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Compatibilizar vida pública y privada, el desafío para las mujeres

Jueves 29 de junio de 2017
PARA LA NACION
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Las relaciones de género permean los diversos ámbitos institucionales por los que transitamos. Esos roles también se evidencian a la hora de elegir una carrera universitaria. Las representaciones y los imaginarios construidos en torno del acceso a la universidad por parte de las mujeres y lo que implica ser profesional orientan las acciones de los sujetos. Históricamente el ingreso en la universidad implicó para las mujeres la salida a la vida pública y la asunción de roles por fuera de la maternidad y del matrimonio.

La elección de algunas carreras por sobre otras responde a una tendencia que no es actual, sino que se remonta a finales del siglo XIX. Las primeras mujeres graduadas en la Universidad de Buenos Aires (UBA) fueron médicas (en 1889 Cecilia Grierson recibe el título de doctora en Medicina), y esta orientación de la matrícula femenina hacia las ciencias de la salud y las humanidades hoy no ha cambiado.

Un hito importante en el proceso de inserción de las mujeres en la vida universitaria fue la creación, en 1896, de la Facultad de Filosofía y Letras, donde se permitió a las maestras normales matricularse con el único requisito de su título. La salida laboral docente era pensada como una manera de trascender la vida hogareña sin ser "mal vista" públicamente; de allí que muchas mujeres hayan optado por la docencia como profesión.

En cuanto a las carreras de medicina, las especializaciones con mayor presencia femenina eran aquellas orientadas al cuidado de otros considerados "más vulnerables", tales como la obstetricia o la pediatría.

En cuanto a la elección por parte de la mayoría de las mujeres de la carrera de abogacía, desde la fundación de la Facultad de Derecho -como Departamento de Jurisprudencia, en 1821- hasta las primeras egresadas (Celia Tapias y María Laura López Saavedra) transcurrió casi un siglo.

La Facultad de Derecho representaba, en el ideario de esa época, un espacio exclusivo e inclusivo solamente para hombres, ya que allí se formaba la elite política del país y el título de abogado era la llave de ingreso para ocupar los cargos públicos. En este contexto político-social, las mujeres no tenían lugar.

Actualmente, según los datos censales de la UBA, abogacía es una de las carreras más elegidas por las mujeres y la facultad es una de las cuatro -junto con las de Psicología, Filosofía y Letras, y Farmacia y Bioquímica-, del total de 14 que componen la universidad, donde la decana es una mujer, la primera elegida en la historia de nuestra institución.

Sin embargo, las carreras más elegidas por las mujeres se concentran en las facultades de Odontología y de Psicología, donde la matrícula femenina alcanza el 80% del total de estudiantes, en ambos casos.

Si bien a partir de 1940 existen algunas variaciones en cuanto a la elección de las carreras universitarias seguidas por las mujeres, el peso de las disciplinas asociadas a la instrucción o el cuidado de la salud de niños y mujeres o la escasa inclinación que han tenido hacia carreras como Ingeniería siguen teniendo cierta preponderancia en la elección de las orientaciones profesionales.

La primera mujer egresada de la Facultad de Ingeniería fue Elisa Bachoffen. En 1918 se convirtió en la primera mujer en América latina con título de ingeniera.

En consonancia con la perspectiva maternalista del feminismo de la época, se abogaba por la presencia de las mujeres en la universidad, pero esto no debía ir en detrimento de la dedicación al hogar y a la familia.

A modo de anécdota podemos mencionar que esta doble dedicación se observa en los trabajos de la ingeniera Bachoffen, en los que propone que las mujeres estudien mecánica para saber arreglar los electrodomésticos del hogar.

El desafío no es sólo la graduación, sino la inserción laboral. No es casual que los ámbitos de desarrollo profesional elegidos mayoritariamente por mujeres sean los espacios más devaluados dentro de los campos profesionales. Tampoco podemos perder de vista la brecha salarial entre hombres y mujeres, sobre todo en áreas como las ingenierías.

Podríamos pensar que la inserción laboral de las carreras más elegidas por las mujeres son aquellas que permiten cierta flexibilidad en el manejo del tiempo que permite compaginar vida profesional y privada. Esto se debe a que aún hoy persiste cierta desigualdad en la división del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos.

La universidad puede aportar a la ruptura de ciertos estereotipos y a trabajar en pos de una ciudadanía más justa. La presencia de las mujeres en la comunidad académica como ciudadanas plenas es una manera de contribuir a una mayor igualdad dentro de la sociedad.

La autora es secretaria académica de la Universidad de Buenos Aires (UBA)

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