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Para las fuerzas iraquíes, una victoria que las enfoca en la batalla final

Estaban a 100 metros de la mezquita que hizo estallar EI en Mosul, donde siguen los violentos combates

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PARA LA NACION
Jueves 22 de junio de 2017
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MOSUL, Irak.- Tony contiene la respiración; su cuerpo no se mueve. No hay ningún ruido en la pieza vacía y destruida, hasta que Tony aprieta el gatillo y un profundo impacto resuena. A sólo 100 metros del frente en Mosul contra el grupo jihadista Estado Islámico (EI), él forma parte de un grupo de diez francotiradores de elite de las fuerzas especiales y la policía federal iraquí.

A través de un pequeño agujero en la pared de una casa, Tony y sus colegas aseguran el avance, lento, de sus camaradas del ejército que intentan recuperar la segunda ciudad de Irak, que estuvo tres años bajo el dominio de EI. Hoy sólo falta retomar el casco histórico de Mosul, pero sus calles estrechas y laberínticas son el escenario perfecto para los combates encarnizados. Dos kilómetros cuadrados donde ambos bandos libran la batalla final por la ciudad.

"Nuestras fuerzas se acercaron mucho a la Gran Mezquita Al-Nuri. Están a sólo 91 metros", dice satisfecho Tony, al mostrar en su teléfono un mapa con las informaciones tácticas del avance del ejército. La Gran Mezquita, construida en 1172, fue donde Abu Bakr al-Baghdadi declaró la fundación del califato de EI en junio de 2014, unos días después de que los jihadistas tomaron Mosul. "Mañana [por hoy] haremos una nueva ofensiva para avanzar quizás 100 metros", dice, confiado. Todavía no sabía que, horas después, los combatientes de EI harían volar por los aires el sagrado sitio para no permitir que cayera en manos de sus enemigos.

Como la Gran Mezquita, cada metro cuadrado en la entrada del casco histórico fue pulverizada. Las calles y pasajes son apenas montículos de escombros. Para llegar el edificio donde Tony se esconde con sus colegas hay que cruzar corriendo un bulevar. Nadie se atreve a caminar por las veredas y quedar expuesto a los francotiradores de EI. Se logra pasar de casa en casa a través de los agujeros que los mismos jihadistas hicieron en los muros de los hogares para moverse sin ser detectado por los aviones y helicópteros.

En el edificio todo es silencio. Los francotiradores de las fuerzas especiales miran en todas las direcciones. Su enemigo está a sólo 100 metros.

Debajo, en las calles en ruinas, caminan lentamente una larga columna de civiles que, luego de quedar atrapados en los combates durante semanas, lograron escapar con lo que tenían puesto. Quizás por miedo, saludan efusivamente a los jóvenes del ejército y agradecen por la liberación. Los soldados responden, pero miran con desconfianza, mientras tratan de identificar si entre las familias no hay jihadistas escondidos que intentan acercarse hasta sus posiciones para hacerse explotar.

A sólo diez minutos en auto, el general Abdelghani al-Assadi mira los mapas en su cuartel general, equipado con aire acondicionado para sobrellevar el pesado calor del verano iraquí. Al-Assadi es una reconocida figura en Irak: está a cargo de las tres columnas de las fuerzas especiales por Estados Unidos que sobrellevan gran parte de la lucha contra EI.

En uno de los mapas, que no permite que se fotografíe, se ve claramente la intención de sus fuerzas. Avanzar en línea recta por el medio del casco histórico, cortar el sector en dos y dividir a los jihadistas. En la línea dibujada con color azul está la Gran Mezquita, que era uno de los objetivos de sus hombres. Pero esa ofensiva no pudo ni empezar ya que EI, que preveía el avance, la hizo estallar.

"Nos impactó. Es un sitio histórico", dijo horas después Al-Assadi, al referirse a la explosión. "No es la primera vez que EI destruye este tipo de sitios. Antes lo hizo con la mezquita del profeta Jonás. Apenas nos acercamos a la Gran Mezquita, cuando estábamos a sólo metros, ellos se dieron cuenta de que no la podían defender. Pero esto no afectará nuestra moral. No sólo los vamos a echar de Mosul. Los vamos a matar. Se terminó", advirtió.

De acuerdo con cifras de las fuerzas iraquíes, quedan entre 700 y 800 jihadistas en Mosul. Rodeados, luchan hasta la muerte frente a las decenas de miles de soldados que intentan recuperar la ciudad, en un combate cuerpo a cuerpo. Nadie sospecha que la batalla será ganada por el ejército, pero tampoco quedan dudas de que toda la zona será borrada del mapa a fuerzas de misiles y bombas.

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