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Para la guardia costera, un desafío extremo

En lo que va del año, los rescatistas italianos salvaron a más de 65.000 migrantes en el Mediterráneo

Jueves 29 de junio de 2017
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LA NACION
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Miles de migrantes se lanzan cada día al Mediterráneo en embarcaciones precarias
Miles de migrantes se lanzan cada día al Mediterráneo en embarcaciones precarias. Foto: Guardia Costera

ROMA (De nuestra corresponsal).- El destino de miles de desesperados que deciden arriesgar sus vidas y se aventuran en el mar Mediterráneo con barcazas destartaladas en dirección a Europa se decide a más de 1000 kilómetros de allí. Aunque pocos lo saben, es en el comando central de la guardia costera (GC) italiana, en el barrio del EUR de esta capital, donde se coordinan los rescates de los cientos de miles de migrantes, la mayoría africanos, que llegan a las costas del sur de Italia, al escapar de guerras, miseria y hambre.

En lo que va del año, la GC salvó a más de 65.000 personas, entre ellas muchas mujeres y chicos, una cifra récord. Y en 25 años rescató a un millón de seres humanos. "Lo que está sucediendo no es normal. Se trata de un fenómeno de época, de grandes números y, lamentablemente, de grandes tragedias. Italia sola no puede. El mundo no entiende la gravedad de lo que está ocurriendo, y seguirá pasando", advierte el almirante Vincenzo Melone, comandante general de la GC.

La denominada "sala operativa" del comando central de la GC, que por primera vez en sus 152 años de historia abrió sus puertas a periodistas de la Asociación de la Prensa Extranjera, es el corazón del sistema de rescate puesto a punto por Italia, admirado por muchos. Allí es donde funciona el "cerebro" de lo que va a ser la solución más rápida de los naufragios que se dan en el Mediterráneo.

"Lo que hacemos desde Roma son los planes para que quienes operan en el mar lo hagan de la forma más eficaz y más eficiente. Para dar una idea, siempre suelo dar el ejemplo del director de orquesta, que tiene muchos instrumentos, pero es él el que los hace sonar en el modo correcto", explica el comandante Filippo Marini, jefe de relaciones externas de la GC italiana.

Para llevar a cabo un salvataje, en efecto, no siempre se activa una de las 600 unidades navales que tiene esta fuerza. Gracias a sistemas de última tecnología, la GC identifica cuáles son las embarcaciones que están más cerca de la emergencia -que pueden ser barcos mercantiles o de ONG humanitarias- y decide a quién ordenar acercarse para el rescate.

En el mar, de hecho, la prioridad es salvar vidas y todas las embarcaciones están obligadas a seguir las indicaciones de la GC. "No sólo es un deber humanitario, sino una obligación jurídica", explican.

En la sala de sistemas, junto a la sala operativa, inmensas pantallas muestran qué pasa en el mar. Sistemas de monitoreo de tráfico naval que representan verdaderos "ojos" -uno radial, otro satelital y otro basado en radares- muestran, a través de puntitos de colores, quiénes están navegando y con qué rumbo.

Otra pantalla, también por medio de colores, muestra la altura de las olas. El bordó que hay junto a la costa tunecina, que indica olas de dos metros y medio, sugiere que ése no será un día de mucho trabajo. Pocos gomones se atreverán a zarpar con ese mar.

Zona de influencia

La GC tiene a su cargo casi medio Mediterráneo: no solamente los 500.000 km2 de mar que rodean las costas italianas, sino también los 630.000 km2 que deberían estar en la órbita de Libia y Túnez, dos países desde los que salen las barcazas repletas de inmigrantes, en viajes organizados por traficantes de seres humanos.

"Esa zona de mar es como un agujero negro, sin autoridades reconocidas para socorrer", se lamenta Marini.

El trabajo arranca con un SOS, casi siempre por un avistamiento desde otro barco o por una llamada SOS al número de teléfono de emergencia de la GC -1530- desde un teléfono satelital de alguien presente en la embarcación a punto de naufragar.

"Los traficantes suelen darles a los migrantes un teléfono con nuestro número porque saben que nuestra tarea es salvar vidas", cuenta el comandante Cosimo Nicastro.

"A veces piden ayuda en inglés; otras, en otro idioma, y aquí tenemos intérpretes. Una vez identificadas la latitud y longitud de la emergencia, coordinamos el rescate", agrega.

Las imágenes de los salvatajes, algunos filmados con las camaritas GoPro de los mismos rescatistas, con manos en alto de personas a punto de ahogarse, en su pedido de ayuda, son escalofriantes. "Siempre se crea empatía entre el rescatista y el rescatado", dice Melone, que detalla que la mayoría de los desesperados, provenientes de países del centro de África, no saben nadar.

"Yo estoy orgulloso de ser el jefe de esta organización. Pero hace falta un esfuerzo mucho mayor, no sólo de Europa, sino de muchos más países", señala Melone.

"La solución es fácil: hay que intervenir, con inversiones, en los países de origen de los migrantes. Si se escapan de sus tierras y arriesgan sus vidas en el mar es porque allí tienen una situación desesperada. Es allí donde hay que trabajar, y hacerlo a largo plazo", agrega.

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