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A Racing lo desvela la Libertadores, pero mientras tanto se puede permitir celebrar

Lunes 26 de junio de 2017
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Marcos Acuña festeja el primer tanto de la Academia, que todavía no tiene resuelta su clasificación a la Copa
Marcos Acuña festeja el primer tanto de la Academia, que todavía no tiene resuelta su clasificación a la Copa. Foto: Fernando Massobrio

1 Banfield

3 Racing

Mientras espera que mañana alguno de sus competidores pierda puntos para asegurarse la clasificación a la Copa Libertadores 2018, Racing igual se puede permitir festejar. Y la verdad es que tiene motivos: desde la llegada de Diego Cocca se reconstruyó como un equipo para ser respetado. Aun no logró el pasaje al certamen continental, pero en un semestre tan accidentado como el que pasó (la lesión de Lisandro López, también la de Bou, el viaje al Mundial Sub 20 de Lautaro Martínez y la salida conflictiva de Agustín Orion), pudo salir adelante. El cierre del torneo no le pudo haber resultado mejor: tres éxitos en fila, dos a domicilio, ante los dos equipos que más acecharon a Boca: River y Banfield.

Se vivió como una final en el Sur. Y lo era: estaba en juego buena parte del pasaje a la Copa Libertadores 2018. Los fuegos artificiales para recibir al local, el público de Banfield en estado de efervescencia por la campaña del Taladro, una clasificación en juego, todos condimentos que le pusieron más calor a una extraña noche primaveral de junio. La chispa que faltaba la agregó Fernando Rapallini, de muy mal arbitraje. Sólo en el primer tiempo hubo cuatro amarillas, pero pudieron haber sido más. El árbitro también anuló un gol local por un dudoso foul de Sperduti y cobró un offside que no era para Racing, ya que la cabeza que había mandado la pelota al fondo de la red del arco de Hilario Navarro fue la de un defensor de Banfield. En la primera mitad hubo más tumultos para reclamar fallos que jugadas de peligro.

A Julio César Falcioni no lo calmaba ni todo el cariño que recibió del público local: se fue expulsado, desencajado, después de ponerse cara a cara con el cuarto árbitro Diego Ceballos y con el primer asistente Ariel Scime.

Lo mismo se vivía dentro del campo de juego: a los 34 minutos, luego de que Remedi le dejara el codo en la cara a Marcos Acuña, hasta los jueces de línea se sumaron a la ronda de indignados que se armó en la mitad de la cancha. De fútbol, poquito.

En las últimas 72 horas, el entrenador de Racing, Diego Cocca, deseó que el cerebro humano tuviera compartimientos. Mientras preparaba una final como la de anoche -que recién se conoció su día y horario el viernes a las 18-, debía supervisar los refuerzos para el partido del jueves por la Copa Sudamericana y los regresos de Ricardo Noir y de Brian Fernández, que volvieron de sus prestamos para reincorporarse al plantel el viernes y el sábado respectivamente.

El técnico de la Academia pensó que la llave de este partido podía estar en las jugadas de pelota parada. Durante el primer tiempo recurrió a la artillería de variantes y, claro, a la zurda de Acuña. Insinuó, pero no lastimó. El primer gol de Racing fue una buena síntesis del semestre del conjunto de Avellaneda: una gran corrida de un juvenil (Cuadra, en este caso) coronada por Acuña, con una caricia al segundo palo. Los pibes de Racing le dieron vida al equipo, que aprovechó toda la jerarquía del ex jugador de Ferro.

El gol cambió el partido. El Taladro estuvo obligado a tomar la iniciativa y el visitante se replegó contra el arco de Gómez, que tapó dos veces en el área chica pero no pudo en la tercera ante Cvitanich. A los 15 minutos del segundo tiempo, otra vez las cosas estaban iguales. Y ahí apareció otra vez la suerte, una aliada de Cocca en el banco de Racing: Pillud se encontró con la pelota en el borde del área y la clavó en el segundo palo de Navarro. Fue un mazazo para Banfield, que quedó debilitado.

La Academia no repitió el error. Esta vez no se replegó. Y entendió que debía liquidar rápido el partido: un contraataque comandado por Martínez y Zaracho terminó con la buena resolución de González.

Desde que Cocca apostó por la línea de cinco en el fondo, para visitar a River en el Monumental, sumó los nueve puntos en juego. Maquilló los errores defensivos que se devoraron nada menos que a Agustín Orion. Y siguió cosechando los frutos del desequilibrio de Martínez y Acuña, que hicieron olvidar la ausencia de Lisandro López para estos partidos finales.

Ahora Racing deberá esperar al martes, a que Estudiantes o Independiente o San Lorenzo pierdan puntos para cumplir con el objetivo que se puso el plantel en el verano: clasificarse para la Copa Libertadores 2018, la que sería la tercera participación en cuatro años. Para eso tuvo que transformarse en uno de los mejores equipos del 2017: sumó 34 puntos de los 48 en disputa en este semestre. Y la prueba de fuego la dio ayer, en una final, en una cancha donde esta temporada sólo había ganado el campeón Boca. Un muy buen final para la Academia.

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