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Laura Noetinger: "Un sombrero bien hecho no pesa"

Es casi la única diseñadora de sombreros del país. Formada en Londres, logró modernizar un oficio olvidado, crea piezas únicas y, con su estilo, busca marcar tendencia

Sábado 24 de junio de 2017
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PARA LA NACION
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Laura Notinger es la milliner argentina de mayor experiencia
Laura Notinger es la milliner argentina de mayor experiencia. Foto: LA NACION / Patricio Pidal

Laura Noetinger es milliner, diseña y hace artesanalmente sombreros. Estudió en Londres, donde además tuvo la oportunidad de trabajar con el diseñador Bruce Oldfield. En 2004 fue seleccionada para exhibir una de sus creaciones en el Museo Victoria & Albert. Hoy desde su atelier en Buenos Aires, capacita a nuevas sombrereras y es una de las elegidas por la reina Máxima de Holanda.

-¿Por qué sombreros?

-Coso desde los cinco años, estudié corte y confección, siempre me gustó la costura. Viví ocho años en Londres, el país de la aguja y el hilo, así que cuando llegué me puse a hacer cursos de un montón de cosas: sastrería, bordado, diseño. Hasta que sentí que necesitaba un nuevo desafío; o me ponía a trabajar con un diseñador de moda o tenía que aprender algo nuevo. En una de las escuelas donde tomé cursos, vi unos moldes de madera, empecé a averiguar para qué eran y así descubrí los sombreros. Decidí empezar a capacitarme y así comencé.

-¿Qué diferencia encontraste con lo que habías hecho?

-Fue algo totalmente nuevo, tridimensional, escultural y más artístico; además lo estaba aprendiendo en el país del sombrero. Allí se usa todo el tiempo, hay oportunidades y la industria está más desarrollada.

Algunas de las creaciones de Notinger
Algunas de las creaciones de Notinger. Foto: LA NACION / Patricio Pidal

-Además, también trabajaste con un diseñador.

-Sí, le comenté mi inquietud a mi primera maestra y me recomendó con el diseñador inglés Bruce Oldfield. Comencé con una pasantía y a los tres meses me contrató, trabajé durante dos años con él. Yo me encargaba del terminado a mano de todos los vestidos de alta costura. Aprendí mucho, más que nada cómo era el trato con las clientas. Él trabaja con la realeza británica; hasta venían princesas árabes a verlo por el día y personalidades del jet set europeo. Fue un lindo entrenamiento. Y, al mismo tiempo que trabajaba con Oldfield, seguía aprendiendo.

-¿Cómo llegaste a exponer en el Museo Victoria & Albert?

-En el lugar donde estudiaba me ofrecieron participar del concurso de sombreros que había en el museo. Presenté el proyecto, me lo aceptaron y lo exhibieron. La pieza que hice está inspirada en la Rotunda Chandelier de cristal de Dale Chihuly, que está en la entrada del museo. Ese momento me marcó y ahí me di cuenta de que tenía que dedicarme a los sombreros.

-¿Cómo seguiste?

-Después de seis años de capacitarme, abrí mi propio estudio en Londres. Me instalé y empezaron a llegar las clientas que se pasaban el dato de boca en boca.

-¿Y de regreso empezaste con los sombreros en Buenos Aires?

-Cuando volví a la Argentina tuve que comenzar de nuevo. Me di cuenta de que las modistas de sombreros que había acá eran grandes y trabajaban distinto, con otros materiales. Fue un aprendizaje porque ya no tenía a mano lo que tenía en Londres, pero volver me abrió la cabeza. Acá estaba librada a mi suerte creativa y ese fue un desafío buenísimo.

-Pero acá no se usan tanto los sombreros y pudiste hacerte un lugar.

-Allá la gente se arregla más, es otra cultura. Yo soy de tocar puertas, no me da vergüenza, así contacté a Fabian Zitta y empecé a trabajar con él. En base a su inspiración comencé a diseñar diferentes sombreros para sus vestidos. Puedo decir que a través de él entré a la moda argentina. Bárbara Diez también me ayudó a contactar a los diseñadores con los que ella trabajaba y de a poco empecé. Hasta ese momento sombreros de diseño, con materiales distintos, no había. Hoy, trabajo con diseñadores que en general me dan libertad para crear.

-¿De qué manera trabajás?

-Todo es artesanal. Mis sombreros son piezas únicas, no repito modelos. Lo que hago es el resultado de lo que aprendí. Además, me gusta atender a mis clientas personalmente, cada una es diferente

-¿Qué les pasa a las argentinas con los sombreros?

-Tienen pudor, algunas dicen "me van a mirar", "me siento rara", "a mí no me queda bien el sombrero". Hay otras que tienen mucha personalidad y les encantan. Creo que las que dicen que no les quedan bien los sombreros es porque no encontraron el adecuado. Hay muchas formas de sombreros, hay que ver cuál le va bien a cada una de acuerdo con el físico, la cara, la piel, el pelo, la ropa y hasta el evento en el que lo quiere usar.

Fascinator de diseño con cables de colores
Fascinator de diseño con cables de colores. Foto: LA NACION / Patricio Pidal

-¿Un sombrero que favorzca?

-Hay un sombrero al que yo llamo plato, que se usa un poco inclinado sobre un lado de la cabeza, en general, ese le queda bien a casi todas.

-Además, das clases.

-Me gusta enseñar, porque una de las cosas que me pasó cuando volví a la Argentina es que no había nada de todo esto, era un nicho poco explotado. Me decidí a dar clases y de a poco se creó una nueva generación de diseñadoras de sombreros; tenemos una comunidad de sombrereras muy linda y nos ayudamos unas a otras. Esto es algo le hace muy bien a la moda argentina.

-¿Cómo te das cuenta de que un sombrero es de buena calidad?

-Cuando está bien hecho, no te pesa, te olvidás de que lo tenés puesto y si te lo sacás no te despeinas.

-¿Algún pedido extravagante?

-Una vez tuve que diseñar un tocado con luces con la palabra art para un hombre que lo quería para un evento. Para eso, tuve que llamar a un electricista para que me ayudara a hacer la conexión. Esas cosas son como un recreo para mí.

-¿Cuánto sale un sombrero?

-Depende, un tocado de novia o madrina puede salir desde 1500 pesos hasta un sombrero de 800 dólares.

-¿Qué le recomendás a las mujeres que les gustan los sombreros, pero no se animan?

-Se puede empezar a usar un sombrero como forma de protegernos del sol en verano o para abrigarnos en invierno.

-Máxima de Holanda usa tus sombreros.

-Sí, le hecho algunos. Una amiga mía, Marina Lanusse, la maquillaba. Un día me la encontré y me dijo por qué no le daba sombreros para mostrárselos a Máxima. Así que le llevó y ella no podía creer que en Argentina se hiciera este tipo de trabajo. Me encargó un tocado y le mandé otro de regalo. Veo que los usa y los repite y eso está buenísimo.

-¿Hay alguna personalidad a la que te gustaría diseñarle?

-A muchas mujeres, pero una en particular: a la actriz Dita Von Teese que usa sombreros divinos.

-¿Con qué marca u otro diseñador te gustaría trabajar?

-Me encantaría hacer sombreros para Dior o Jean Paul Gaultier. Sueño con vivir algún día en París y tal vez llegar a ellos, o a alguna de las grandes marcas. Por ahora es sólo un sueño.

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