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Abrir las cabezas y buscar nuevas fórmulas

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 29 de junio de 2017
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El rugby profesional no da respiro. La enorme mayoría de los jugadores del mismo grupo que durante los tres últimos sábados tuvo el orgullo de calzarse la camiseta del seleccionado nacional en los tests de la ventana de junio, mañana mismo tendrá el compromiso de ponerse los colores de la franquicia de la Unión Argentina de Rugby para encarar la fría última etapa del Súper Rugby. Otra vez a Buenos Aires, después de viajar por San Juan, Santa Fe y Jujuy (a propósito: maravillosa federalización del rugby) y antes de partir inmediatamente a Australia para otros dos partidos en los que, como suele decirse, sólo estará en juego el honor, pues la posibilidad de entrar en los playoffs quedó abortada allá lejos, cuando se produjo el primer pase del año de Jaguares a Pumas.

Este panorama, que ya se sabía en los papeles pero que cuando se comienza a transitar empieza a mostrar los imprevistos y demás inconvenientes, no variará hasta que no se genere la ahora imperiosa ampliación de la base de jugadores locales. Los resultados, que ponen límites en el deporte profesional, comenzaron a resquebrajar lo que hasta aquí parecía inmaculado: el sistema.

Ocurre que la realidad empezó a pedir cambios. No tanto de nombres; tampoco del sistema de juego propiamente dicho: está más que claro que para ganarles a las potencias hay que arriesgar, si ese es el título que se le quiere poner a la propuesta. Hay un cuello de botella producto del camino que se eligió y que ahora, para evitar riesgos mayores -incluso peores-, requiere de buscar otros caminos, sin que eso signifique derrumbar o tirar para atrás lo hecho hasta aquí. Ideas nuevas. No es tan difícil.

Como ocurre con el deporte profesional, al cual el rugby argentino no está acostumbrado simplemente porque tiene una realidad que es amateur salvo el mínimo porcentaje de estructura rentada, los malos resultados de Jaguares y Pumas en sus distintas competencias profesionales trajeron los rumores de cambios de entrenadores. Rumores que provienen desde el mismo poder, como suele suceder en estos casos. Eso podría llegar a modificar -o no- algún que otro punto del juego, pero lo que se necesita es mucho más amplio, y a eso era lo que se refería como "el sistema" la nota publicada en este mismo espacio dos semanas atrás, antes del segundo test con los ingleses correspondiente a la ventana de junio. Una serie que arrojó sendas derrotas con Inglaterra y una victoria sobre Georgia.

El sistema no es el juego. En rigor, es la forma en que se ha encarado llevar al rugby argentino no sólo a jugar profesionalmente, sino a formar parte de un negocio que gira fundamentalmente por fuera de la cancha. Hay que repensar todos los días por dónde ir, ahora con una premisa: no asfixiar al seleccionado nacional, como está ocurriendo. Haber puesto a los Jaguares por encima o en el mismo estante de los Pumas -aunque se diga que se hizo lo contrario- ha sido un error mayúsculo. Se está a tiempo de cambiarlo.

Daniel Hourcade, coach de los Pumas, dice en el reportaje publicado en estas páginas que está buscando nuevas fórmulas. Él, en su momento, rompió el sistema; con pasión y coraje, valores propios del rugby argentino. Lo que ha hecho y hace merece un profundo respeto. Llegó el momento de encontrar nuevas vueltas de tuercas. De abrir las cabezas y, otra vez, de animarse a salir del sistema.

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