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Macron traslada su estrella a una UE que recupera la autoestima

El presidente francés participó en su primera reunión de mandatarios; el Brexit y el terrorismo dominan la agenda

Viernes 23 de junio de 2017
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LA NACION
Macron, Merkel y May charlan durante un receso de la cumbre de líderes de la UE
Macron, Merkel y May charlan durante un receso de la cumbre de líderes de la UE. Foto: AFP / Emmanuel Dunand

PARÍS.- Precedido por el prestigio de sus recientes triunfos electorales, el presidente francés, Emmanuel Macron, espera lanzar una nueva dinámica para la Unión Europea (UE) en su primera cumbre del bloque. Los 28 dirigentes de la UE se encuentran en Bruselas ayer y hoy en una reunión que todos califican de "la confianza recuperada".

"Nos reunimos en un contexto político totalmente diferente del que existía hace algunos meses, cuando las fuerzas anti-UE parecían en alza", se había felicitado el presidente del Consejo Europeo (CE), Donald Tusk, en su misiva de invitación a los 28 jefes de Estado y de gobierno de los países miembro.

En efecto, la UE, desestabilizada por el voto a favor de la salida de Gran Bretaña del bloque hace exactamente un año, consiguió no sin esfuerzos recuperar su unidad. El lanzamiento el lunes pasado de las negociaciones con el Reino Unido demostraron que los 27 son capaces de imponer su tempo a los británicos.

Esta es la primera vez que Macron recorre las salas del Justus Lipsius, el austero edificio del Consejo. Para sus homólogos, el joven presidente no solo llega aureolado de una increíble victoria presidencial, sino que, gracias a su victoria sobre Marine Le Pen, salvó al bloque de la extrema derecha. Dotándose también de una mayoría absoluta en el Parlamento, tiene mucho más poder que los demás dirigentes de la UE.

Esa admiración es la que intentará explotar el nuevo jefe de Estado para imponer su liderazgo y su agenda para una "Europa que protege". Paradojas de la historia, su ambición de reorientar la construcción europea encuentra mucho menos resistencia que cuando, en 2012, su antecesor François Hollande defendió una "Europa más social" en su primera cumbre.

Aunque deba enfrentar numerosos obstáculos -y como no sucedió con Hollande-, Macron puede contar ahora con Angela Merkel, que multiplica los signos de apertura. Esta semana, la canciller alemana incluso retomó el viejo proyecto francés de crear un ministerio de Finanzas para la eurozona.

En ese contexto de proclamada unidad y frente a la dramática sucesión de actos terroristas en varios países del bloque, la agenda que discutirán los 28 estuvo principalmente consagrada a una Unión "que protege a sus ciudadanos".

Por eso, el antiterrorismo y la lucha contra la radicalización están entre los temas prioritarios de la agenda. En particular, las plataformas en línea y su responsabilidad en la difusión de contenidos violentos.

Macron insistirá hoy para que la UE intervenga con más energía en el sector económico y social, así como en el control de los efectos nefastos de la globalización, como las prácticas de competencia desleal o el dumping social. E incluso en la lucha contra el cambio climático, que también será abordada por los 28, después del retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París.

Anoche, la primera ministra británica, Theresa May, develó en líneas generales los principios que guiarán las negociaciones de su país sobre la suerte de los ciudadanos europeos que viven en Gran Bretaña, directamente concernidos por el Brexit: aquellos que viven en el Reino Unido desde hace cinco años tendrán residencia y derecho a educación, salud pública y otros beneficios sociales, dijo.

May dejó después la reunión para que sus colegas analizaran la futura localización de las agencias europeas basadas en Londres: la Autoridad Bancaria y la Agencia de Medicamentos, que deberán dejar el territorio británico.

Macron y Merkel también deberían presentar un informe sobre la aplicación de los Acuerdos de Minsk, firmados en 2015 por Rusia y Ucrania, con el objetivo de aportar la paz al Este de ese último país. Ante la ausencia de progreso, el binomio franco-alemán debería proponer nuevas sanciones económicas a Moscú.

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