que no pude hacer este año contra Italia.

Con Nadal, todo intensidad

-¿Practicaste con Nadal en su academia, antes de que ganara por 10ª en París?

-Sí. Es peor que jugar a cinco sets [ríe]. Rafa pone una intensidad altísima durante dos horas como mínimo, porque eso es poco para él. Es algo muy difícil, pero que a la vez sirve un montón. En los entrenamientos él cambia mucho respecto a cuando compite, porque es más agresivo, juega más fuerte y más intensamente que en los partidos. Estuve tres días en Mallorca, me entrené dos veces con él y fue una preparación muy buena. Es impresionante lo buena persona que es. Más allá de los récords y títulos que tienen, él y Federer son gente tan grossa fuera de la cancha que eso hace que sus logros sean más grandes aun.

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