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Los seis personajes que marcarán el mundo este año

Son dirigentes y fiscales que en el próximo semestre podrían cambiar el destino político de sus países; desde distintas posiciones, y con similitudes e incógnitas, Ortega, Johnson, Mueller, Janot, Schulz y Guillier preocupan a varios gobiernos

Domingo 18 de junio de 2017
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LA NACION

PARÍS.- Unos son admirados y respetados en su función; otros, desconocidos o recién llegados a la política. Están aquellos que navegan en las agitadas aguas de las campañas electorales desde hace años y quienes -con más o menos suerte- cambiaron de posición. Todos tienen, sin embargo, un punto en común: en los próximos seis meses podrían hacer tambalear al gobierno de su país.

En esa capacidad de cambio hay diferencias, similitudes e incógnitas. En Venezuela, la fiscal Luisa Ortega lidera la rebelión interna del chavismo, y en Brasil, el procurador Rodrigo Janot busca fortalecer el Lava Jato. El fiscal especial Robert Mueller se convirtió en una amenaza para Donald Trump, y en Chile, el outsider Alejandro Guillier quiere ser la sorpresa electoral. Y así como Boris Johnson podría desplazar a la premier británica, Theresa May, es difícil que el rival socialdemócrata de Angela Merkel, Martin Schulz, llegue a ser canciller alemán.

A Jonhson, el actual canciller británico, no lo ayuda su superficialidad y su oportunismo ideológico. El otro, en septiembre próximo, deberá hacer frente a un "totem" de la historia política alemana, la actual canciller que intentará obtener su cuarto mandato.

La incógnita también rodea la suerte del progresista Guillier. Llegado a la política chilena hace apenas tres años, acusado de improvisación, hasta ahora ese outsider marcha segundo en las encuestas detrás del favorito y ex presidente, Sebastián Piñera, para las elecciones de noviembre.

Pero tratándose de aritmética electoral, recientes experiencias tanto en Europa como en Estados Unidos confirmaron que suele ser imprudente dejarse guiar por sondeos y previsiones de analistas diversos. Los electorados son imprevisibles. Y los candidatos, también. Los primeros castigan, premian y hasta dan cheques en blanco. Los segundos cometen errores, como caer en la trampa de la omnipotencia.

En el terreno de la justicia, procuradores y fiscales tienen últimamente mucho que hacer. Tal vez no quiera decir esto que el mundo se dirija a un mani pulite bis, reedición de aquel intento de república de los jueces que vivió Italia en los años 90. Pero en momentos en que, hartos de la impunidad y la soberbia de sus dirigentes, los pueblos exigen cada vez más transparencia democrática, la única forma de lograrlo es haciendo respetar la ley.

"La justicia no es una virtud del Estado", afirmaba el gran dramaturgo francés Pierre Corneille en el siglo XVII. En la misma época, los chinos precisaban, sin embargo, que un Estado sin justicia es como un río sin agua. Esa es la inmensa e ímproba tarea que asumió en Venezuela la fiscal Ortega, que decidió rebelarse contra el mismo gobierno que la llevó a ese puesto. En Brasil, también es el objetivo de Janot, dispuesto a hacer la luz -antes de dejar su puesto en septiembre próximo- sobre el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil.

Esa búsqueda obstinada de la verdad parece haber llevado al fiscal especial Muller a enfrentar la tarea más difícil de su vida: aceptar la tarea insensata de analizar la trama rusa que amenaza el gobierno de Trump. Quienes lo conocen afirman que era el único que podía hacerlo. De los resultados de su investigación depende el futuro político de Estados Unidos y -en gran medida- del resto del mundo.

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