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Los gatos, grandes compañeros para las clases de yoga

La moda nació en los Estados Unidos y es furor; cariñosos y juguetones, los felinos transmiten una sensación de relax y compañía a la gente

Sábado 24 de junio de 2017
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The New York Times
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Meow Parlour, en la zona baja de Manhattan
Meow Parlour, en la zona baja de Manhattan. Foto: NYT

NUEVA YORK.- Maúllan como si lloraran. Tiran del cabello de algunas mujeres peinadas con cola de caballo. Corretean con urgencia por toda la sala en busca de cosas que no podemos ver.

Y aun así, los gatos son una presencia extrañamente relajante durante las clases de yoga. "El yoga es sobre todo, estar en el momento, y los gatos están en el momento «todo el tiempo»", dijo Amy Apgar, una de las dos instructoras de yoga de Meow Parlour, un refugio para gatos y cafetería de la zona baja de Manhattan que, al igual que un número creciente de sitios, ofrece clases de yoga con gatos.

Las sesiones de yoga en parte son sólo para diversión, pero también atraen a gente nueva que muchas veces se acerca porque quiere adoptar una mascota (los gatos en el lugar generalmente están disponibles para adopción).

Otras clases inspiradas en animales incluyen yoga con perros, con cabras y con conejos. Pero el yoga con gatos ha ganado seguidores; pocos, pero de culto.

Meow Parlour, que cobra seis dólares la admisión de media hora a la cafetería y entre 20 y 22 dólares la clase de yoga, generalmente busca espacios para acomodar solicitudes de turistas que quieren programar una clase durante su visita a la ciudad de Nueva York.

Good Mews, un refugio de gatos de Marietta, Georgia, tiene 511 metros cuadrados y aproximadamente 100 gatos. Ahí es muy común que la gente regrese varias veces a las clases de yoga mensuales. Nancy Riley es coordinadora voluntaria de mercadotecnia en el refugio. "Los gatos aparecen como de manera instantánea en las colchonetas de yoga", señaló.

Es cierto. Al menos 40 gatos se pasean durante las clases de yoga, detalla Riley, mientras que otros se sientan en puntos altos y observan. "A veces, uno elige a una persona en particular y se queda con ella durante toda la clase", dijo. "Y otros son tan sociables que se van a conocer a todos los estudiantes", precisa.

Durante la savasana, la pose final de descanso, "al menos la mitad de la gente tendrá un gato dormido en el pecho; es la cosa más dulce de ver y experimentar", mencionó Riley.

Anna Ginzburg, quien tiene 28 años y trabaja en finanzas, tomó hace poco una clase en Meow Parlour. Aunque los más o menos doce gatos no se mostraron particularmente cariñosos la noche en que ella fue, uno de ellos, un macho de nueve kilos llamado Freddie Mercury, se hizo notar porque sus maullidos eran tan fuertes que no dejaban oír las instrucciones de la maestra. La instructora tuvo que contener la risa.

"Es un gran alivio para el estrés- aseguró Ginzburg-. Quiero seguir viniendo".

Eso sí, a los participantes de las clases de yoga se les advierte que no traigan sus propios tapetes, porque probablemente saldrán con daños producidos por las uñas felinas.

"Ninguna clase es igual -opinó Emilie Legrand, copropietaria de Meow Parlour-. Depende del grupo de gatos y de la hora del día".

Las clases de la tarde suelen ser más relajadas porque los gatos están un poco adormilados y simplemente observan, mientras que en las de la noche, cuando los gatos están anticipando la cena, tienden a ser bastante más juguetones.

En KitTea Cat Café, en San Francisco, la clase "Cats on Mats" (gatos en colchonetas) se realiza todos los miércoles a la noche y cuesta 30 dólares por persona. Generalmente hay al menos una docena de gatos, pero solo hay espacio para ocho yoguis.

"Nuestros instructores siempre incorporan la bobería e imprevisibilidad de los gatos", dice Courtney Hatt, de 31 años, quien fundó KitTea, donde se sirven tés, waffles belgas, wraps y otros alimentos. "Por ejemplo, a veces un gato usa el arenero y aquí se lo deja", subraya.

Cafeterías similares con gatos han brotado por varias partes del mundo desde hace unos dos años; por lo general separan el espacio de juego de estos animales del área de comida, por motivos de salubridad.

El énfasis tiende a estar menos en la comida y más en fomentar buenos momentos para la gente que necesita una dosis gatuna. La participación de los gatos en las clases de yoga varía ampliamente. "De hecho hemos tenido gatitos que se han estirado junto con la gente -explicó Hatt-. Probablemente de forma no intencional. Pero todos ellos realizan muy bien la posición del perro boca abajo". Legrand, de Meow Parlour, dice que el grupo rotativo de gatos refresca la experiencia. "Es divertido cuando tenemos algunos gatos nuevos, y se nota que es su primera clase de yoga, porque son muy curiosos -dijo-, las colchonetas de yoga son como imanes para ellos".

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