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"Rebuscar" adentro para abrazar el drama

Lunes 19 de junio de 2017
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La plaza del Diamante se desarrolla en los años de la posguerra en Barcelona, sobre la base de la novela de Mercè Rodoreda que obtuvo repercusión mundial desde su publicación, en 1962, y que fue traducida a 27 idiomas. Cuenta la historia de Natalia, "La Colometa", una chica huérfana que se siente perdida en el mundo y que verá partir y morir a sus seres queridos; pasará hambre y miseria hasta el punto de creerse incapaz de sacar adelante a sus hijos.

Joan Ollé es el director de la obra, que ya se representó en España entre 2014 y 2016, y acierta al liberar el texto de ataduras estéticas para mostrar a un personaje con la sola compañía de un añejo banco de plaza. Así, se luce una Lolita Flores desgarrada por el dolor de la mujer a la que interpreta. Según la actriz, "hay que rebuscar" adentro para interpretar un papel tan sufrido. Y ella sabe de sufrimiento, con la muerte temprana de su madre y de su hermano, o con su propio cáncer.

-¿Por qué elegiste hacer este papel?

Además de que es una obra muy conocida, como el libro en el que está basada, tiene mucha similitud conmigo, porque si bien nunca llegué a conocer a la autora, Mercè Rodoreda, ella escribió esta historia en el barrio de Gracia, de Barcelona, que es el barrio en el que mi padre nació. Entonces, ante el ofrecimiento, sentí un halo de magia. Es un monólogo muy denso; es crudo. Pero termina bien. No te deja con la espada metida en el corazón. Es un monólogo en el que se sufre, pero es un poco lo que les ha pasado a las Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo. Es de la posguerra española, pero tiene su similitud en cualquier país del mundo donde haya habido una guerra.

-¿Es verdad que se es mejor actor en un drama si se sufrió en la vida? Un poco como para hacer tango o flamenco...

Yo creo que el sufrimiento lo tenemos siempre adentro, como la ira. Es simplemente meterte la mano adentro y rebuscar. ¿Quién no ha sufrido, quién no te ha contado una historia de ese tipo? Yo he tenido anécdotas de gente que me ha ido a ver y me ha dicho: "Me ha recordado mi vida" o "me ha recordado a mi abuela". Porque aunque no hayamos pasado hambre ni hayamos tenido en algún momento que matar a nuestros hijos, sabemos lo que se puede llegar a sentir. Es eso es rebuscar adentro.

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