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Amsterdam también huele a Johan Cruyff

Martes 20 de junio de 2017
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Frente del local, santuario del futbolista
Frente del local, santuario del futbolista. Foto: LA NACION

AMSTERDAM.- Las audioguías de las embarcaciones que narran la historia de la ciudad destacan dos nombres excluyentes en el recorrido por sus canales. En una hora de paseo, en la que desfilan Van Gogh, Rembrandt, la descripción de los edificios angostos levemente inclinados hacia adelante, la elaboración de cerveza como asunto familiar y el crecimiento de siglos de una ciudad posada literalmente sobre el agua, los nombres subrayados al oído del visitante son los de Anna Frank y Johan Cruyff. En un caso, en la máxima dimensión humana posible, para que el horror del exterminio nazi jamás se olvide gracias al diario escrito por una niña de 13 años. En el otro, en un universo menor pero trascendente, para que se expanda el legado de un intérprete genial que tuvo el fútbol y que murió el 24 de marzo de 2016.

La casa donde vivió oculta Anna Frank es el museo más concurrido y de horario más extendido en Amsterdam. Cada día de la semana hay largas colas de visitantes que condensan el respeto y el homenaje para una joven que vivió más de dos años en el encierro y la oscuridad hasta que fue descubierta en septiembre de 1944. El reconocimento para Johan Cruyff, en cambio, flota por la ciudad y es tan luminoso que puede aparecer en cualquier vidriera. Por lo menos hasta que el Amsterdam Arena se denomine Johan Cruyff Arena, moción que ya fue aprobada por el ayuntamiento en abril pasado.

Cruyff y Amsterdam son dos expresiones de una misma forma de ser. La capital holandesa exhibe su vida libre, flexible y con sus singulares permisos para los actos individuales. Cruyff , en sintonía, deconstruyó el fútbol mucho antes de que esa palabra se usara para cualquier cosa. Tal vez la expresión “se juega como se vive” deba ser encapsulada para siempre en el eje Ajax-Cruyff-Amsterdam-Holanda del 74. Porque esa vez el latiguillo sí fue verdad.

En el barrio de Jordaan, a media cuadra de una de las ferias más populosas del lugar, un fanático que tiene un negocio de venta de alimentos , pone en su vidriera la butaca del viejo estadio del Ajax en la que vió jugar a Cruyff durante diez años. Su asiento era el número 58. Sobre él descansan unos botines pequeños y maltrechos, que hacen imposible creer que los pies de Cruyff hayan entrado alguna vez ahí.

No muy lejos de esa tienda se encuentra Smit-Cruyff, una casa de deportes con pisos de madera crujientes e hinchados por la humedad. Abrió en 1940 y uno de sus fundadores fue el hermano del jugador. Soportó la Segunda Guerra Mundial. Marcas como Puma y Nike eligieron esa tienda para lanzar sus primeros modelos en Holanda. Traspasada en 1998 a sus actuales propietarios

decidieron lanzar una edición limitada de 150 réplicas de la camiseta original usada por Cruyff en su debut con el Ajax en 1964. Las fotos de época convierten al lugar en un santuario del futbolista.

El mendocino Ovejero, defensor del Atlético de Madrid y víctima recurrente de la habilidad de Cruyff , transformó en su anécdota central su descripción sobre Cruyff : “ Recuerdo lo bien que olía cada vez que me pasaba…”. Ese aroma persiste en los recorridos de una ciudad que prontó tendrá un puente y un estadio con su nombre. Amsterdam también huele a Johan Cruyff.

Smit-Cruyff: detalle de la casa de deportes fundada por el hermano del jugador en 1940

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