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"Que la muerte de mi hijo no sea en vano, no era un malandra"

El padre del joven asesinado anteayer por la Guardia Nacional contó que Maduro lo conocía

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PARA LA NACION
Sábado 24 de junio de 2017
El padre del joven asesinado, en Venezuela
El padre del joven asesinado, en Venezuela. Foto: Captura
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CARACAS.- "Por favor, Nicolás, que la muerte de mi hijo no quede en vano, está en tus manos dejar que esto quede claro. No era un malandra [delincuente]: era un estudiante graduado. Era mi único hijo." La realidad y su propio pasado atropellaron a Nicolás Maduro en las últimas horas. Rodeado de periodistas en la morgue caraqueña, el padre de David Vallenilla, asesinado anteayer por un efectivo militar frente a la base aérea de La Carlota, le exigió al presidente que hiciera justicia con un antiguo compañero, su supervisor en el subte de Caracas.

Palabra a palabra, sin odio pero rezumando emoción, David José Vallenilla ("tu jefe", le espetó a Maduro), le recordó al presidente la identidad de la última familia golpeada por la represión de los agentes gubernamentales. "Amigo, yo te digo amigo porque te respeto. Eras una persona muy centrada, está en tus manos que esto quede claro", dijo Vallenilla.

Para que no quedase ninguna duda, Vallenilla corrigió a su antiguo subordinado: "Nicolás, claro que hubo una agresión directa contra David, al que conociste de chico en Plaza Venezuela. Por favor, yo no quiero decir que se haga justicia porque esa palabra ya está demasiado dicha. Pero yo quiero que esto no quede así". El gobierno, en boca del comandante Néstor Reverol, ministro de Interior, justificó el asesinato del joven ante "el asedio que sufría" la base militar.

El padre relató cómo su hijo cursaba una diplomatura en el área quirúrgica mientras trabajaba en una clínica a punto de graduarse. Su primer sueldo de 30.000 bolívares (3,6 dólares en el mercado negro), que hoy solo permite desayunar 12 días en la capital, lo llenó de indignación. Tanto que por fin había vencido la resistencia del joven, que se negaba a formar parte de la estampida que huye de Venezuela en busca del futuro perdido en su país.

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Familiares y amigos velaron su cuerpo anoche en Caracas. Sobre su ataúd, la toga, la medalla y el birrete que iba a usar en su graduación. Y mucha sorpresa: sus padres desconocían que el enfermero aprovechaba los tiempos libres que le dejaban sus estudios y trabajo para participar activamente en las marchas de protesta. Incluso en abril sufrió la fractura de un pie, lesión que explicó por una caída al huir de una manifestación con la que se topó.

Causalmente la penúltima víctima mortal, Fabián Urbina, también fue herido en un brazo durante la represión del 19 de abril en Caracas, día en el que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) consiguió reunir a más de medio millón de personas. El religioso que presidió el velatorio destacó las luchas que el joven "llevaba por el país".

La indignación no golpeó por igual a toda la familia del chico. Milagros Luis, la madre de David, dijo compungida a los periodistas: "Me daba tristeza ver cómo un guardia nacional empuña su arma contra un ser indefenso, pero lo perdono". La mujer mantenía profundas diferencias con su hijo. "Mi ideología era distinta de la de él", confesó.

Los acontecimientos de esta semana en Caracas, más las investigaciones de la Fiscalía General de la República, pulverizaron la propaganda gubernamental, tal y como se constató el lunes pasado, cuando tres sargentos de la Guardia Nacional dispararon sus pistolas contra el grupo de jóvenes que los enfrentaba. Uno de sus balazos segó la vida de Urbina, estudiante de marketing y publicidad, de 17 años.

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Para sorpresa de los presentes en la conferencia de prensa de anteayer, Maduro informó que había ordenado una investigación para saber si hay conspiración detrás de ese asesinato. "¿Será que alguien preparó ese escenario?", se preguntó el presidente venezolano.

Las últimas cinco víctimas de la represión son jóvenes estudiantes que luchaban para cambiar el destino trágico de su país. Además de Vallenilla y Urbina, a José Pérez, estudiante de Educación Física en Táchira, estado fronterizo con Colombia donde los grupos revolucionarios actúan con impunidad, dos enmascarados en moto le dispararon cuando protestaba a las puertas de su universidad por la falta de gas.

A Luis Enrique Vera (20), miembro del Movimiento Estudiantil en Maracaibo, lo arrolló un camión mientras trababan el tráfico frente a la universidad, donde estudiaba Arquitectura y Administración. Y Nelson Arévalo (22), estudiante de derecho, recibió un impacto en la cara cuando la Guardia Nacional empezó a reprimir una protesta en Barquisimeto.

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