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El regreso de Cristina herbívora

Eduardo Fidanza

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PARA LA NACION
Sábado 24 de junio de 2017

Como escribió Ernesto Tenembaum, pareciera que los argentinos no pueden vivir sin Cristina Kirchner. Su reaparición confirmó esa necesidad en la esfera mediática: el discurso en la cancha de Arsenal motivó una avalancha de comentarios y análisis, además de miles de opiniones pasionales a favor y en contra en las redes. Para tener una idea de la resonancia puede recurrirse a YouTube: hasta ayer a la tarde, el video completo de su presentación había recibido 397 mil visitas, lo que contrasta con las 67 mil entradas al discurso del Presidente el mismo día. Son hechos significativos, cuyo sentido debe desentrañarse para entender qué puede estar ocurriéndole a la sociedad. Y no sólo a la nuestra. Lula, controvertido e imputado por corrupción como Cristina, lidera en Brasil las encuestas presidenciales.

Pero no se trata sólo de la reaparición de la ex presidenta. Sino también del modo en que volvió. Para analizar el suceso es útil distinguir entre el formato del acto y el contenido del discurso. En ambos se observan novedades con respecto a la puesta en escena populista. El formato -disposición del escenario, tono de la locución, elementos que identificaron a los asistentes, recurso a las historias de vida- incorpora técnicas de comunicación que se utilizan en el mundo desde hace décadas, pero que en la Argentina introdujo Pro hace poco. Por eso, muchos intérpretes, en el oficialismo y fuera de él, consideraron que Cristina copió a Macri. Otros análisis también hablaron de copia, pero de fuentes más antiguas, como los pastores evangélicos y los líderes políticos mundiales que privilegian la emoción sobre la ideología, reemplazando razón por sentimiento como lo recomiendan los manuales de marketing.

El contenido del discurso de Cristina es, sin embargo, lo más interesante. El texto responde preguntas básicas: ¿a quiénes? ¿para qué? ¿por qué? y ¿cómo? Las respuestas permiten distinguir cuatro dimensiones: la convocatoria, los motivos, el problema y el método. Estos contenidos están sustentados por una estudiada forma de liderazgo. La convocatoria es "a todos los argentinos" que sufren; el motivo es la agresión que ellos están padeciendo por el "ajuste neoliberal"; la naturaleza del problema es económico ("No llegamos a fin de mes, los números no dan"); y el método es la resistencia, cuya cifra se expresa a través de infinitivos defensivos y propositivos: poner límites, ayudar, construir, movilizar. La actitud personal es afable, consensual, no agresiva.

Esa actitud constituye, sin duda, la clave de bóveda del discurso. Como el Perón de 1973, regresa una Cristina herbívora, que ya no salta a la yugular, que no castiga sino que comprende, que busca la unidad y no anatematiza, que oculta sus pulsiones destructivas y a su corte corrompida. Que se dispone, como uno más, a poner su cabeza y su corazón a disposición de la causa. Pero ella también está descarnada, como el General al que no nombra; el devenir la ha marcado: "Ya no soy la joven aquella que quería cambiar el mundo", conmueve a sus seguidores. El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos, como consagró Pablo Milanés.

En la mise-en-scène de Cristina no hay un abandono de los contenidos peronistas clásicos, como algunos señalaron, sino una resignificación de éstos a través de nuevos modos de expresión. "Voy a estar siempre junto a ustedes" es Evita despidiéndose; la apelación al pueblo sigue vigente y la convocatoria es policlasista. Como lo hizo Perón en 1945, y lo había escrito Saint Simon a principio del siglo XIX, el llamamiento es a defender a los productores, a los que trabajan, desde un peón hasta un empresario. Los "industriales" de Saint Simon eran explotados por el clero, los terratenientes y la nobleza; los de Cristina lo son por las grandes compañías y sus mandatarios políticos, que imponen, según ella, un ajuste brutal. Es la versión actualizada de un antagonismo milenario: los que crean riqueza versus los que se la apropian.

Cristina practica la hipocresía, pero no es un invento del marketing. Si lo fuera sería fácil neutralizarla. Aunque usa cosméticos, ella hinca el discurso en el reparto injusto de los bienes. En la falta de reciprocidad que provoca indignación y conflicto, como lo mostró el sociólogo Barrington Moore en un estudio histórico irremplazable sobre la obediencia y la rebelión. En la medida que buena parte de la población continúe experimentando falta de ingresos y de trabajo, la ex presidenta seguirá vigente, aunque sea corrupta, trabando la hoja de ruta del Gobierno.

Hoy conoceremos cuál será su futuro. El Perón herbívoro y descarnado no pudo evitar la presidencia porque la interna de su partido era feroz. Acaso Cristina tenga por delante dos salidas: una, emular al fundador, obteniendo una banca y ordenando el peronismo; la otra, dar testimonio de sus ideas y liderar a sus seguidores apartada de la coyuntura. Desde su casa o desde la cárcel.

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