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La trastienda argentina de Cien años de soledad

Hugo Beccacece

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PARA LA NACION
Domingo 25 de junio de 2017
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Para conmemorar el medio siglo de la publicación de Cien años de soledad, la célebre novela de Gabriel García Márquez ("Gabo" o G.G.M.), el Ateneo Grand Splendid organizó un ciclo de charlas los jueves de junio, a las 19. En la primera, moderada por Maximiliano Tomas, intervinieron José Luis de Diego, doctor en Letras, ex decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata y autor, entre otros libros, de La verdad sospechosa y Editores y editoriales en Argentina (1880-2000), y dos personalidades cuyos testimonios fueron especialmente valiosos porque trataron a García Márquez: Gloria López Llovet de Rodrigué y Ezequiel Martínez.

Gloria es la actual responsable de la editorial Edhasa y miembro de la familia fundadora de Sudamericana. En 1967, su abuelo, el catalán Antonio López Llausás resolvió lanzar Cien años de soledad después de haber sido sabiamente aconsejado por otro catalán, Francisco Porrúa, uno de los editores literarios más importantes que trabajaron en el país. Ezequiel Martínez, director de Cultura de la Biblioteca Nacional, era todavía un chico cuando conoció a García Márquez. Su padre, Tomás Eloy Martínez, estuvo unido a Gabo por una amistad que se remontaba precisamente a la aparición de Cien años de soledad.

José Luis de Diego puso en contexto la popularidad inmediata del libro de García Márquez. "Los ocho mil ejemplares de la primera edición se agotaron en menos de un mes. Los argentinos éramos muy lectores y nos empezábamos a interesar no sólo en la literatura de Europa y de nuestro país, sino también en la latinoamericana. La estética de Cien años de soledad causó sorpresa, era diferente de todo lo que en ese momento se escribía. La prosa era de vanguardia, pero respetuosa de las técnicas del melodrama."

Gloria Rodrigué contó que Francisco Porrúa ("Paco"), el editor literario de Sudamericana, estaba a la pesca de algún escritor latinoamericano y recordó que Luis Harss (Los nuestros) le había hablado de un colombiano, autor de cuatro libros muy buenos: La hojarasca, El coronel no tiene quien le escriba, Los funerales de la Mamá Grande y La mala hora. Porrúa le mandó una carta a G.G.M para proponerle la reedición de esas obras y le preguntó si, además, tenía algo nuevo. El escritor le respondió que había empezado una novela. Le mandó el primer capítulo de Cien años de soledad y Porrúa comprendió que era excepcional. Sabía que G.G.M. estaba sin dinero y le mandó un anticipo de quinientos dólares. Mercedes, la esposa del escritor, se ocupaba de convencer a los acreedores de que esperaran un tiempo, que iban a cobrar en cuanto su esposo terminara una gran obra. Cuando él lo hizo, llevó el original al correo, pero el dinero del que disponía no alcanzaba para pagar el envío a Buenos Aires. Dividió la obra en dos partes y sólo mandó una. En el apuro, despachó la segunda parte. Porrúa empezó a leer la novela desde la mitad.

La revista Primera Plana, en la que Tomás Eloy Martínez era una de las plumas más influyentes, tuvo un papel importantísimo en la divulgación del libro. Su hijo Ezequiel comentó: "A mi padre se le ocurrió que García Márquez viniera a Buenos Aires como jurado del primer premio de novela de la revista, organizado en conjunto con Sudamericana. Se le dedicó una tapa, que se haría célebre. García Márquez tuvo en Buenos Aires una estadía triunfal. Fue su único viaje a la Argentina. Ahora estamos organizando una exposición consagrada a él en la Biblioteca Nacional. Parte de esa muestra va a reconstruir aquella visita. Hay pocas fotos, porque García Márquez no era famoso y no había celulares. Sara Facio le tomó dos fotografías: una, en estudio; la otra, en la plaza Vicente López. Estará la máquina de escribir en la que él escribió la novela, además de la medalla y el diploma del premio Nobel. Traté de convencer a Mercedes de que viniera. Ella quería hacerlo con hijos y nietos; como no lograron coincidir en una fecha, desistió del viaje. En la muestra, se va a poder escuchar un disco en el que García Márquez lee una parte de Cien años de soledad. Ese disco, una rareza, fue una iniciativa de Héctor Yánover". La novela en la voz de su autor.

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