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Las excéntricas hermanas Mitford (I)

Verónica Chiaravalli

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LA NACION
Domingo 18 de junio de 2017
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Desde la introducción a Nobles y rebeldes, el periodista británico Christopher Hitchens desafía al lector: ¿cuántas familias recuerda con una hija que escribiera una brillante novela satírica sobre el fascismo, otra que tuviera a Goebbels como padrino de boda, una tercera que intentara matarse por devoción a Hitler y una más que planeara aprovechar el nazismo de las otras dos para descerrajarle al Führer un tiro mortífero? Lord y lady Redesdale criaron bajo el mismo techo a esas cuatro mujeres: la hermanas Mitford (a ellas se sumó un único hermano varón, Tom) vivieron a contrapelo de las buenas costumbres y en el centro del escándalo.

Además de la novelista Nancy, la bella Diana -que en segundas nupcias desposó al líder del fascismo británico sir Oswald Mosley- , la inverosímil Unity Valkyrie ("Gorgojo" o "Gorgo", para los íntimos) -predestinada a las huestes nazis desde su bautismo- y Jessica ("Decca"), ferviente antifranquista, los siete hijos de los Mitford incluían a Pam, que continuó la tradición ocupándose de las tierras de la familia, y Debo, quien, a salvo de la originalidad algo enloquecida de sus hermanas, aspiraba a casarse con un duque.

En Nobles y rebeldes, publicado en 1960, Jessica narra las vicisitudes de su extravagante familia. Se trata de unas memorias subjetivas y por momentos desopilantes. Pero la levedad, aun la frivolidad que Decca imprime a su relato, no empaña la agudeza de sus observaciones; ni la ironía, a veces cruel, destruye el cariño (¿la compasión?) que dejan traslucir los retratos de sus padres y hermanas. Levedad e ironía tampoco alcanzan a velar el dolor, cuando la muerte y la desgracia golpean. La parábola de las Mitford -que en esta página se leerá en dos entregas, hoy y mañana- llega a nuestros días, felizmente reeditada, como el resplandor de un mundo extinguido. También, como la historia de un gran amor.

Los Mitford se mudaron a la mansión familiar de tres plantas, a tres kilómetros del pueblo de Swinbrook, en 1926, cuando Jessica tenía nueve años. Decca recordará la gran casona como una prisión autosuficiente, de la que sus padres no consideraban necesario que alguien saliera, en especial el trío formado por las hijas menores: Gorgo, Jessica y Debo. Todo se hacía puertas (o rejas) adentro: la educación a cargo de institutrices que huían despavoridas, víctimas de la conducta insoportable de las niñas, el ejercicio físico en canchas de tenis o con caballos propios, hasta las operaciones quirúrgicas, supervisadas siempre por el irascible lord Redesdale, para terror de los médicos.

En esa atmósfera claustrofóbica, las pequeñas crecieron juntas pero aisladas, lo que las llevó a desarrollar rasgos de carácter bastante peculiares: hablaban un idioma propio e incomprensible para los demás, jugaban a atormentar a los mayores con violentos rasguños y pellizcos o a imitar "la dolorosa expresión de concentración en la cara de una gallina cuando pone un huevo" (al parecer, el pasatiempo preferido de Debo).

Jessica desesperaba por crecer y hacerse adulta. Soñaba con ir a la universidad, pero era un sueño imposible, puesto que no tendría nunca la educación formal previa y necesaria. Mientras tanto, la vida de las hermanas mayores transcurría como en una película fascinante: terminaba la década del 20 y Nancy publicaba su primera novela, mientras que la bella Diana se casaba con el millonario Bryan Guinness contrariando a sus padres, que no veían con agrado esa inmensa fortuna (tan poco sobria) amasada en el comercio de la cerveza (tan poco aristocrático).

A comienzos de los años treinta, la adolescencia transformaba a las niñas Mitford. Las lecturas profusas y desordenadas de Decca la condujeron al socialismo, en tanto que Gorgo se convirtió en una muchacha "enorme y un poco alarmante". Unity Valkyrie era robusta, medía más de un metro ochenta y, sabiendo que no se destacaría por su belleza, había decidido hacerlo por su personalidad. Asistía a los bailes de debutantes con aparatosos brocados de vestuario teatral, grandes joyas falsas y una rata amaestrada como mascota.

Pero Gorgo andaba en busca de emociones más fuertes que simplemente épater les bourgeois. Comenzó a frecuentar la casa de Diana (sitio prohibido por sus padres desde que lady Guinness se convirtió en una "divorciada", al cabo de dos años de matrimonio) y allí conoció a sir Oswald Mosley, futuro marido de Diana y mentor de la Unión Británica de Fascistas, a la que Gorgo se afilió con entusiasmo. Para las más pequeñas de las Mitford había llegado el momento de pensar en el futuro: Gorgo viajaría a Alemania para aprender alemán y conocer a Hitler, Debo se convertiría en duquesa y Jessica se fugaría y sería comunista. Las tres cumplieron sus sueños. Aunque entonces ignoraban el precio que tendrían que pagar.

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