Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Un día de tensión e incertidumbre para los puesteros de la feria

El operativo policial desconcertó a vendedores preocupados por conseguir la apertura de las puertas

Jueves 22 de junio de 2017
0
Un día de tensión e incertidumbre para los puesteros de la feria La Salada
Un día de tensión e incertidumbre para los puesteros de la feria La Salada. Foto: DyN

Caminar la feria La Salada durante el día es muy diferente de hacerlo por las noches cuando la actividad comercial está en pleno auge. En esos momentos, y por la cantidad de gente que circula, puede ser dificultoso arrimarse a los puestos o andar por los pasillos. Pero cuando la madrugada y los clientes se van, otro panorama queda a la vista.

Basura, esqueletos de puestos que bloquean las calles, feriantes que deambulan con mercadería y vecinos que conviven con esa realidad dominan la escena diurna, mucho más alterada en días como el de ayer cuando la presencia policial y los móviles de los canales de televisión se suman a ese movimiento caótico del barrio pegado a la vera del Riachuelo.

Anoche se sentía la tensión entre los feriantes que pretendían saber si podían ingresar en el predio y abrir sus puestos, mientras algunos colectivos que suelen traer clientes desde ciudades del interior comenzaban a llegar a la zona. Pero el clima estaba enrarecido desde temprano, como ocurrió en abril de 2015 cuando fueron desalojados cerca de 8000 puestos de metal que formaban la feria La Ribera, ubicada en la vereda de Punta Mogotes, la más grande de todo el complejo y donde el detenido Jorge Castillo era hasta ayer el rey. Además, La Salada está formada por Urkupiña y Ocean, otros dos predios de venta de mercadería de procedencia dudosa, principalmente ropa.

cerrar

Los allanamientos de ayer en las oficinas de Castillo incluyeron el retiro de muchas de esas estructuras que otra vez habían sido colocadas allí. Las topadoras avanzaron y arrasaron con lo que encontraron. "Se llevaron los puestos en varios camiones, unos cuantos camiones", dijo Susana mientras caminaba hacia la puerta del predio para averiguar que podía ocurrir durante el día. "Tengo una hija discapacitada y a mí nunca me pidieron dinero. No tengo nada que decir de Castillo o de la gente que labura con él; los problemas están en otro lado", repitió la mujer, sin dar su apellido.

Los lunes, miércoles y jueves la actividad comienza temprano para preparar todo lo necesario y recibir a la clientela. Durante la tarde los feriantes llegan a la zona para reponer mercadería, limpiar y acondicionar los puestos que pueden ser de diversas dimensiones. Habitualmente a las 19 se abren todas las puertas al enorme galpón de Punta Mogotes, que cuenta con estacionamiento propio y hasta escaleras mecánicas, para que ingresen los feriantes; más tarde, cerca de la medianoche, se habilita el paso de los clientes.

La previa de ayer fue atípica y comenzó más temprano de lo habitual. "Oficial, ¿qué está pasando adentro? ¿Por qué no podemos entrar? ¿Van a abrir en algún momento?", fueron las preguntas, todas atropelladas y sin pausa, de uno de los hombres que trataban de llevar calma a sus colegas entre los que había carreros, personal de limpieza, mantenimiento, seguridad.

cerrar

"Tengo mi puesto que da a la calle, pero es mío, no es de nadie más, vendo lo que puedo. Pero sí, acá se cobran, 400 o 500 pesos por día para tener el permiso y trabajar", dijo a LA NACION una mujer que pidió no ser identificada "por miedo a las mafias que controlan el lugar".

En la vereda donde a la madrugada ofrece ropa, la mujer controlaba un asado "para festejar el campeonato de Boca" y hacer tiempo hasta la hora de la apertura. "No sabemos qué pasará. Esperamos que abra porque del movimiento de gente dependemos todos", agregó. Su puesto da a una de las calles repleta de esqueletos de alambre del que cuelgan cientos de lazos de tela, entre la feria Mogotes y Urkupiña.

Un intenso movimiento

Al anochecer, cerca de las 20, algunos feriantes lograron ingresar en el predio, pero insinuando que era tarde. "Siempre entramos antes para armar los puestos, por eso hoy (por ayer) es un día perdido para todos, los carreros y los comerciantes", se quejó Joana, feriante de La Salada. La presencia de los uniformados aumentó a medida que cayó la noche.

Los grupos especiales de la Polcía Federal ya habían roto las persianas de metal para ingresar en Punta Mogotes en busca de cajas fuertes en las que se guardaría documentación valiosa a criterio de la Justicia. Mientras tanto, la incertidumbre de los puesteros pasaba por saber si ese movimiento policial afectaría la llegada de clientes.

cerrar

Se calcula que las tres ferias (Mogotes, Urkupiña y Ocean) reciben unas 600.000 personas por noche. Los visitantes llegan desde todo el país en 400 colectivos, 250 combis y automóviles.

Todo ese movimiento genera malestar entre los vecinos del barrio. "Hace 30 años que vivo acá y es siempre lo mismo. Cuando se van los medios y la policía todo vuelve a la normalidad. Para la gente que no trabaja en La Salada es una complicación, porque no se puede caminar o andar en auto", dijo Augusto Acevedo, mientras observaba lo que pasaba a su alrededor.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas