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Boy Olmi, el místico

Mucho más que actor y director, es también caminante, fotógrafo, cocinero, escritor, dibujante, viajero, esquiador, nadador, arquero e infinitas cosas más

Miércoles 21 de junio de 2017 • 20:26
Boy Olmi, el ociólogo experto de la semana
Boy Olmi, el ociólogo experto de la semana.
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"Creo que no hay tiempo libre ni preso", reflexiona Boy acerca del ocio. "El tiempo es algo abstracto, valiosísimo, precioso e inasible y, por lo tanto, suelo no diferenciarlo. Más bien, trato de encontrar la libertad en el discurrir de todos los tiempos", explica. El actor y director busca constantemente los placeres dentro de todas las cosas que hace. "Vivo consciente de la capacidad de elegir e intento hacer buenas elecciones sobre dónde y con quién estoy, qué como, qué miro. Nada da igual", declara, al tiempo que cuenta que, en la cotidianeidad, elige tener espacios para sí que no estén limitados por otras cosas. Sale a caminar todos los días con su perro y disfruta de la vida hogareña, con su hijo y su mujer. En el nido, procura rodearse de cosas para hacer: ve películas, saca fotos, escribe, dibuja, hace collages y cocina. "Para mí, la cocina es una actividad no solo recreativa, sino meditativa, relajante y bienhechora para el que la hace y para el que la recibe", argumenta.

"Estar solo o acompañado son dos formas del estar y, por lo tanto, del ser: no podría una cosa sin la otra", reflexiona el sagitariano sobre su necesidad de pasar tiempo en soledad o en compañía. Con Carola, su mujer, les encanta viajar, siempre que las variables rutinas de ambos lo permitan. Al matrimonio de actores también le gusta pasar tiempo con amigos y Boy admite que prefiere sentarse a una mesa con seis personas que estar en una fiesta con 40. Cuando le preguntamos por Carlos, se le ilumina la mirada. "Con mi hijo he encontrado la mayor posibilidad de trascendencia, que tiene que ver con trascender mi propia vida al infinito. He perdido gran parte del miedo a la muerte, porque siento que la vida continúa", confiesa, la emoción manifiesta en su voz.

La gira con la obra Casa Valentina lo tiene alejado de Buenos Aires gran parte de la semana, y Boy encontró en ese estilo de vida la oportunidad de descubrir cosas que lo entretienen y lo enriquecen. "Tengo muchísima curiosidad, porque en cada lugar que visito encuentro algo que me estimula", expresa. "Mi trabajo está absolutamente impregnado de esta actitud", dice, al tiempo que cuenta que fue registrando fotográficamente el movimiento del elenco hasta convertirse, de forma espontánea, en el biógrafo de la gira, al punto que abrió la cuenta @boydegira, donde comparte su colección.

"Mi eclecticismo hace que no sea muy disciplinado, aunque sí muy intenso", profundiza respecto de la frecuencia con la que practica la meditación. "He practicado muchísimas disciplinas diferentes que tienen que ver con la unión del trabajo físico y el espiritual, y no hay una sola cosa que haya hecho a lo largo de toda la vida", explica el actor, que ha incursionado en distintas técnicas de meditación, trabajos corporales y ejercicios de artes marciales y formas de conectar el cuerpo con el espíritu. Hoy son la caminata, la natación y el mismo teatro quienes ocupan ese lugar. La arquería, el esquí, jugar al tenis, patinar y andar a caballo son solo algunas de las actividades que lo llenan de placer porque "como tantas otras disciplinas físicas, espirituales o de la mente, te colocan en el presente", expone con naturalidad. "Si hacemos las cosas estando plenamente presentes, no hay diferencia entre estar tirando con arco y flecha y estar cocinando un puchero, porque las dos te proponen estar ahí".

Ping Pong

¿Algo que coleccionás? Junto piedras, caracoles, maderas. Todo lo que trae el mar me despierta mucha fascinación. Entonces voy juntando cosas; no sé si "colecciono", porque después tengo demasiadas piedras guardadas y las tengo que tirar. En general, todas las cosas que guardo y atesoro tienen que ver con la emoción y la estimulación que me provocan. Me pasa hasta con la ropa, que casi no me compro y, sin embargo, tengo muchísima. Siento que es un elemento tremendamente expresivo, que comunica a los demás y a mí mismo, entonces la ropa que me pongo me genera un tipo de emoción y sé que genera algo en el otro. Pero jamás se me ocurre ver "qué se usa", me da rechazo pensar que haya una manera de hacer las cosas.

¿Lo último que hacés antes de dormirte? Darle un beso a mi mujer.

¿Algo que te saca de quicio? La mala convivencia social, con los vecinos, con los habitantes de la ciudad, con la gente del país y con la gente de la Tierra. Que no podamos darnos cuenta de que estaríamos muy bien cuidándonos entre todos.

¿Una anécdota que les contarías a tus nietos? Me gustaría contarles de mis encuentros con animales. Con ballenas, con delfines, abajo del mar. Hace poco dirigí una película que me llevó a vivir en la Patagonia, en un refugio de ballenas. Dormía en una carpa, escuchando el sonido de las ballenas respirando al lado en la playa, salíamos en botes y pasaban por debajo de nosotros.

¿Algo que te gustaría aprender a hacer? Tocar la guitarra o el piano, bailar tango y hacer huevos poché.

¿Una comida para conquistarte? Mole poblano. La comida mexicana y el mole resumen muchos años de mucha cultura, mucha complejidad de especias y de alimentos que también tienen que ver con lo oriental. Viví en México un año, entonces, cuando puedo comer mole, me gusta mucho.

¿El mejor consejo que recibiste? Mi madre solía decirnos cuando éramos chicos: "Cuidá tu cuerpo" y "Date paz".

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