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Ahora es la política la que debe transitar hacia la paz

Miércoles 28 de junio de 2017
El País
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BOGOTÁ.- Colombia cerró ayer un ciclo de más de medio siglo marcado por la violencia de las FARC. Los cerca de 7000 combatientes de la primera guerrilla del país culminaron la entrega de armas y comienzan ahora la fase final de su reincorporación a la sociedad. Pero este proceso no basta para alcanzar una paz completa. Hace diez días, una bomba mató a tres mujeres en Bogotá, hay grupos insurgentes que siguen secuestrando y las mafias de narcotraficantes declararon en mayo la guerra a la policía al verse acorraladas por las fuerzas de seguridad.

El camino recorrido en Colombia desde la firma de los acuerdos entre el gobierno y las FARC, el año pasado, no tiene precedente. La guerra con esa organización terminó. "No es lo mismo tener una guerrilla armada que una guerrilla que dejó las armas. Entonces, yo creo que lo que logramos es una permanencia de esta situación posconflicto, y eso me parece notorio. El sentido de lo histórico es que se logra la plena irreversibilidad [del conflicto]", explicó Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac).

Sin embargo, la violencia persiste. Las fuerzas de seguridad detuvieron el sábado a ocho sospechosos del ataque a un centro comercial de Bogotá hace diez días. "Según las evidencias, pertenecerían al Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP)", señaló la fiscalía. Se trata de un grupo insurgente menor que, según las autoridades, tuvo vínculos con células del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Esta guerrilla, la más relevante todavía activa, se sentó en febrero con el gobierno a una mesa de diálogo en Quito (Ecuador) para tratar de negociar un cese del fuego. Sus dirigentes condenaron, al igual que las FARC, el atentado del centro comercial, pero su estructura horizontal y caótica complica las conversaciones.

La realidad, también, es que el ELN todavía no dejó la práctica del secuestro, lo que se convirtió en la razón de máxima fricción con el equipo negociador del gobierno.

A estas circunstancias se suma la violencia de grupos armados que viven del narcotráfico.

Con todo, es evidente que la Colombia contemporánea es muy diferente de la del pasado. "El mensaje es que el terrorismo no paga y que el terrorismo será castigado por la justicia, castigado por las autoridades", afirmó el presidente, Juan Manuel Santos.

Pero hay un clima de elevada polarización y muchos sectores siguen rechazando los acuerdos con las FARC. Precisamente, los ex presidentes Álvaro Uribe y Andrés Pastrana impulsaron la semana pasada una "gran coalición" para las elecciones de 2018, "entre los distintos sectores que obtuvieron la victoria del no en el plebiscito".

Y es en este contexto que el papa Francisco viaja a Colombia en septiembre con una meta: la reconciliación.

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