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Las cifras extraordinariamente altas de pobreza y desempleo en la Argentina

Orlando J. Ferreres

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PARA LA NACION
Miércoles 28 de junio de 2017 • 01:41
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En este momento de 2017 tenemos una pobreza de 32 % del total de la población y un nivel de desempleo de 9,2 % de la población activa. Son cifras extraordinariamente altas que hemos heredado del gobierno anterior y que son difíciles de revertir.

¿Por qué estas cifras tan altas de la situación social? Como todos saben, la expropiación del ahorro en 1990 y, especialmente, en 2002 generaron una desesperada fuga del sistema económico de la Argentina, donde sólo quedó el dinero que se usaba para transacciones. Lo que excedía de ese límite se iba enviando por diferentes fuentes a cuentas externas fuera del país. En otras palabras, sólo quedó en los bancos de la Argentina el saldo monetario mínimo que permitía que operaran las empresas y las familias.

No había financiamiento para inversiones, salvo las que teníamos en cartera o que se requerían para desarrollar algún producto relevante con buena rentabilidad. Por ese motivo no hubo inversiones clave durante muchos años. Naturalmente, con la demanda de bienes de consumo muy incentivada por el no pago a precios internacionales de los productos de empresas controladas o reguladas por el Estado, todo el dinero bancario se utilizó para consumir y no para ahorrar.

"Hay una pobreza de 32% y un desempleo de 9,2% de la población activa, herencia del gobierno K"

Ello llevó progresivamente al desabastecimiento de productos energéticos, de transporte, de agua, y de los demás productos controlados por el Estado. Además, impusieron enormes retenciones a los productos del agro, que fueron un drama nacional, pues abarataban mucho el consumo de estos bienes y liberaban dinero para productos que la gente valuaba como de mayor interés: productos electrónicos, eléctricos y otros de este tipo.

Llegó un momento en que habíamos llegado a una importación de gas de casi U$S 15.000 millones por año, una cifra nunca vista en nuestro país, que normalmente era exportador esos productos. Esto fue lo que hizo fracasar al modelo de Cristina Kirchner, quien pudo llegar al 10 de diciembre de 2015 con todo tipo de artimañas, incluso vendiendo dólares futuros, que no tenía, a precios irrisorios.

¿Qué pasó entonces? Es importante darse cuenta de que Cristina no tenía mayormente conciencia de los temas económicos y de que se enteraba de los problemas cuando ya era tarde para retroceder. Se encontró en ese periodo sin reservas y apeló a todo tipo de operaciones financieras para llegar al 10 de diciembre de 2015. Realmente fue un desastre de tal tamaño que, incluso, no entregó el poder a Mauricio Macri, quien era su sucesor. Tal fue la falta de confianza, que asumió a las 0 horas de aquel día, interinamente, el Presidente Provisional del Senado hasta que se pudiera establecer fehacientemente la eliminación de los poderes de Cristina.

Como estas historias hay muchas más, que no se repitieron con la nueva gestión, así que el clima de confianza mejoró mucho con la nueva administración.

No vamos a hacer un listado de todas las medidas adoptadas por la nueva administración, pero sí podemos decir que Cristina dejó un problema fundamental en el sector fiscal, con un gran aumento de los empleados públicos nacionales, provinciales y municipales, gran incremento del número de planes, que se distribuyeron por millones, y con un fuerte incremento de las jubilaciones, de todo tipo. Llevará mucho tiempo arreglar estos problemas.

Ahora estamos con 9,2 % de desempleo y con 32 % de pobreza y esos números son de características estructurales, difíciles de mover. Para hacerlo debería crecer mucho el producto, lo cual es muy difícil de lograr.

Vamos a tener que concentrarnos en el mantenimiento alto de estas cifras y ver de qué manera se puede ir bajándolas de a poco en un contexto de largo plazo. Macri ha dicho que su objetivo de gobierno es bajar la pobreza hasta eliminarla completamente, o que la misma sea irrelevante. Esto va a llevar mucho tiempo. Por eso quería acelerar las inversiones externas en el país en el sector real, pero ese proceso va a requerir tiempo también: la inversión real es la cuarta fase de la inversión cuando se pone de nuevo en marcha un país. La primera es la inversión bursátil, en acciones, para lo cual el inversor no tiene que pedir permiso. La segunda es la inversión en bonos nacionales y provinciales, que está llegando a sus máximos. La tercera fase de la inversión es la de fusiones y adquisiciones de empresas en marcha, fase que se está iniciando ahora. Recién después podemos esperar la fase de inversión masiva real, la que va a tardar un tiempo más.

En otras palabras, tanto el desempleo como la pobreza van a quedarse por un tiempo largo y tenemos que aprender a convivir con ellos. Cuanto menos tiempo tarden en bajar a cifras manejables esas variables, será mejor para todos los argentinos.

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