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Esa Intercontinental que puede volver multiplicada por dos

Martes 20 de junio de 2017
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SOCHI, Rusia .- Al presidente de la Conmebol le brillan los ojos cuando escucha el nombre: Diego Maradona. "No lo conozco, no lo conozco, pero para mí sería un honor enorme charlar alguna vez con él". Alejandro Domínguez Wilson-Smith, un paraguayo de 45 años muy diferente al oscuro y soporífero Nicolás Leoz, tiene entre manos uno de los trabajos más difíciles de la dirigencia deportiva a nivel mundial: convencer a la gente de que la Conmebol en una organización confiable, moderna y sin sombra de sospecha. El nuevo logotipo de la confederación, fundada en 1916, es un buen paso, pero menor: lo que Domínguez necesita es que se sepa quiénes y cuánto robaron en las décadas oscuras del fútbol sudamericano. Y recuperar al menos parte de ese dinero. Recién entonces la Conmebol sonará a otra cosa. Dice que en eso está, pero que se necesita tiempo.

Abbondanzieri y Guillermo Barros Schelotto, con la Copa Europeo Sudamericana 2003, fue el último gran título que conquisto el fútbol argentino; ese gran partido podría volver a jugarse
Abbondanzieri y Guillermo Barros Schelotto, con la Copa Europeo Sudamericana 2003, fue el último gran título que conquisto el fútbol argentino; ese gran partido podría volver a jugarse.

Por eso, consciente de que la historia mafiosa del fútbol sudamericano lo perseguirá por un buen rato, Domínguez busca cambio y resultados en otros carriles. Quiere recuperar la relación con las grandes glorias, de ahí que homenajeara a Pelé días atrás en San Petersburgo y quiera hacer lo mismo con Maradona en breve. Quiere, claro, que una selección sudamericana vuelve a ganar el Mundial, pero como eso no depende de él, sus cañones apuntan a lo que sí puede modificar: la Copa Libertadores. Una final en 2018 en Lima o Río de Janeiro, a partido único y con toda una semana de eventos previos. Suena a Champions League, ¿no? Y hay más, aunque prefiera ser prudente: la resurrección de la Copa Intercontinental está cada vez más cerca. Y por partida doble. Ni a la UEFA del esloveno Aleksander Ceferin ni a la Conmebol les interesa seguir perdiendo el tiempo con equipos asiáticos o africanos de relativo nivel e historia inexistente en el evanescente Mundial de Clubes. Quieren volver al mano a mano. No sólo a nivel de clubes, sino de selecciones, con una gran final de campeones entre el ganador de la Copa América y el de la Eurocopa.

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