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Papá en casa: los hombres argentinos también se toman licencias por nacimiento

Ya hay empresas privadas que ofrecen el beneficio, de hasta 40 días, a los padres; establecer el vínculo con los hijos en los primeros meses, la ventaja

Domingo 18 de junio de 2017
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LA NACION
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Fausto Della Vecchia, junto a su hijo Antonio
Fausto Della Vecchia, junto a su hijo Antonio. Foto: LA NACION / Silvana Colombo

Lo más difícil fue comunicar la decisión al equipo de rugby de Liceo Naval, con el que juega desde hace años. Después de un entrenamiento intenso, Fausto Della Vecchia, de 30 años, anunció que por las próximas semanas entraría de licencia por paternidad. Él trabaja como coordinador del área de Finanzas de una empresa de cosmética, que desde noviembre pasado incorporó esta figura. Desde ese momento, Della Vecchia pasaría los primeros 40 días de su hijo Antonio, en casa. Aunque Natura, la empresa para la que trabaja, es pionera en el país en dar el beneficio a sus empleados, existen otras compañías que empezaron a flexibilizar sus políticas para impulsar que los padres estén presentes durante los primeros días de vida de sus hijos, tal como lo establece la Organización Mundial del Trabajo (OIT).

Hoy, por ley, los hombres argentinos tienen sólo dos días de licencia por nacimiento. Y si el hijo llega un viernes, no tendrá ningún día extra porque el beneficio correrá durante el fin de semana. Por esto, muchos padres se toman días de vacaciones para estar en casa luego del nacimiento. La Argentina se encuentra entre los países de la región que menos tiempo de licencia da a los padres. Hay provincias, como Tierra del Fuego y San Luis, que les asignan dos y tres semanas de licencia a los empleados de la administración pública.

Los especialistas apuntan que, el hecho de que los padres tengan una licencia tan reducida, atenta contra la formación del vínculo desde el primer momento de vida y, a su vez, amplía las desigualdades laborales entre hombres y mujeres.

Durante esos 40 días, Della Vecchia se descubrió haciendo la voz de los peluches para que Antonio cambiara el llanto por risa. Se volvió un experto en la cocina. Discutió mano a mano con su mujer, Gimena Carrillo, sobre qué repelente había que usar. Y hasta vivió paso a paso la caída del cordón umbilical, como si se tratara de la final de un Mundial.

"Cuando volvimos de la clínica, caí en la cuenta de que mi vida ya nunca iba a ser igual", confiesa el padre de Antonio, que hoy tiene siete meses. "Al principio, sólo solicitaba turnos, hacía los trámites, facilitaba todo para que la mamá y Antonio estuvieran bien. Pero después, empecé a involucrarte en la relación y fue ahí donde se construyó este vínculo tan hermoso con mi hijo", dice orgulloso.

Los 40 días se le pasaron volando. "Al volver al trabajo, pensaba que había estado ahí cuando a Antonio se le cayó el cordón y en su primer baño. Me hubiera perdido de todo eso, si hubiera vuelto a trabajar dos días después del nacimiento", apunta.

Al igual que le ocurre a las madres, Della Vecchia pensó que al no ir a trabajar iba a tener tiempo libre de sobra para hacer aquellas cosas que tenía pendientes, como salir a correr o ir al entrenamiento de rugby. "¡Qué iluso! No tenés tiempo para nada. El día se te va entre hacerlo dormir, llevarlo al pediatra, acomodar la casa, cocinar, recibir visitas. Y cuando crees que te vas a poder sentar en el sillón para ver esa serie que venís postergando, el bebe llora y el baile empieza otra vez ", sintetiza Fausto.

Como el primer hijo de Diego Ruiz Díaz, que hoy tiene nueve años, nació un viernes no tuvo ni un sólo día extra de licencia. Por eso, hace tres meses, cuando llegó Lola a su vida, disfrutó como nunca esa semana completa que le dieron en su trabajo. Con 38 años, es subgerente de Arquitectura e Innovación en Farmacity. Desde hace un tiempo, la empresa también incorporó el beneficio: una semana de licencia para los padres luego del nacimiento y la posibilidad de reducir su jornada laboral dos horas diarias hasta que su hijo cumpla cinco años. "Sin dudas es un tiempo ganado. Hoy, el vínculo es buenísimo", dice.

Alcanzar a los padres que no trabajan en relación de dependencia es otro de los cambios que se impulsan. En Workana, una de las plataformas de trabajo remoto e independiente más grandes de América latina, estiman que en la Argentina, el año pasado los trabajadores de este tipo crecieron un 180%. "Entre los freelancers de la plataforma, hay una gran cantidad de padres y madres que eligen esta modalidad para pasar más tiempo con sus hijos. Un 56% tiene hijos y sólo el 35% recibe ayuda externa para cuidarlos", explican desde la empresa.

Tiempo ganado

Martín Sauro, de 40 años, es el padre de Ángelo, de siete y Bianca, de tres. Vive en Empalme Villa Constitución, en Santa Fe. Cuando su esposa, Natalia Mauro, comenzó a trabajar como radiooperadora del servicio de emergencias de salud de la provincia, con horarios rotativos, la familia entera se tuvo que replantear su organización. Fue así como Mauro decidió dejar su trabajo como vendedor en un local de repuestos de auto para buscar un camino independiente. Empezó en Workana, en noviembre pasado. "Para poder llegar a todo, me levanto a las cinco y trabajo unas cuatro horas hasta que los chicos se despiertan. Después, estoy con ellos, los preparo para el colegio y los llevo. Entonces sigo trabajando unas horas más hasta que salen. Esta forma de trabajo y la diferencia horaria con los países para los que hago proyectos, me permitió estar presente más tiempo en sus vidas", cuenta.

Iker nació el 4 de abril pasado y desde entonces la vida de Miguel Ángel y Pilar se revolucionó por completo. Los 40 días de licencia fueron una experiencia que no olvidará.

"Mi mayor miedo antes de que naciera Iker era cómo iba a formar el vínculo. Siempre pensaba que con la madre se daba de manera natural, al haber estado en la panza, al tomar la teta. Pero el lazo con el padre hay que construirlo. Y muchas veces no ocurre durante el primer tiempo. Pero el haber tenido la posibilidad de involucrarme en todos sus momentos, desde el minuto cero de su vida, hizo las cosas más fáciles. Hoy, puede quedarse conmigo si no está la mamá y está tranquilo. A la noche, si llora y escucha mi voz, se calma. Como papá, no puedo sentirme más satisfecho", concluye.

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