Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Boca, varios equipos para un mismo campeón

LA NACION
SEGUIR
Diego Latorre
Domingo 25 de junio de 2017

Boca campeón. Esperable, lógico, en el contexto de un campeonato devaluado desde su organización y conformación, plagado de despropósitos que complican el análisis. Pero también Boca campeón por merecimiento. Por haber sabido encontrar una alta dosis de eficacia sin ser un equipo maravilloso; por haber tenido el temperamento suficiente para aguantar la adversidad pese a no haber dejado más que un puñado de partidos en el recuerdo; por haber mostrado carácter para apretar el acelerador cuando casi nadie esperaba que pudiera exponer su mejor versión.

Un equipo suele ir encontrándose a medida que se desarrolla un torneo. En la competencia aparecen un montón de dificultades en el camino: lesiones, altos y bajos rendimientos, decisiones técnicas... Esto es lo normal. Que tu máxima figura se vaya en el medio del camino ya no lo es tanto.

La marcha de Carlos Tevez en diciembre modificó de manera sustancial el juego de Boca. Su ausencia alteró de manera significativa el circuito de fútbol ofensivo del equipo, pero también -y aunque pueda sonar extraño- influyó en la relación del conjunto con la recuperación de la pelota. Y se me ocurre que este fue el eje que conecta a todos "los Bocas" que vimos durante el torneo.

En la primera mitad, la presencia de Tevez "autorizó" al equipo a jugar con un volante central como Gago. La exposición defensiva en ese período fue menor a partir de la posesión y el dominio. No era un conjunto confiable en la marca, pero podía neutralizar sus déficits en la cobertura de espacios gracias a su funcionamiento ofensivo. Sabía que podía recibir algún gol, pero también era consciente de que su talento y su capacidad para resolver las acciones de ataque le bastaban para ganar. Así encadenó una serie de victorias que le permitió terminar 2016 con una holgura que parecía indescontable.

Pero Tevez se fue, el panorama cambió, y a Boca le costó demasiado tiempo reencontrar la compostura. Más allá de los matices, Guillermo Barros Schelotto tiene las ideas firmes. La tenencia de la pelota, la vocación de ataque, el protagonismo, el dominio, los tres delanteros configuran su esencia. También el tipo de volante central que prefiere. Prioriza aquel que tenga buen manejo sobre otro más posicional, más analítico del juego del rival. Pero los equipos también son orden, solvencia defensiva y recuperación para tener frescura.

Y en ese punto, Guillermo demoró en exceso la búsqueda de soluciones ante la evidencia de la vulnerabilidad del equipo, de la falta de elaboración (en el segundo semestre Gago y Pablo Pérez, fundamentales en ese aspecto, casi nunca jugaron bien de manera simultánea) y de funcionamiento colectivo.

Durante varios partidos Boca se sostuvo a base de jugadas aisladas, de ráfagas de Centurión o Pavón, y sobre todo gracias a los goles de Benedetto, un chico que superó todos los prejuicios hasta convertirse en el mejor 9 de Boca desde los tiempos de Martín Palermo. Benedetto no hizo cualquier gol, marcó aquellos que fueron determinantes para abrir y ganar partidos, y lo hizo porque tiene amplitud de repertorio: sangre fría frente al arquero, imaginación para definir, sabiduría para tirarse atrás y conectar con los compañeros, y además le pega bien a la pelota.

En esta nota:
Te puede interesar