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El panteón de Gardel está protegido, pero ¿quién lo cuida?

En un nuevo aniversario de su muerte, hay tensiones por quién se hace cargo del mausoleo del cantor

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LA NACION
Sábado 24 de junio de 2017
Aunque no hay cifras, se supone que, junto con la de Eva Perón, es la tumba más visitada
Aunque no hay cifras, se supone que, junto con la de Eva Perón, es la tumba más visitada. Foto: LA NACION / Fernando Massobrio
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"Nosotros ya cumplimos. Ahora que se haga cargo totalmente el Estado." Así, sin vueltas ni artilugios, el titular del Centro de Estudios Gardelianos (CEG), Enrique Espina Rawson, comunicará en los próximos días a las autoridades la decisión de deslindarse de la responsabilidad de la custodia del mausoleo del mítico Carlos Gardel, de cuya trágica muerte se cumplen hoy 82 años.

El CEG bregó durante décadas por el cuidado del mausoleo, que se construyó hace 80 años en el cementerio de la Chacarita; en 2006 logró su reconocimiento -por decreto presidencial- como "sepulcro histórico nacional" y dos años más tarde le fue delegada la conservación, mantenimiento, cuidado y limpieza de la sepultura por una resolución de ministerio de Ambiente y espacio público porteño.

"Gracias al aporte de una cámara empresaria en 2008 pusimos en valor el mausoleo y con ayuda del gobierno porteño el año pasado se volvieron a hacer tareas de mantenimiento luego de detectarse problemas de humedad a raíz de las fuertes tormentas", explica Espina Rawson a LA NACION.

En una visita al panteón días pasados el periodista y autor de Disparen contra Gardel, entre otros libros, constató nuevos descascarmientos de la pintura en el interior de la bóveda. "Esta tumba requiere mantenimiento constante porque está bajo tierra y la humedad trabaja permanentemente. Acá no hay nada eterno", dijo quizá influenciado por las placas colocadas por la madre y otros familiares del cantor de tango de mayor fama en el mundo, en las que declaran dolor y pesar eterno por su repentino final.

Ubicado en el cruce de las calles 33 y 6 del Cementerio, el mausoleo de Gardel que conserva sus restos y los de su madre, Berta Gardes fallecida en 1943, no es fácil de encontrar para quien llega en un horario donde no hay empleados a la vista. No hay señalética ni información alguna. Se distingue por una escultura del cantante, de pie y con su sonrisa (¿eterna?), y por la constante presencia de algún fan argentino o extranjero. Si bien nadie lleva registro de las visitas que recibe se dice que sólo sería comparable con la cantidad de visitantes a la tumba de Eva Perón, en Recoleta. De hecho, los entierros de Evita y de Gardel figuran entre los más multitudinarios de la historia argentina.

Al ser trasladados desde Colombia, tras el accidente fatal de la avioneta en la que debía despegar del aeropuerto de Medellín, los restos de Gardel permanecieron dos años en el panteón de los artistas, en Chacarita y, desde noviembre de 1937 descansan en su actual ubicación.

Circuito gardeliano

Espina Rawson llevará también un proyecto al ministro de Cultura porteño, Angel Malher; al de Espacio público, Eduardo Machiavelli, y a la titular de la Comisión nacional de monumentos, lugares y bienes históricos, Teresa Anchorena: el de crear un organismo integrado por representantes de las áreas de cultura, turismo y espacios públicos que diseñe y gestione un circuito gardeliano. "Se podría integrar en una misma propuesta las visitas a la Casa Museo de Carlos Gardel (sobre cuya reapertura informó LA NACION hace diez días) el panteón y los lugares que frecuentó", sintetizó Espina Rawson, quien rehusó hablar sobre los reiterados contratiempos que debió afrontar en los últimos años a raíz del acceso al panteón. Se limitó sólo a informar que hizo "varias denuncias" por la rotura de la cerradura de acceso a la bóveda de cantante. "Estimo que sería gente que llevaría grupos de fans y les cobrarían por visitar el interior de la tumba", supuso.

Consultada por LA NACION, Teresa Anchorena contó que la comisión que preside es la responsable última del panteón dado que es un monumento nacional y que las llaves del mismo deberían estar en manos del director del cementerio y del ministro de Espacio público. "La organización de las visitas entiendo que deberían ser organizadas por el mismo cementerio. Desde la comisión de monumentos podemos opinar sobre el estado de la tumba y chequear que esté en buenas condiciones y, si hay algún problema buscar solucionarlo", dijo.

De esa comisión dependen 168 tumbas que han sido declaradas en distintas épocas y lugares sepulcros históricos nacionales. "En la mayoría de los casos son los familiares los que se ocupan de su cuidado cotidiano, pero este es un caso excepcional no sólo porque no hay familiares, sino porque se trata de un ídolo popular."

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