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1926-2017 Elvio Baldinelli: Sinónimo del comercio exterior

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PARA LA NACION
Jueves 29 de junio de 2017
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Elvio Baldinelli -o Elvio a secas- fue considerado, dentro y fuera del país, uno de los principales referentes del comercio exterior argentino. Junto con personalidades como Leopoldo Tettamanti, Néstor Stancanelli, Alberto Fraguío y Jesús Sabra, entre otras, formó parte del grupo de especialistas que durante muchos años y en distintas etapas gubernamentales, tuvieron una marcada incidencia en el desarrollo del comercio exterior del país. En diferentes momentos desempeñaron roles fundamentales. Y además, contribuyeron a formar gente. Hicieron escuela. Por ello, supieron ser sinónimos de comercio exterior argentino.

Era difícil opinar sobre la situación, evolución y perspectivas del comercio exterior argentino -incluyendo la de sus negociaciones comerciales en foros internacionales y con otros países, especialmente los más relevantes en el frente externo del país- sin recurrir a la amplia experiencia que Baldinelli acumulara a través de su larga trayectoria. Es que ésta estuvo siempre, de una manera u otra vinculada con las cuestiones más relevantes de cómo operar la conexión de la economía argentina con los mercados externos a través del intercambio de bienes y de servicios. Por eso fue considerado y respetado como un referente nacional en la materia.

Su visión fue siempre amplia. Combinaba las perspectivas del corto con las del largo plazo; las de las políticas públicas con las de los actores de los intercambios comerciales del país; y, al negociar, la visión de lo que al país le convenía obtener con la de aquello que razonablemente podía lograr.

No era un teórico ni tenía enfoques dogmáticos. Tenía valores y principios. Eran sólidos. Pero su aproximación a resolver problemas y lograr los objetivos, era bien práctica. Siempre imaginaba agendas positivas. En su contribución a los formuladores de políticas públicas que incidían en el comercio exterior o en su asesoramiento a quienes operaban en realidades concretas y, por ende, corrían riesgos, sabía que no siempre iba a ser infalible. También podía equivocarse. Y lo reconocía.

Conciliar lo nacional con lo internacional, tanto en el plano global como muy en particular, en el regional latinoamericano, fue para Elvio algo tan relevante como lo fuera también para el Polo, Néstor, Alberto y Jesús, y para muchos otros. Ninguno fue latinoamericanista romántico. Tenían los pies en la tierra. Soñaban. Pero sobre todo pensaban y actuaban racionalmente. Quizá podríamos decir que lo hacían como conviene que lo haga siempre quien se dedica al comercio exterior de cualquier país y a la construcción de espacios de cooperación internacional y de integración regional.

A Elvio debemos reconocerle lo que nos enseñó. Lo extrañaremos.

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