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Las mil caras de un Mundial que recupera la historia del siglo XX

LA NACION
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Sebastián Fest
Domingo 25 de junio de 2017
La Plaza Roja de Moscú
La Plaza Roja de Moscú. Foto: LA NACION / Aníbal Greco
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MOSCÚ .- A diferencia de Brasil, sede del Mundial anterior, la bandera rusa no necesita proponerse el orden y el progreso como objetivo. El orden se sobreentiende y el progreso se observa si se compara con la Rusia de hace algunos años.

"¡Caballero! ¿Sabe usted que está volando a Rusia?". Amable, pero concreto, el encargado del check-in en el mostrador de Aeroflot en París fue claro: esos detalles que pueden parecer menores -que la visa venza un día antes de la salida del vuelo de regreso, por ejemplo-, son, en Rusia, asunto serio. A ese país llegará el Mundial de fútbol el año próximo.

De la guía (ver aparte) se deduce que la seguridad será una obsesión durante el Mundial, pero la Federación Rusa es mucho más que el Mundial y su seguridad. Integrada por 21 repúblicas y un total de 83 entes federales y federados, el país más grande del mundo ocupa el 11 por ciento de la tierra firme del planeta. Puede decirse entonces que ya era hora de que el Mundial pasara por allí, aun cuando las señales que emita la selección rusa no sean las mejores de cara al desafío que implica ser anfitriona.

Le vaya como le vaya a la "Sbornaja" el año próximo, aquellos que se atrevan a la aventura rusa descubirán un país de asombrosas diferencias. Desde la báltica San Petersburgo a la caucásica Sochi, pasando por la tan severa (aunque no siempre) Moscú y la casi dulce Kazán (pocas personas tan amables como las de la capital tártara), las 11 ciudades en las que se jugará el Mundial mostrarán un mosaico de costumbres, religiones, climas y paisajes dificilmente igualables por otro país. Y la historia, claro, la historia de Rusia, que como eje de la ya extinta Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) marcó a fuego el siglo XX. Esa historia sigue ahí, basta con recorrer el asombroso Parque Isskustv, continuidad del maravilloso Parque Gorki, para encontrársela: bustos de Marx, muchos de Lenin, alguno de Brezhnev, muy pocos de Stalin y un conmovedor monumento a las víctimas del totalitarismo soviético. Un parque en el que los rusos decidieron acomodar todas los símbolos de un pasado que ya no es presente, pero que sigue marcándolos en muchos órdenes de la vida. Ir al Mundial también será eso: ver y sentir, de primera mano, una parte importantísimo de la historia reciente.

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