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Wim Wenders será "el segundo violín" de Daniel Barenboim

El director de Las alas del deseo hará la puesta de Les pêcheurs de perles, de Bizet

Lunes 19 de junio de 2017
"Es emocionante hacer algo por primera vez", dice Wenders
"Es emocionante hacer algo por primera vez", dice Wenders. Foto: DPA
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BERLÍN (DPA).- El cineasta alemán Wim Wenders debutará el sábado en Berlín como director escénico con la ópera Les pêcheurs de perles (Los pescadores de perlas), de Georges Bizet, de la mano de Daniel Barenboim. "Es emocionante hacer algo por primera vez -dice el director de Las alas del deseo, París Texas, Pina y Buena Vista Social Club, entre otras-. No es frecuente tener que aprender tantas cosas juntas. En el cine yo tengo todo más o menos bajo control, pero en la ópera el director de orquesta es la persona decisiva y el director escénico, el segundo violín. Ahora estamos ensayando con la orquesta y estoy comprobando con satisfacción cuánto se debe preparar la dirección musical".

Les pêcheurs de perles fue la primera ópera que usted escuchó.

-Durante mucho tiempo la conocía sólo de escucharla. No es una ópera que se represente a menudo, lamentablemente. La vi por primera vez hace poco, en Berlín, en una transmisión realizada en directo por el Museo Metropolitano de Nueva York. Para verla, la gente vino al cine vestida con trajes de color negro. Entonces supe exactamente cómo no quería hacer la ópera.

-¿Qué lo atrae de ella?

-La música es increíble. Me parece sensacional que Georges Bizet la escribiese con 24 años. ¡Me parece inconcebible! ¡Cuántas ideas logró incluir en la obra con su ímpetu juvenil! La historia de la ópera es interesante, un clásico triángulo amoroso.

-¿Qué puede aprender el director de ópera Wim Wenders del director de cine Win Wenders?

-La distribución del espacio, la luz. Para mí la luz es el elemento más importante después de la música. La luz cuenta mucho en el escenario. En la ópera uno tiene un único espacio y la luz es la que permite crear otros espacios y ambientes. Esta ópera discurre en un lugar que es muy apropiado para la imaginación: una isla.

-¿Tenía ya una idea de cómo podría ser la puesta la primera vez que escuchó la ópera?

-Conocí la música de Les pêcheurs de perles sobre todo por la aria de Nadir (el papel del pescador que en la obra interpreta un tenor). No me la pude quitar de la cabeza durante meses. Finalmente, compré el disco con la ópera completa, pero no disponía de imágenes para una representación, por lo menos no tenía imágenes concretas. La ópera no la había visto ni se representaba en ningún sitio accesible. Entonces no era tan fácil como hoy tener todo a disposición en YouTube. Así que cuando recibí la invitación por parte de Daniel Barenboim para hacer algo juntos y, además, la generosa oferta de que yo hiciese una propuesta, pensé que si era una cosa que yo iba a hacer por primera vez debería ser algo que no se puede ver habitualmente, y propuse esta ópera. Barenboim echó un vistazo a la partitura y dijo: "Sí, es bonita, yo tampoco la hice nunca", y aceptó.

-En sus films la música también juega un papel central.

-Sí, hay desde música latinoamericana hasta rock and roll, blues o fado. La música clásica no la incluyo a menudo en mis películas a pesar de que he trabajado a menudo con música de orquesta.

-¿Evitó la música clásica?

-Escucho mucha música clásica, pero la ópera es otra profesión. Por primera vez pensé en ello en 2013 cuando me propusieron participar en el festival de Bayreuth. Pero de ahí no salió nada. Luego me llamó Barenboim.

-Entre los no habitués se ha creado una especie de mala fama de que la ópera es una disciplina un tanto artificial. ¿Comparte esta opinión?

-Sí, en ocasiones ocurre. En algunas óperas yo también he pasado por eso, no consigo entrar en la obra porque me resulta artificial. En el caso de Les pêcheurs de perles también tuve miedo a eso, pero cuando vi a los cantantes, desapareció. Todo resultó muy real.

-Usted quería ser saxofonista.

-Sí, aunque este instrumento apenas está presente en la orquesta. Pero cuando tenía 21 o 22 años vendí mi saxofón y me compré una cámara de 16 mm. Fue una especie de encrucijada en mi vida, pero no me arrepiento. Para ser realmente bueno no habría podido hacer otra cosa que tocar el saxofón. Me di cuenta de que no contaba con ese talento.

-Y optó por una disciplina artística en la que se entremezclan todas las artes, el cine.

-Sí, pero lo he ido descubriendo poco a poco. Mis primeras películas eran mudas. Que el cine tenía relación con la música, la arquitectura o la literatura lo aprendí más tarde.

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