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Sentado espero

Lunes 19 de junio de 2017
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Foto: Reuters / David W. Cerny

Es él y de algún modo somos todos. Este hombre, sentado en un rincón de la principal estación de tren de Praga, es alguien que hace tiempo entre la salida de la oficina y el vehículo que lo llevará a casa. En inglés tienen nombre propio: commuters, los que viajan a diario entre su hogar y el trabajo. Habría que inventar también un nombre para la espera en las estaciones de tren, de avión, de ómnibus. Ese detenerse del tiempo que a veces se da entre mochilas, valijas o bolsos, y otras entre el conocido y prosaico equipaje de todos los días. El hombre de la foto navega en su celular. Quizá chatee, responda las dudas de algún grupo de WhatsApp, consulte mails. A su alrededor, el tiempo danza la lenta coreografía de la espera. La vida respira más lento en esos trances; todo es repentinamente un no-lugar, un no-ocurrir. La modorra que ni agota ni descansa. Pero ahí están las redes, serviciales, decididas a que la nada se vista de otra cosa. A veces lo logran.

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