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Qué significa para el Gobierno ganar las elecciones de octubre

Jorge Liotti

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LA NACION
Domingo 18 de junio de 2017
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En muchos sentidos, las elecciones de octubre serán la continuación de la disputa electoral inconclusa de 2015. Hace dos años Mauricio Macri triunfó en las urnas y llegó a la Presidencia, pero sólo se quedó con una parte del poder, ya que no obtuvo mayoría en el Congreso, sólo pasó a controlar una minoría de las provincias y, fundamentalmente, su victoria por menos de tres puntos le dejó una rendija de expectativa a un sector del peronismo que aún hoy sigue interpretando que los resultados arrojaron un "virtual empate".

Buena parte del gradualismo que aplicó hasta ahora Macri en sus políticas económicas se entiende a partir de la necesidad de no comprometer la gobernabilidad en un contexto de extrema sensibilidad social, cuando no cuenta con un poder suficiente como para pagar costos mayores. El diálogo como método no resultó sólo una estrategia, sino una necesidad; los retrocesos con ciertas medidas no fueron sólo producto de la impericia sino también de la comprobación de ciertos límites.

El día después de las elecciones del 22 de octubre se iniciará políticamente la segunda mitad del mandato presidencial, y Macri tiene la convicción de que debe actuar con mayor determinación si aspira a un proyecto de más largo plazo.

En la Casa Rosada se acumulan proyectos con cambios impositivos, bocetos con modificaciones de los convenios laborales, e iniciativas para achicar el déficit del Estado. Hay preparativos para pasar de una fase de transición gradualista post populista a otra etapa más reformista.

"Tenemos en claro que debemos pasar a un período de concreción más acelerada, porque sabemos que si en esta elección el discurso del cambio y la expectativa de futuro puede funcionar por contraste con los doce años del kirchnerismo, el tiempo se va a empezar a agotar", admite un funcionario del Gobierno.

Para eso el oficialismo necesita "ganar" las elecciones. ¿Y qué significa "ganar" las elecciones? La primera respuesta, casi linealmente periodística, apunta a la provincia de Buenos Aires: quien gana "la madre de todas las batallas" impone los titulares y el relato.

La segunda, de mayor calado político, invitaría a mirar la composición del Congreso, ya que en definitiva se trata de una disputa legislativa. En consecuencia, si el oficialismo suma bancas y queda cerca de tener mayoría propia en Diputados (en el Senado es imposible), podrá cantar victoria.

Pero existe un tercer nivel, que es más profundo y complejo de determinar. El oficialismo necesita evitar lo que Juan Carlos Portantiero definió como un "empate hegemónico".

Si bien el sociólogo acuñó el concepto para referirse a la Argentina de los 70 predictadura, es útil ahora porque habla de "la lógica de un «empate» entre fuerzas, alternativamente capaces de vetar los proyectos de las otras, pero sin recursos suficientes para imponer, de manera perdurable, los propios".Una suerte de liderazgo desafiado por la paridad. Traducido a los términos actuales, para Macri es imperativo cerrar definitivamente la disputa que se abrió hace dos años, casi como lo hizo Néstor Kirchner en 2005. Si quiere pasar a una fase reformista, necesita no sólo obtener más votos, sino también conseguir un respaldo que quiebre cualquier simetría política.

La probable candidatura de Cristina Kirchner es en este sentido un gran desafío, pero también una gran oportunidad, porque ella representa la principal contracara del Gobierno.

La ex presidenta hubiera querido evitar participar en estas elecciones, porque lo que realmente le interesa es disputar la presidencia en 2019. Pero ante la ausencia de alternativas y la amenaza de dispersión, parece haber llegado a la conclusión de que la única manera de sostener la sensación de "empate hegemónico" es postulándose.

Es imprescindible para ella mantener viva la acechanza al Gobierno por dos años más. Si gana en octubre, y quizá también si se posiciona muy claramente como el único eje de polarización (por ejemplo, que pierda por muy poco margen con el oficialismo, pero le saque una gran ventaja al resto), lo habrá logrado. Seguirá siendo la gran electora en el peronismo, mal que les pese a los gobernadores e intendentes del partido que en los últimos 18 meses se llenaron la boca hablando de renovación, pero no pudieron articular un esquema de liderazgo alternativo.

Pero si Cambiemos logra derrotarla con contundencia podrá decir no sólo que triunfó en las elecciones, sino que además se abrió paso a una etapa diferente de su gobierno. Eso sería "ganar" las elecciones. Hundir definitivamente el proyecto de regreso al poder del kirchnerismo e instalar la idea de que el macrismo no es un mero paréntesis entre administraciones de origen peronista. Así podría dejar definitivamente detrás la sensación de "empate hegemónico" que lo acompaña desde 2015.

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