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River se bajó del campeonato con su formación ideal, pero siendo un equipo irreconocible

Tras una larga persecución, Boca le quedó inalcanzable a dos fechas del final; Racing lo neutralizó con un planteo agresivo en la marca y oportuno en el ataque

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LA NACION
Domingo 18 de junio de 2017
Marcos Acuña define después de la mala salida de Batalla y marca el tercero de Racing
Marcos Acuña define después de la mala salida de Batalla y marca el tercero de Racing. Foto: Télam
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El partido en el que River se terminó despidiendo del título fue una metáfora, todo un símbolo de su recorrido en el torneo: siempre corriendo de atrás, tratando de acortar distancias, lejos en algún momento, más cerca en otro, pero sin llegar a la meta ni al objetivo. Cuando Racing le ganaba 3-0 con una demostración de practicidad y contundencia, River se retrotrajo a ese momento de marzo en el que había quedado a once puntos de Boca, al que parecía imposible alcanzar, tanto como evitar la derrota frente a la Academia.

Pero aun en el peor rendimiento del semestre, definición que corrió por cuenta de un Gallardo que suele ser más indulgente en los análisis, a River le quedó un arresto, un vestigio de bravura para que la goleada en contra se redujera a cifras más decorosas. El primer descuento, un cabezazo cruzado de Larrondo -pobre, su primer gol en un año en River quedó en una anécdota- y el desvío de Maidana en el 2-3, cuando quedaban cuatro minutos más los cinco de descuento, levantaron un poco una temperatura que en el Monumental era gélida por más de un motivo: por el invierno que se avecina y porque la producción del equipo era de muy bajas calorías, no templaba el ánimo de nadie. Hubo minutos en los que el estadio era un gigante enmudecido y petrificado. La tibia reacción del final no le alcanzó, fue tan insuficiente como esa remontada del certamen en la que sumó nueve triunfos en diez fechas. Eso sí, ese tramo de la campaña lo mostró con más fútbol y entero que en la mayoría de los 90 minutos de ayer.

Lucas Alario
Lucas Alario. Foto: DyN

River puso a su formación ideal, con actuaciones individuales que en ningún caso merodeó la calificación de aceptable. A los titulares habituales Gallardo los vio tan desconocidos que admitió que, de haber podido, habría hecho ocho cambios. Pero en ese caso, el Muñeco se habría encontrado con otro problema, porque no dispone de material calificado para una renovación profunda. Entre lesionados, jugadores que están por debajo de lo esperado y algún juvenil todavía demasiado verde, el entrenador no cuenta con muchas soluciones a mano en el banco. River son sus once titulares de ayer y poco más. Cuando estos tienen un mal día, no hay salvador providencial desde afuera ni una carta guardada que modifique sustancialmente el curso de los acontecimientos. Mayada es uno de los pocos sustitutos útiles por su polivalencia y velocidad para adaptarse a distintas funciones.

Racing le negó los espacios y le cortó todos los circuitos a River. La Academia neutralizó con un planteo inédito a un rival que conoce de memoria su libreto. De estas sorpresas e imprevistos está hecho el fútbol. Racing venía siendo acusado de una fragilidad que se cobró la cabeza de un peso pesado: Orion. Cocca redactó otro capítulo que lo describe como un técnico que es más ofensivo en su discurso que en los hechos.

El entrenador apostó por cerrar la sangría defensiva con una línea de cinco (tres zagueros y dos laterales), un volante con pase (Aued), otro que se desdobla en recuperación y ataque (Pulpo González) y un tercero, Acuña, que lucha, juega y percute en un nivel que justifica que tanto Bauza como Sampaoli lo lleven al seleccionado. Arriba, a Lisandro López le sigue costando volver a ser el que fue (para más desgracia, salió lesionado luego de que lo chocara su compañero González) y Lautaro Martínez es más que una promesa juvenil: encaró con una pujanza que tuvo a maltraer a Maidana y Martínez Quarta.

En los papeles, el planteo de Racing fue uno de esos que reciben la consideración de mezquino, conservador, más pendiente de los espacios que de la pelota. Al ser bendecido por la victoria, ese mismo esquema pasa a ser rotulado de "inteligente". Y Racing no fue un canto al fútbol, es verdad, tan cierto como que tuvo cabeza fría y pierna firme para ejecutar el partido que pensó.

Racing esperó y cubrió bien todo el ancho del campo, pero no se metió en su área, sino que hizo una recuperación agresiva de la pelota, siempre hacia adelante, con hombres que salían decididos al corte y anticipo. Hay días en los que se conjuga todo a favor, en los que una táctica acertada es acompañada por los imponderables. Porque Racing se puso en ventaja sin necesidad de patear al arco: un despeje de Martínez Quarta rebotó en Martínez y la pelota se le metió a Batalla tras cruzar todo el arco.

Era el escenario soñado para Racing: el 1-0 a los 15 minutos reforzaba sus convicciones de equipo duro para defenderse (no perdió ningún cuerpo a cuerpo y las pelotas sueltas no lo encontraban desacomodado) y astuto para el contraataque.

River ejerció una posesión inocua en el primer tiempo. Movió la pelota sin encontrar huecos ni imponer el toque de Rojas ni las gambetas de Pity Martínez y Nacho Fernández. El desconcierto local se acentuó en el comienzo del segundo tiempo. Racing lo castigó con la pelota detenida (córner de Acuña y cabezazo de Barbieri) y con una réplica que coronó Acuña y dejó retratado una vez más con una mala salida a Batalla, cuyos errores reiterados llevaron a Gallardo a admitir por primera vez que es posible que se busque un arquero en el mercado de pases. Quizá tomó nota de que su apoyo irrestricto al juvenil se está pareciendo a una inmolación. Gallardo ya piensa en el River que viene porque este se bajó del campeonato dos paradas antes del final.

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