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Gael García Bernal: "Acepté la actuación como forma de vida y como estirpe, pero no como profesión"

De paso por Buenos Aires, el actor mexicano anticipó que en marzo protagonizará en el teatro Coliseo Ejercicios fantásticos del yo, una obra teatral que cuenta un día en la vida de Fernando Pessoa

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PARA LA NACION
Lunes 19 de junio de 2017
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Gael aparece puntual en un bar de Palermo, sin cara de dormido y de buen humor, a las 9 de la mañana. Como se sabe, es de contextura pequeña, pero de presencia decidida. Sus ojos celestes, inmensos y expresivos ocupan mucho del espacio y el gesto de sus brazos y manos en movimiento acompaña casi todas sus declaraciones. Con ese poco Gael logra ocuparlo todo.

Lo tiene claro: cuándo opinar, cuánto contar y en qué explayarse. En este caso, cuenta que en marzo del año que viene estrenará Ejercicios fantásticos del yo, de la multipremiada escritora y periodista mexicana Sabina Berman, con producción de Sebastián Blutrach (el dueño del Picadero) y codirigido por la propia Berman y Nelson Valente (El loco y la camisa), en el teatro Coliseo, para luego llevarla a México. Y aunque no quiere adelantar demasiado para no atentar contra "los dioses del teatro", mientras desayuna huevos revueltos con jamón crudo y café de filtro, se dedica a establecer la conexión que, desde siempre, lo ligó con los escenarios.

-¿Ya leíste Ejercicios fantásticos del yo?

Sí, la historia versa sobre un día en la vida de Fernando Pessoa y sus heterónimos. Es una situación que solamente se le puede ocurrir a una persona muy inteligente, muy avezada, muy simpática y perspicaz, como es Sabina Berman. Es muy divertida la obra. Por un lado, es entretenida y muy emocionante, alocada. Aparte de eso, tiene poesía, no es como la de sor Juana, no es que debes tener un cierto nivel académico para atravesarla. Es una poesía muy generosa la de Pessoa. Por eso puede ser para un público interesado en él o que no tiene la más remota idea de quién es o qué es la poesía. Lo más lindo que puede pasarte es que sin darte cuenta luego de ver la obra caigas en un poema. Es lo que quiere lograr. Si estuviésemos haciendo una obra "lineal", ese tipo de relatos donde todo cierra, habría una especie de caducidad. Pero con la poesía es distinto: puede haber mundos por descubrir.

-¿Conocías la obra de Pessoa?

No soy un lector avezado de Pessoa. He leído Libro del desasosiego como una especie de I Ching. Pero Sabina, sí. Ella está muy interesada en la psicología y en una de las capacidades principales de la poesía: aumentar la capacidad de vida. Para ella el poeta es más grande que un manantial, puede transformar mundos y universos. Y puede ser una multiplicidad de personas en una sola. Sabina dice que Pessoa es "el poeta del siglo XXI", el que buscó y encontró algo que potencia el lenguaje.

-¿Qué representa el teatro en tu vida?

Crecí en una familia de actores de teatro. En un ambiente underground, podría llamársele hoy. Era un teatro universitario, de búsqueda, de experimentación. Y además albergaba a exiliados de todas partes del mundo. Había una movida muy interesante en México. Siempre había apoyo del Estado, de instituciones públicas como la Universidad Nacional de México (UNAM), el instituto mexicano de seguro social, los sindicatos, y también de privados. Entonces estábamos subsidiados, viviendo apenas con lo que se podía, pero se hacía mucho teatro y había libertad, se podía decir de todo. Ahora se puede menos.

-¿Por qué?

Creo que hay autocensura. Estamos en una época muy pudorosa, a diferencia de aquel entonces.

-¿Siempre supiste que querías ser actor?

Toda la vida pensé que iba a hacer teatro, pensé que no me podía escapar de eso. Como pasa en una familia de gitanos, pero la mía era de artistas. Igual tuve muchas inquietudes: ser médico pediatra rural, ser reportero, en algún momento coqueteé con la poesía, el fútbol también... Toda la secundaria hice teatro y el problema es que no quería ir a la escuela. El teatro era más emocionante, aprendía más. Pero siempre resistí la actuación como una profesión. La acepté como forma de vida y como estirpe, pero no como profesión.

-¿Y estudiaste para ser actor?

Después de una huelga en la Facultad de Filosofía en la UNAM empecé a viajar y me fui a estudiar teatro a Londres, formalicé por primera vez. Entonces me lo empecé a plantear: "Bueno, quizá mi profesión es ser actor, montar una compañía de teatro y viajar". Pero apareció el cine y todo cambió. Me atrapó su dinámica, su narrativa y su método de trabajo. Y siento que es lo que me pertenece ahora. En cambio, el teatro es aquel lugar... [estira el brazo en un gesto melancólico]. Siento lo mismo que cuando voy a Guadalajara, donde nací: reconozco los olores, la gente que está ahí, su mecanismo. Me da paz, calma, la sensación de que estoy volviendo a mi patrimonio, al lugar de donde soy. Es algo muy biológico y muy elemental. El teatro para mí será este divertimento siempre, este cabaret, este carnaval al cual pertenezco. Y hacer Ejercicios fantásticos del yo será volver a eso.

-Protagonizás Mozart in the jungle, la serie producida por Amazon Prime, una plataforma de difusión online (aquí se emite por Fox Life también). ¿Qué pensás sobre los nuevos modos de reproducción de los contenidos audiovisuales?

-Está comprobado que los cines no van a cerrar. Es una experiencia única, como el teatro, como la música en vivo. Ir al cine es un acto colectivo y queda registrado en la cultura familiar inclusive. A mí me llamaron para hacer la serie hace apenas cinco años. Y en ese momento sonaba como ciencia ficción: Amazon quiere producir una serie de diez capítulos de media hora, una comedia que se graba en Nueva York. Entonces yo me preguntaba: [con los ojos abiertos en señal de asombro] "¿Y qué es Amazon Prime? ¿Van a tener un canal?". Y hoy ya entendemos. Es un mecanismo que se ha diversificado, y sobre todo en Estados Unidos, donde no existe un espacio para la experimentación en el cine, la televisión se ha convertido en eso. En lo que ha ayudado mucho el streaming es en que se ha apropiado de la estructura de la "buena historia". Y al cine lo liberó de esa carga y entonces volvió a ser el lugar para la poesía, que es el que siempre debió haber sido. Una experiencia cinematográfica, pura, libre, no atada a una buena historia nada más. De hecho ya nos resulta insoportable ver una película que tiene -sólo- una buena historia: "Hagan la serie", pensamos. Si es una buena historia, que se prolongue y que dure un poquito más. Diría que el cine es la poesía y que la tele es la novela.

Fuiste jurado en la última edición de Sundance y premiaron I Don't Feel at Home in this World Anymore, una película producida por Netflix sin estreno en salas

-Lo que es interesante es que es la película hecha con la mayor libertad de todas las que estaban en competencia. Podría navegar en más festivales, acercarse en un entorno más cinematográfico a la gente, pero ahora la puedes ver desde tu casa. Pienso que cuando tienes una buena experiencia cinematográfica dices: "Qué bueno hubiese sido verlo en pantalla grande". Todos tenemos recuerdos fantásticos de haber visto una película en sala. En cambio, no nos llega tan directo cuando es en la tele. No hay discusión al respecto. No es lo mismo. De todas formas, creo que el reclamo no es ni al público ni a los creadores. Es hacia la industria misma. Pienso qué maravilla que esté en Netflix I Don't Feel at Home in this World Anymore porque no se hubiera estrenado en muchos cines y no la hubieran visto muchas personas, ya que no tiene ninguna estrella grande, pero existe un público para ella. Aprecio lo que hacen en Amazon al respecto porque permiten que haya un lanzamiento paralelo: que las películas estén en cines primero y que luego de cuatro semanas se puedan ver online.

-Pusiste la voz en Coco, la nueva película de Pixar que recrea el universo mexicano. ¿Qué opinión te merece que se haga una producción tan masiva sobre ese tema en esta coyuntura?

-Las de Pixar son películas que ve todo el mundo. Entonces quieren hacerlas bien y se meten en problemas interesantes. En Coco, la mayoría de los que trabajamos somos mexicano-americanos. Tiene un significado muy especial. Me recuerda una anécdota. Un amigo indocumentado que fue deportado (era de México, pero vivía desde hacía mucho en Estados Unidos), me dijo: "México para mí es la mamá que nunca conocí. La añoro y la busco. Y Estados Unidos es ese papá que no me quiere reconocer". Entonces para la gente de allá es muy importante, en el marco de una presidencia que se ganó en parte diciendo que los mexicanos somos narcotraficantes y violadores, gente mala, y en esa dicotomía que les encanta usar a los pinches gringos. Para los mexicano-americanos, Coco es un acto de resistencia, una película muy propositiva y que evidencia lo indivisible, lo que ya no se puede separar. Somos muy distintos, es verdad, pero Estados Unidos se beneficia de una cultura mexicana que es mucho más compleja, transversal y rica que la cultura estadounidense. Es otra la forma. Entonces me enorgullece ser parte de esta película. Porque el acercamiento es muy bonito y es muy divertida, pero se va a llorar un montón porque trata acerca de la muerte y qué pasa en la muerte.

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