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El legendario "Príncipe Oscuro" de la CIA vuelve a la acción

Los halcones de la Casa Blanca impusieron como jefe de operaciones en Teherán a Michael D'Andrea, supervisor de la caza de Osama ben Laden

Lunes 26 de junio de 2017
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El País
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WASHINGTON.- Es el hombre sin rostro. No se conoce una foto suya ni tampoco su edad. Se sabe que siempre viste de negro, es musulmán y encadena un cigarrillo tras otro. El legendario agente Michael D'Andrea, más conocido en los servicios de inteligencia como el "Príncipe Oscuro", es el nuevo centinela de la CIA en Irán. Duro entre los duros, su nombramiento como jefe de operaciones de la agencia en el país de los ayatollahs supone un triunfo de los halcones de la Casa Blanca y presagia una próxima escalada de tensión. En su historial figuran los despiadados interrogatorios del 11-S, la supervisión de la caza de Osama ben Laden y el letal desarrollo de la guerra con drones. Pocos agentes de la CIA son más odiados entre los islamistas.

Irán y Estados Unidos viven días de perplejidad. El presidente Donald Trump nunca ha dejado de fustigar a Teherán. Antes de llegar a la Casa Blanca lo consideró un financiador del terrorismo internacional y calificó el acuerdo nuclear cerrado en 2015 con Barack Obama como el "peor de la historia". Una vez en el poder, sorprendió al mundo respetando el pacto, pero mantuvo su inveterada afición a agitar el polvorín.

A Irán le dedica sus peores exabruptos. Incluso cuando hay sangre de por medio. Así ocurrió el 7 de junio, el día en que Estado Islámico (EI) sembró el pánico en Teherán. Ante los 13 muertos, la Casa Blanca sentenció: "Los Estados que patrocinan el terrorismo se arriesgan a convertirse en víctimas del mal que promueven".

La puñalada mostraba los vientos que corren en Washington, donde los halcones antiiraníes son cada vez más poderosos. Liderados por el consejero de Seguridad Nacional, Herbert R. McMaster, y el director de la CIA, Mike Pompeo, este sector ha aceptado prolongar la vida del pacto nuclear, pero ha desplegado las alas ahí donde puede. El signo más evidente ha sido entronizar al "Príncipe Oscuro", un símbolo de la América más salvaje. Siempre en la sombra, su trayectoria en la CIA es conocida por los relatos de ex agentes y directivos a la prensa.

En 1979 se enroló en la CIA, recibió entrenamiento en Virginia y sus primeras misiones tuvieron como destino la convulsa África de los años ochenta. Dotado de una inagotable capacidad de trabajo e implacable en el cumplimiento de las órdenes, fue ascendiendo hasta ocupar la jefatura de Bagdad en tiempos de guerra. En sus recorridos por Oriente, se casó con una musulmana y se convirtió al islam. No es practicante, pero quienes lo han tratado aseguran que posee un altísimo conocimiento del mundo islámico hasta el punto de que entre los suyos lo llaman ayatollah Mike.

El primer momento estelar le llegó, ya curtido, tras los atentados del 11-S. Su participación en las torturas y los interrogatorios que jalonaron la respuesta estadounidense al horror terrorista abrieron la puerta a innumerables arrestos. En los calabozos del miedo, el "Príncipe Oscuro" forjó su leyenda. Sus éxitos en aquellos días convulsos lo auparon en 2006 hasta la dirección del Centro de Contraterrorismo de la CIA. Desde ahí se volvió un látigo universal.

En febrero de 2008 coordinó con el Mossad el golpe que acabó en Damasco con el jefe de inteligencia de Hezbollah, Imad Mugniya, apodado "el Hombre Invisible". Una bomba en su coche hizo saltar por los aires al supuesto cerebro, entre otros, del ataque en 1983 al cuartel de los marines y la embajada de Estados Unidos en Beirut, de los atentados contra la embajada de Israel y la AMIA en Buenos Aires, y de la tortura y ejecución del jefe de la CIA en el Líbano.

Un éxito en términos de la CIA que pronto quedaría empañado por uno de sus mayores fracasos. En 2009 creyó haber descubierto la vía para liquidar a Osama ben Laden. Un médico jordano le había prometido a la CIA acceso al líder de Al-Qaeda, y él, obnubilado, lo dejó entrar en el cuartel de Khost (Afganistán). Una vez adentro, el supuesto confidente saltó por los aires y se llevó consigo a siete agentes.

La terrible imprudencia no afectó su carrera. Por el contrario, en esa misma época el "Príncipe Oscuro" demostró que los métodos tradicionales le quedaban cortos y ganó nuevas cuotas de poder. En sus manos, el programa de drones despegó como nunca antes. De tres ataques al año en Paquistán se pasó a 117. No importaron mucho el reguero de sangre inocente que dejó tras de sí esta escalada ni los errores cometidos, incluyendo la muerte de cautivos occidentales. D'Andrea, aunque dejó en 2015 el Centro de Contrainteligencia, siguió su carrera e incluso fue inmortalizado en la película La noche más oscura (Zero Dark Thirty) como "el Lobo", el jefe de a CIA que coordinó la caza de Ben Laden.

Ahora ha vuelto al primer plano. Irán es el nudo de todos los conflictos de Medio Oriente y nadie duda de que su elección para dirigir la operaciones de la CIA marca una nueva era.

© El País SL

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