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Graciela Guadalupe
Domingo 18 de junio de 2017
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"Los peronistas somos como los gatos, cuando parece que nos estamos peleando, en realidad nos estamos reproduciendo."

(De Juan Domingo Perón.)

A Cristina Kirchner se le disgregó el gabinete. Aisló a Randazzo, que peleará en las primarias bajo el sello del PJ, y Massa, que no quiso "pejotear", también la enfrentará en Buenos Aires si es que ella decide finalmente competir por una banca de senadora. Y por los fueros.

Luisito D´Elía, que fue subsecretario de Tierras para el Hábitat Social de la Nación Argentina, en épocas de Néstor, era uno de los pocos que querían aliarse a la ex presidenta. No podrá ser. Cristina le cerró la puerta de su nuevo frente Unidad Ciudadana, que de unidad tiene poco. Quedó tan acotado que debería llamarse Frente de Unidad Ciudadana Kirchnerista, pero la sigla es poco feliz (FUCK) y esta mujer ya tiene bastantes disgustos como para andar buscando un isotipo que le haga honor a ese nombre. A decir verdad, en cuestiones de siglas parece difícil superar a Chusoto (Chubut Somos Todos) o a Bogarcha, los Bonos Garantizados del Chaco, con los que Capitanich pensó seriamente bautizar títulos de la deuda provincial hasta que estallaron las redes sociales. De risa, claro.

Volviendo a los que vuelven, Carlos Menem se postularía para un nuevo mandato como senador por La Rioja. El amigo-enemigo-amigo de los Kirchner no es es único ex presidente que pelearía por una banca. Adolfo Rodríguez Saá (ahora kirchnerista) y Duhalde (ahora no) parecería que también. Faltan Puerta, Camaño, De la Rúa e Isabelita y estamos todos. Siete peronistas contra un radical: una postal de lo que fuimos, ¿o somos?

Gran momento el actual para Cristina. Está en todos los medios y no por los delitos que se le imputan sino porque podría volver al Senado, donde el bloque del PJ la expulsó en los 90. El detonante había sido el pedido de renuncia que Cristina le hizo al entonces ministro menemista de Defensa Oscar Camilión por el caso de contrabando de armas del Ejército a Croacia y Ecuador. Un ataque de ética pública que sus compañeros no compartieron en absoluto. Curiosas las vueltas de la vida. Ella nunca le pidió lo mismo a Boudou, ni a De Vido ni a tantos otros sospechados de su gobierno.

De todos modos, quien quiera ver en estos incipientes chisporroteos el comienzo de un incendio peronista podría equivocarse feo. Como decía el general, los peronistas son como los gatos. Cuando parece que se pelean, se están reproduciendo. Pruebas nos sobran.

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